Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” marzo-abril de 2023
2.º domingo de Cuaresma (A)
2.ª semana del salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del Génesis (Gn 12,1-4a)
En aquellos días, el Señor dijo a Abrán: «Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, hacia la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una gran nación y te bendeciré, engrandeceré tu nombre y sé tú una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra». Abrán partió, como le había ordenado el Señor. - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Después de la alianza establecida con Noé, en la que Dios jura fidelidad a la creación, los hombres vuelven a comportarse mal. Sin embargo, Dios sigue buscando la comunión con ellos: a la dispersión de Babel le sigue la vocación de Abrahán, llamado significativamente a romper todo vínculo social y de clan para poder seguir incondicionalmente los caminos del Señor. Al mandato de Dios - «vete de tu tierra» - le sigue una promesa de bendición sobreabundante que no se refiere solo a su descendencia, sino también a cuantos acogerán la historia de la salvación. Al mandato de Dios le sigue la obediencia de Abrahán, que permite que Dios disponga de él y de su destino. Confiando en él, parte basándose en su palabra. En esta partida, no solo Israel, sino todos los hijos de la promesa, reconocen el prototipo de las posteriores salidas que el Señor pide a los suyos: el éxodo, el regreso de Babilonia, el seguimiento de los discípulos, el compromiso de vivir como extranjeros y peregrinos en este mundo. La fe obediente de Abrahán seguirá siendo para todos el paradigma de la respuesta a la propia vocación.
SEGUNDA LECTURA
De la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (2 Tim 1,8b-10)
Hijo mío, con la fuerza de Dios, sufre conmigo por el Evangelio. Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no en virtud de nuestras obras, sino según su designio y su gracia. Esta gracia nos fue dada en Cristo Jesús desde toda la eternidad, pero se ha manifestado ahora con la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús. Él destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la incorruptibilidad por medio del Evangelio. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Desde Roma, Pablo, encarcelado como un delincuente común, envía al querido discípulo Timoteo un sentido llamamiento que tiene el tono de un último mensaje. A la prisión física se ha añadido el sufrimiento moral; sin embargo, esto no debe convertirse en motivo de vergüenza o desánimo para el hijo espiritual. Al contrario, este es precisamente el momento de reavivar el carisma recibido mediante la imposición de las manos y sacar de él ese espíritu de fortaleza, amor y sensatez que permite afrontar victoriosamente la hora de la prueba. Es inevitable que los discípulos de Cristo sufran por la fe, pero no están solos en la persecución: la gracia de Dios sostiene el testimonio y hace que también la debilidad humana contribuya a la salvación. Pablo, en el breve versículo final, expresa el núcleo central del anuncio de la fe: la encarnación, la muerte y la resurrección del Salvador. Él nos abrió un paso hacia la luz, venciendo la muerte: siguiendo sus huellas - y las huellas de los santos -, también Timoteo, al igual que todos los cristianos, puede afrontar con fe y amor el sufrimiento por el Evangelio.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Mateo (Mt 17,1-9)
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro resplandeció como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías, que conversaban con él. Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué hermoso es que estemos aquí! Si quieres, haré aquí tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra. Y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo». Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra y quedaron sobrecogidos de gran temor. Pero Jesús se acercó, los tocó y les dijo: «Levantaos y no temáis». Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No habléis a nadie de esta visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos». - Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
En Cuaresma estamos llamados a subir hacia lo alto para ver más allá de nuestros límites, con el esfuerzo de escalar ese miedo que bloquea nuestras decisiones más difíciles. Solo así podremos ver más allá de los horizontes estrechos donde hemos organizado y dispuesto todo y a todos según nuestros rígidos esquemas mentales. Pero ¿acaso el amor sigue una lógica? Si queremos subir a lo alto con Jesús, debemos ser capaces de emerger de las nubes que nos impiden ver realmente qué hay de bello y verdadero más allá de ese skyline personalizado que nos hemos creado. Pero para ver más allá necesitamos la luz de Dios, la única capaz de alcanzar todos esos rincones oscuros de nuestra alma donde hemos ocultado nuestras fragilidades. Sin embargo, después de haber estado en lo alto, después de haber visto más allá, debemos ser capaces de encontrar esa misma luz en el rostro del otro. Creo que la experiencia más hermosa de transfiguración que podemos vivir es precisamente transformar nuestra fe en una experiencia concreta de servicio amoroso a los demás; de lo contrario, todo se reduce a una relación intimista entre nosotros y Dios, y eso no es ciertamente lo que Jesús nos enseñó.

