liturgia della domenica 5 maggio 2024

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del domingo: 5 de mayo de 2024

Jesús habla a los apóstoles

Textos extraídos del Misalito «Sobre tu Palabra» mayo-junio de 2024

6.º domingo de Pascua (B)
2.ª semana del salterio.


PRIMERA LECTURA

De los Hechos de los Apóstoles (Hch 10,25-26.34-35.44-48)
Sucedió que, cuando Pedro estaba a punto de entrar [en la casa de Cornelio], este salió a su encuentro y se postró a sus pies para rendirle homenaje. Pero Pedro lo levantó, diciendo: «Levántate: yo también soy un hombre». Luego tomó la palabra y dijo: «En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta a quien lo teme y practica la justicia, sea cual sea la nación a la que pertenezca». Pedro aún estaba diciendo estas cosas, cuando el Espíritu Santo descendió sobre todos los que escuchaban la Palabra. Y los fieles circuncisos que habían venido con Pedro se quedaron asombrados de que también sobre los paganos se derramara el don del Espíritu Santo; pues los oían hablar en otras lenguas y glorificar a Dios. Entonces Pedro dijo: «¿Se puede impedir que sean bautizados con agua estos que han recibido, como nosotros, el Espíritu Santo?». Y ordenó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Después le rogaron que se quedara algunos días. – Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

Pedro es enviado por Dios a la casa de un extranjero no circuncidado, Cornelio, un centurión temeroso de Dios. En aquella casa de paganos, el Apóstol predica a Cristo crucificado y resucitado y el perdón de los pecados a todo el que cree en él. Y sucede que, mientras Pedro habla, el Espíritu Santo se derrama sobre Cornelio y sus familiares, que son bautizados inmediatamente en el nombre de Jesucristo. Nunca había ocurrido algo semejante. Pedro toma conciencia de la acción divina y de esta experiencia sale más libre de sí mismo y más unido a Dios y a los demás. La acción evangelizadora de la Iglesia no puede ni debe ser un obstáculo para la obra creadora de Dios; por eso, a cada uno de nosotros se nos pide que procuremos favorecer el encuentro de los corazones con el Señor. Conviene preguntarnos de vez en cuando cómo nos comportamos con nuestros hermanos, especialmente con quienes no son cristianos: ¿somos un obstáculo para el encuentro con Dios o lo facilitamos? ¿Sentimos la necesidad de anunciar a todos a Jesucristo crucificado y resucitado? Dejémonos sorprender por las sorpresas de Dios, convirtiéndonos cada vez más en instrumentos de su creatividad en el Espíritu.


SEGUNDA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Juan (1 Jn 4,7-10)
Queridos hermanos, amémonos unos a otros, porque el amor procede de Dios: todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor de Dios entre nosotros: Dios envió al mundo a su Hijo unigénito, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo como víctima de expiación por nuestros pecados. – Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

«El amor procede de Dios», escribe san Juan, que es lo mismo que decir «Dios es amor». La acción esencial de Dios es el amor y su amor precede a cualquier otro amor: Dios siempre nos ama primero y este amor suyo es real, se ha hecho visible; más aún, se ha hecho carne en el Hijo Jesús. Al comentar la primera carta del apóstol san Juan, san Agustín afirma: «Si no se hubiera escrito nada más en alabanza del amor en el resto de la carta, o mejor dicho, en el resto de la Escritura, y nosotros hubiéramos escuchado de boca del Espíritu de Dios solo aquella declaración “Dios es amor”, no deberíamos buscar nada más». En la encarnación del Verbo se hace visible lo que Dios siempre es, era y será, pero hay algo más: quien ama revela que ha sido amado por Dios y que ha sido engendrado por él. Quien es amado, a su vez ama: el amor de Dios encarnado en Jesús debe encarnarse también en los discípulos llamados a abrirse a nuevos horizontes, los de los hermanos. Decir que «Dios es amor» no es en absoluto una definición, sino el anuncio de que podemos experimentar a Dios como amor, ¡siempre!


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Juan (Jn 15,9-17)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Como el Padre me amó, así también yo os he amado. Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría sea plena. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, sino que yo os he elegido a vosotros y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Esto os mando: que os améis unos a otros». – Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

La gran verdad que ilumina nuestra vida es que Dios nos ama, y esto llena de sentido cada aspecto de nuestra existencia, desde el principio hasta el final. No somos fruto del azar, sino que procedemos de un proyecto divino de amor. Desde siempre Dios nos ha pensado y por eso nos ha creado y redimido en Cristo, destinándonos a una eternidad dichosa con él. Así adquiere pleno significado la invitación a «permanecer», es decir, a vivir arraigados en él. El acto de creer no puede reducirse a aceptar algunas verdades; al contrario, la fe pide amor, es decir, una relación íntima y personal con Cristo. Como fruto de permanecer arraigados en el amor de Cristo, recibimos una alegría profunda que siempre será posible incluso en los momentos más difíciles de nuestra vida, porque estamos unidos a aquel que es la fuente de la alegría y de la felicidad que el corazón desea. Qué consuelo sentir que Jesús nos llama amigos. El siervo es quien no sabe, mientras que el amigo está unido a quien lo ama por un conocimiento profundo, por conocer y penetrar íntimamente en su alma. Ser amigos del Señor no significa vivir una fe intimista, sino tomarnos en serio, en la vida cotidiana, la vida en Cristo en la que nos introdujo el Bautismo.


Suscripción al Misalito
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Liturgia del domingo: 5 de mayo de 2024

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