Textos tomados del Misalito «Sobre tu Palabra» enero-febrero de 2024
5.º domingo del Tiempo Ordinario (B)
1.ª sem. salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro de Job (Jb 7,1-4.6-7)
Job tomó la palabra y dijo: «¿Acaso no cumple el hombre un duro servicio sobre la tierra y sus días no son como los de un jornalero? Como el esclavo suspira por la sombra y el jornalero espera su salario, así me han tocado meses de desilusión y me han asignado noches de aflicción. Si me acuesto, digo: “¿Cuándo me levantaré?”. La noche se hace larga y estoy cansado de dar vueltas hasta el alba. Mis días corren más veloces que una lanzadera, se desvanecen sin un hilo de esperanza. Recuerda que mi vida es un soplo: mis ojos no volverán a ver el bien». - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Esta declaración de Job es dramática: no ve ninguna esperanza de curación; más aún, declara amargamente que sus días corren «sin un hilo de esperanza». Es el grito del hombre que no sabe el porqué de las cosas y, sobre todo, no comprende el misterio del sufrimiento. En tiempos recientes y en nuestra literatura italiana, Giacomo Leopardi retoma este grito y se rebela contra una naturaleza «madrastra», contra un destino ciego, preguntándose qué sentido puede tener esta vida que transcurre entre un dolor y otro y luego termina en la nada. Don Divo Barsotti comenta que estas lamentaciones contra el destino en Leopardi y en Job son profundamente religiosas, en el sentido de que la dramática ausencia de Dios postula más bien su presencia. En algún lugar debe existir la respuesta a todo esto… El grito de estos poetas puede resumirse en la frase: «Oh Dios, ¿dónde estás?». La respuesta la dio el mismo Dios con la muerte en cruz, cuando, cargando sobre sí todo el dolor humano, dio al sufrimiento la dimensión de la salvación eterna, porque lo dio todo por amor y perdonando a los hombres pecadores.
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1 Co 9,16-19.22-23)
Hermanos, anunciar el Evangelio no es para mí un motivo de orgullo, sino una necesidad que se me impone: ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si lo hago por iniciativa propia, tengo derecho a la recompensa; pero si no lo hago por iniciativa propia, es un encargo que me ha sido confiado. ¿Cuál es, pues, mi recompensa? Anunciar gratuitamente el Evangelio, sin hacer uso del derecho que me confiere el Evangelio. En efecto, siendo libre de todos, me hice esclavo de todos para ganar al mayor número posible. Me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles; me hice todo para todos, para salvar a algunos a cualquier precio. Y todo lo hago por el Evangelio, para participar yo también de él. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Estas pocas líneas constituyen la «carta magna» de toda evangelización. Llevar el anuncio de la salvación no es una de las actividades de la Iglesia, sino una exigencia. Los hombres necesitan saber que hay un único Salvador para todos, y este es Jesús, Dios encarnado, muerto y resucitado para abrirnos el reino de los cielos y dar sentido a nuestra vida. Y como la Iglesia somos nosotros, este pasaje nos concierne a todos. Chesterton escribe: «Un mensajero no fantasea sobre lo que pueda ser el mensaje ni discute sobre lo que debería ser; lo entrega tal como es. No una teoría o una fantasía, sino un hecho». Así, todos somos mensajeros de algo que nos supera, que nos trasciende. Todos los pecados de los hombres y sus errores no oscurecen la fuerza del mensaje que llevamos, y el anuncio es uno solo: Dios vino al mundo, se dio a conocer, se entrega a nosotros para hacernos partícipes de la vida eterna, que es amor, alegría y paz en el Espíritu Santo. El sentido último de la Iglesia en el mundo es precisamente mantener viva la realidad de la liberación del mal proclamando el nombre de Jesús, único Salvador.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Marcos (Mc 1,29-39)
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue enseguida a la casa de Simón y Andrés, acompañado por Santiago y Juan. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre y enseguida le hablaron de ella. Él se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar; se le pasó la fiebre y ella se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados. Toda la ciudad estaba reunida delante de la puerta. Curó a muchos enfermos de diversas dolencias y expulsó a muchos demonios; pero no dejaba hablar a los demonios, porque lo conocían. Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, salió y se retiró a un lugar desierto; allí oraba. Simón y sus compañeros fueron en su busca. Al encontrarlo, le dijeron: «¡Todos te buscan!». Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para que también allí predique; para esto he venido». Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios. - Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
En pocas líneas se describe la jornada «típica» de la primera evangelización de Jesús. Los elementos son: enseñanza en la sinagoga, curación de los enfermos de sus dolencias físicas, liberación de los poseídos de la presencia del demonio y oración personal en soledad. Permanecer solos en oración significa hablar con Dios Padre, llenarse de él, de su consuelo, recibir aliento de su fuerza y de su amor. Después se actúa en el corazón de los hombres (enseñanza) y se les convence con los dones extraordinarios de las curaciones corporales. Todo ello acompañado por la imprescindible limpieza de las almas, expulsando a los demonios, que son inquilinos abusivos e indeseados. Estas cosas deben hacerlas también hoy los sacerdotes y, en general, los cristianos. No nos echemos atrás diciendo que no somos capaces de expulsar demonios, hacer milagros, enseñar a la gente o rezar en soledad… Jesús no quiere de nosotros esta timidez injustificada, porque no somos nosotros quienes actuamos, sino el Espíritu Santo que él nos ha dado en abundancia. El único límite a su acción es nuestra poca fe. Los santos hacían todas estas cosas y eran hombres como nosotros, frágiles y limitados, pero enamorados de Cristo.


