Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” julio-agosto de 2021
14.º domingo del tiempo ordinario (B)
2.ª sem. salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Ezequiel (Ez 2,2-5)
En aquellos días, un espíritu entró en mí, me hizo ponerme de pie y escuché al que me hablaba. Me dijo: «Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a una raza de rebeldes que se han rebelado contra mí. Ellos y sus padres se han sublevado contra mí hasta el día de hoy. Aquellos a quienes te envío son hijos obstinados y de corazón endurecido. Tú les dirás: “Esto dice el Señor Dios”. Escuchen o no escuchen -pues son una raza de rebeldes-, sabrán al menos que hay un profeta en medio de ellos». Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Las palabras de Ezequiel son hoy muy duras. Parecen dirigidas a esos rostros endurecidos de sus contemporáneos y, por tanto, no referirse a nosotros: parece solo un relato. Sin embargo, la palabra de Dios es actual siempre, no tiene tiempo. Esa raza de rebeldes somos también nosotros hoy. Ezequiel también me habla a mí, obstinado y de corazón endurecido, rebelde que no escucha. Estas palabras que Dios me dirige me asustan. ¿No veo en qué soy obstinado y duro de corazón, o tengo miedo de verlo? No puedo salir del paso culpando solo a la sociedad y a los demás, porque yo soy la sociedad, yo soy los demás. Las expresiones de esta lectura también nos dicen que, en el presente, como en el pasado, hay profetas. Hombres con sus fragilidades como todos los demás, pero encargados por Dios de una misión inmensa, contracorriente. Cuando hay paz, nos recuerdan nuestra filiación con Dios; en los momentos de desaliento, son la esperanza.
SEGUNDA LECTURA
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2 Cor 12,7-10)
Hermanos, para que no me engría, se me ha dado una espina en la carne, un enviado de Satanás que me abofetea, para que no me engría. Por esto, tres veces le he pedido al Señor que la aparte de mí. Pero él me ha dicho: «Te basta mi gracia; la fuerza, en efecto, se manifiesta plenamente en la debilidad». Por tanto, muy gustosamente me gloriaré de mis debilidades, para que habite en mí la fuerza de Cristo. Por eso me complazco en las debilidades, los ultrajes, las dificultades, las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo: pues cuando soy débil, entonces soy fuerte. Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Cada uno tiene sus pruebas, a veces tan difíciles que parecen insoportables. La gracia y el poder de Dios se manifiestan plenamente en nuestra debilidad. Cuando nos sentimos impotentes, abrumados por los acontecimientos y las dificultades, sin soluciones y sin esperanza, Dios nos dice que confiemos, que no tengamos miedo, porque solo en la total impotencia nos despojamos de esa parte de nosotros mismos que quiere dominar los acontecimientos, para abandonarnos totalmente a él. Cuando estamos en dificultades y angustias, es allí donde nos hacemos fuertes, porque Cristo actúa. Solo lo tenemos a él, y a nadie más. Todo ídolo inútil ha sido eliminado; todas, absolutamente todas, las falsas seguridades han rodado por las montañas de la soberbia. A veces, solo en el colmo de la angustia se encuentra verdaderamente a Cristo.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Marcos (Mc 6,1-6)
En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra y sus discípulos lo siguieron. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga. Muchos, al escucharlo, se asombraban y decían: «¿De dónde le vienen estas cosas? ¿Qué sabiduría es esa que se le ha dado? ¿Y esos prodigios realizados por sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? Y sus hermanas, ¿no viven aquí entre nosotros?». Y se escandalizaban a causa de él. Jesús les decía: «Un profeta no es despreciado más que en su patria, entre sus parientes y en su casa». Y no pudo hacer allí ningún milagro, solo curó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe. Jesús recorría los pueblos de alrededor enseñando. Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Jesús enseña en la sinagoga de la comunidad de Nazaret, la ciudad donde creció. Procede de una familia normal, su trabajo es un oficio común en aquella época... Entonces, ¿por qué pretende, en nombre de Dios, cambiar la vida de sus conciudadanos y su corazón? Para los nazarenos, Jesús no tiene absolutamente nada que lo distinga de ellos; por eso es motivo de escándalo y es rechazado. Pero ¿en qué consiste el escándalo? Los suyos admiten que las cosas realizadas y dichas por Jesús no tienen un origen humano, que la sabiduría viene de lo alto y que los prodigios realizados por sus manos proceden de un lugar desconocido. Su incredulidad se debe a que la palabra decisiva y la acción liberadora de Dios estén estrechamente vinculadas a un hombre de quien lo saben todo. Es el escándalo de la Palabra hecha carne. Los habitantes de Nazaret, pero también los hombres de nuestro tiempo, buscan grandes signos en el cielo o en la tierra, pero no son capaces de captar los sencillos signos cotidianos y darles un significado. En cambio, es necesario captar cada día, con sabiduría, la silenciosa presencia de Dios, sin soberbia, sin querer dictar nosotros sus leyes. Solo abriendo el corazón nos daremos cuenta de todo lo que Dios realiza en nuestra vida cotidiana; a menudo estamos tan ocupados quejándonos que no nos damos cuenta y seguimos pidiendo signos que no son adecuados ni útiles para nosotros.

