Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” septiembre-octubre
23.er domingo del Tiempo Ordinario (B)
3.ª sem. del salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías (Is 35,4-7a)
Decid a los inquietos de corazón: «Sed fuertes, no temáis. ¡He aquí vuestro Dios! Llega la venganza, la retribución de Dios. Él viene en persona y os salvará». Entonces se abrirán los ojos de los ciegos, se destaparán los oídos de los sordos. Entonces saltará el cojo como un ciervo y cantará la lengua del mudo, porque han brotado aguas en el desierto y corren torrentes en la estepa. El páramo se convertirá en estanque, el suelo sediento en manantial. – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
A lo largo de toda la Sagrada Escritura, el imperativo «¡Sed fuertes, no temáis!» se repite más de cien veces. Evidentemente, tiene un valor muy importante. ¿Cuáles son nuestros miedos? A veces, quizá, son un poco superficiales, pero en otras ocasiones tienen realmente el poder de desgarrarnos el corazón. Y, sin embargo, Dios está siempre junto a nosotros repitiendo: «¡Sed fuertes, no temáis!», no os dejéis vencer por la opresión del maligno ni por el desánimo. Dios, en cada instante de nuestra vida, nos da una fuerza impensable. Pero, ciertamente, no se nos ahorran las pruebas. Los santos, y con ellos cada cristiano, están llamados a atravesar el desierto. Incluso puede parecer que Dios nos ha abandonado, también de formas muy diversas: desde la pérdida de esperanza del pueblo en el desierto... hasta el grito de fe de Jesús en la cruz. ¿Cómo transmitir este mensaje también hoy, ante las familias desintegradas, las dificultades en las parroquias y en la Iglesia? Continuando a dejarnos repetir «no temáis» y viviendo en el abrazo del Padre.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol Santiago (Sant 2,1-5)
Hermanos míos, no mezcléis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con la acepción de personas. Suponed que en vuestra asamblea entra un hombre con un anillo de oro, bien vestido, y entra también un pobre con un vestido mugriento. Si miráis al que va bien vestido y le decís: «Tú siéntate aquí cómodamente», y al pobre le decís: «Tú quédate ahí de pie» o «Siéntate en el suelo, a mis pies», ¿no estáis haciendo discriminaciones entre vosotros y convirtiéndoos en jueces de criterios inicuos? Escuchad, mis queridos hermanos: ¿acaso no eligió Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a quienes lo aman? – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Escribía san Ambrosio: «La historia de Nabot sucedió hace mucho tiempo, pero se renueva todos los días. ¿Qué rico no ambiciona continuamente los bienes ajenos? ¿Qué rico no aspira a arrebatar al pobre su pequeña propiedad? ¿Quién se contenta con lo que tiene? ¿Quién no se ve incitado en su propia codicia por la posesión del vecino? No existió solo un Ajab; cada día nace de nuevo un Ajab, y nunca se extingue su semilla en este mundo... ¡Ah, ricos! ¿Hasta dónde aspiráis a llevar vuestra insensata codicia? ¿Acaso sois los únicos habitantes de la tierra? ¿Por qué expulsáis de sus posesiones a quienes tienen vuestra misma naturaleza y reclamáis para vosotros solos la posesión de toda la tierra? La tierra fue creada en común para todos, ricos y pobres: ¿por qué, pues, os arrogáis el derecho exclusivo sobre el suelo? Nadie es rico por naturaleza, puesto que esta genera a todos igualmente pobres; nacemos desnudos y sin oro ni plata... La naturaleza no hace distinciones entre los hombres, ni en el momento del nacimiento ni en el de la muerte». ¿Y tú? ¿Y la Iglesia hoy?
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Marcos (Mc 7,31-37)
En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», que significa: «Ábrete». Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos». – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Marcos relata la curación de un sordomudo. Este hombre, cuyo nombre no se menciona, representa a cada uno de nosotros. Es un hombre que no puede escuchar lo que se le dice ni comunicar lo que piensa. Jesús lo toma de la mano y, queriendo liberarlo del mal, lo lleva aparte, lejos de la multitud que busca prodigios, porque la relación con el Señor es siempre personal, una relación de confianza e íntima. Jesús toca primero los oídos del sordomudo, luego toma un poco de su propia saliva y le toca la lengua. Después levanta los ojos al cielo dirigiéndose al Padre y exhala el Espíritu Santo, pronunciando en arameo la palabra: «Effetá», que el evangelista traduce como «Ábrete - Sé abierto» a Dios y a todo hombre. El término «effetá» resume en sí toda la misión de Cristo: se hizo hombre para que el hombre, vuelto interiormente sordo y mudo por el pecado, sea capaz de escuchar la voz de Dios que habla a su corazón y aprenda así a hablar a su vez el lenguaje del amor con Dios y con los demás. También nosotros podemos conocer al Señor si experimentamos la intimidad en la escucha profunda de la Palabra, si somos capaces de alejarnos de la multitud para estar con él.

