liturgia della domenica 6 aprile 2025

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del domingo: 6 de abril de 2025

Jesús y la adúltera

Textos tomados del Misalito «Sobre tu Palabra», marzo-abril de 2025

Liturgia del domingo, color morado

V domingo de Cuaresma (C)
1.ª sem. salm.

PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías (Is 43,16-21)
Así dice el Señor, que abrió un camino en el mar y una senda entre aguas impetuosas, que hizo salir carros y caballos, ejército y héroes a la vez; yacen muertos, nunca más se levantarán, se apagaron como una mecha, están extinguidos: «No recuerden ya las cosas pasadas, no piensen más en las cosas antiguas. Miren, yo hago algo nuevo: ya está brotando, ¿no lo notan? También abriré un camino en el desierto, haré correr ríos por la estepa. Me glorificarán las fieras, chacales y avestruces, porque proporcionaré agua al desierto, ríos a la estepa, para dar de beber a mi pueblo, a mi elegido. El pueblo que yo he formado para mí celebrará mis alabanzas». - Palabra de Dios. 

Comentario a la primera lectura

El V domingo de Cuaresma comienza con las palabras de consuelo del profeta Isaías. Un texto que recuerda el éxodo -el Señor «abrió un camino en el mar... hizo salir carros y caballos»- y que ahora invita a no recordar ya las cosas pasadas, a no pensar más en las cosas antiguas, porque todavía hoy Dios sigue obrando cosas grandes: «Miren, yo hago algo nuevo: ya está brotando, ¿no lo notan?». Como en otro tiempo Dios abrió el mar, así hoy abre «un camino en el desierto», porque es fiel a su pueblo y a su elegido, y su pueblo celebrará sus alabanzas. Como en otro tiempo, también hoy Dios abre caminos nuevos en nuestros corazones para hacernos experimentar la alegría de su salvación: ninguna duda o fragilidad, ningún sentimiento de culpa o pecado puede ya aislarnos del Señor Dios, porque él es nuestro liberador y salvador. Con estos sentimientos deseamos emprender el camino hacia la ya cercana Semana Santa, alabando también nosotros al Señor con las palabras del salmo: «El Señor ha hecho grandes cosas por nosotros». 

SEGUNDA LECTURA

De la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (Flp 3,8-14)
Hermanos, considero que todo es una pérdida a causa de la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he dejado todo y lo considero basura, para ganar a Cristo y ser encontrado en él, teniendo como justicia mía no la que deriva de la Ley, sino la que viene de la fe en Cristo, la justicia que viene de Dios, basada en la fe: para poder conocerlo a él, el poder de su resurrección, la comunión con sus sufrimientos, haciéndome conforme a su muerte, con la esperanza de llegar a la resurrección de los muertos. No es que haya alcanzado ya la meta, ni haya llegado a la perfección; pero me esfuerzo por correr para conquistarla, porque también yo he sido conquistado por Cristo Jesús. Hermanos, yo no considero todavía haberla conquistado. Solo sé esto: olvidando lo que queda atrás y orientado hacia lo que tengo por delante, corro hacia la meta, hacia el premio al que Dios nos llama a recibir allí arriba, en Cristo Jesús. -Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

La experiencia apenas esbozada en la primera lectura se transforma en motivo de orgullo en las palabras del apóstol Pablo: «Considero que todo es una pérdida a causa de la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor». El Apóstol se encontró con el Señor Jesús, experimentó su misericordia y «por él lo he dejado todo y lo considero basura, para ganar a Cristo». A través de la imagen del atleta, Pablo explica que aún no ha «alcanzado la meta… llegado a la perfección; pero me esfuerzo por correr para conquistarla, porque también yo he sido conquistado por Cristo Jesús». El texto expresa una intimidad cada vez mayor con su Señor Jesús: no un conocimiento basado en la Ley aprendida de memoria -de la que, por lo demás, era un experto-, sino un entramado de vínculos de amor que lleva al Apóstol a estar «orientado hacia lo que tengo por delante, corro hacia la meta, hacia el premio al que Dios nos llama a recibir allí arriba». ¡Ojalá también nosotros pudiéramos gloriarnos de tal orgullo, sostenido por nuestro amor al Señor y teniendo el futuro como nuestro único horizonte!

EVANGELIO

Del Evangelio según san Juan (Jn 8,1-11)
En aquel tiempo, Jesús se dirigió al monte de los Olivos. Pero por la mañana volvió al templo y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y los fariseos le llevaron una mujer sorprendida en adulterio, la pusieron en medio y le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Ahora bien, Moisés nos mandó en la Ley apedrear a mujeres como esta. Tú, ¿qué dices?». Decían esto para ponerlo a prueba y tener un motivo para acusarlo. Pero Jesús se inclinó y se puso a escribir con el dedo en el suelo. Sin embargo, como insistían en interrogarlo, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado entre ustedes, que le arroje la primera piedra». Y, inclinándose de nuevo, escribía en el suelo. Al oír esto, se fueron retirando uno a uno, comenzando por los más ancianos. Lo dejaron solo, y la mujer estaba allí en medio. Entonces Jesús se incorporó y le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?». Ella respondió: «Nadie, Señor». Y Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno; vete y desde ahora no peques más». -Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio

Hemos llegado al V domingo de Cuaresma y, desde aquí, atravesando el gran portal del Domingo de la Pasión, llamado de Ramos, entraremos en la Semana Santa. A lo largo de este camino hemos sido ayudados a comprender cuánto nuestra frágil vida (Miércoles de Ceniza) está y estará siempre comprometida con dejarse custodiar por la palabra de Dios frente a las tentaciones (I domingo), perseverancia que pide ser alimentada manteniendo fija la mirada en la meta, el Cielo, allí donde seremos transfigurados (II domingo). A nosotros, pues, nos corresponde dejarnos interpelar por los acontecimientos de la vida con una mirada de fe, porque Dios nos habla a través de cada acontecimiento (III domingo), recordándonos que, a los ojos de Dios, nadie será jamás un descartado (IV domingo), incluso cuando uno ha quedado atrapado en pecados aparentemente destructivos (V domingo). La acción de Dios nunca es una piedra arrojada -ni siquiera con palabras-, sino un corazón misericordioso que ofrece siempre la posibilidad de levantarse de los errores y el aliento para evitar próximas ocasiones de pecado. No se trata tanto de prometer no pecar más, algo humanamente imposible, cuanto de un propósito actual hecho con recta intención y contando siempre con la ayuda de Dios.

Liturgia del domingo: 6 de abril de 2025

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