Textos tomados del Misalito «Sobre tu Palabra» marzo-abril de 2022
1.er domingo de Cuaresma (C)
1.ª sem. salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del Deuteronomio (Dt 26,4-10)
Moisés habló al pueblo y dijo: «El sacerdote tomará la cesta de tus manos y la depositará delante del altar del Señor, tu Dios, y tú pronunciarás estas palabras delante del Señor, tu Dios: “Mi padre era un arameo errante; bajó a Egipto, se estableció allí como un extranjero con poca gente y allí se convirtió en una nación grande, fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos humillaron y nos impusieron una dura esclavitud. Entonces gritamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz, vio nuestra humillación, nuestra miseria y nuestra opresión; el Señor nos sacó de Egipto con mano poderosa y brazo extendido, sembrando el terror y realizando signos y prodigios. Nos condujo a este lugar y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Ahora, pues, aquí presento las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado”. Las depositarás delante del Señor, tu Dios, y te postrarás delante del Señor, tu Dios». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
La vida religiosa de Israel se fundamenta en la memoria. El pueblo está llamado repetidamente a recordar las grandes obras de Dios realizadas por la nación santa, para vivir el presente con fortaleza, confianza y docilidad: el Dios poderoso que nos sacó de Egipto, que nos hizo atravesar indemnes el desierto, que nos dio esta tierra tan fértil y bendecida, es el mismo Dios que ahora nos gobierna. También en el culto público el sacerdote debe perpetuar continuamente el recuerdo de las obras de Dios, con acciones y oraciones. Esta regla también vale para nosotros, hasta el punto de que san Juan de la Cruz -y antes que él san Agustín- escribió varios tratados y dedicó palabras a subrayar la importancia de esta capacidad fundamental del ser humano: recordar las cosas pasadas. La memoria, en efecto, nos orienta, nos estabiliza y nos tranquiliza. El mismo Jesús dice: «Hagan esto en memoria mía» (Lc 22,19b). En este primer domingo de Cuaresma también nosotros estamos llamados a recordar las acciones de Dios por nosotros y, en particular, el sacrificio de Cristo en la cruz, que nos rescata del mal y nos permite vivir la vida misma de Dios.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (Rm 10,8-13)
Hermanos, ¿qué dice [Mosè]? «La Palabra está cerca de ti: en tu boca y en tu corazón», es decir, la palabra de la fe que nosotros proclamamos. Porque si con tu boca proclamas: «¡Jesús es el Señor!», y con tu corazón crees que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. Pues con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se profesa la fe para obtener la salvación. Dice, en efecto, la Escritura: «Todo el que cree en él no quedará defraudado». Porque no hay distinción entre judío y griego, ya que él mismo es el Señor de todos, rico para con todos los que lo invocan. En efecto: «Todo el que invoque el nombre del Señor se salvará». – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Este es uno de los pasajes más consoladores de las Cartas de san Pablo. Para salvarse basta proclamar con la boca que Jesús es el Señor y creer en su resurrección. ¿Es difícil? Parece que no. Por lo tanto, deberíamos decir varias veces durante el día: «¡Jesús es el Señor! ¡Jesús es el Señor!», y al mismo tiempo alabarlo como Hombre-Dios resucitado de entre los muertos. Afirmar que Jesús es el Señor significa considerarlo como tal en las distintas situaciones del día: en las decisiones laborales, en la relación con los hijos y con el cónyuge, al juzgar las cosas que se escuchan en el telediario… todo debe ponerse bajo el señorío de Jesucristo, verdadero Rey y Señor. Esta afirmación cambia poco a poco nuestra manera de razonar y cambia nuestra vida. Por tanto, de una simple frase brota la vida misma del Espíritu, porque el Espíritu Santo ha sido derramado en nuestros corazones y clama: «¡Abbá! Padre». La salvación eterna depende, por tanto, de este acto de fe, que se vuelve operativo, concreto y cotidiano en nuestras decisiones, que ponemos, una por una, en manos del Señor.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 4,1-13)
En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, se alejó del Jordán y el Espíritu lo llevó al desierto durante cuarenta días, mientras era tentado por el diablo. No comió nada durante esos días y, al final, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». Jesús le respondió: «Está escrito: “No solo de pan vivirá el hombre”». El diablo lo llevó a un lugar elevado, le mostró en un instante todos los reinos de la tierra y le dijo: «Te daré todo este poder y su gloria, porque a mí me ha sido entregado y yo se lo doy a quien quiero. Por tanto, si te postras ante mí en adoración, todo será tuyo». Jesús le respondió: «Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo rendirás culto”». Después lo llevó a Jerusalén, lo puso en lo alto del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tíra-
te de aquí abajo; porque está escrito: “Dará órdenes a sus ángeles acerca de ti para que te guarden”; y también: “Te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra”». Jesús le respondió: «Está dicho: “No pondrás a prueba al Señor, tu Dios”». Agotadas todas las tentaciones, el diablo se alejó de él hasta el momento oportuno. – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Antes de comenzar su vida pública, Jesús va a ajustar cuentas con el enemigo, Satanás. Pensar en cumplir cualquier misión subestimando las insidias del demonio es una insensatez. Durante toda nuestra vida, el demonio intenta desanimarnos e impedir que sigamos a Jesús. Lo odia a él y nos odia a nosotros. Para vencerlo, Jesús nos enseña el método, pues quiso sufrir él mismo, como «hombre perfecto», las influencias y tentaciones de Satanás. Las experimenta todas: tentaciones de los sentidos (el hambre), tentaciones de vanagloria (asombrar a las multitudes planeando, sostenido por los ángeles, durante la caída desde la torre), tentaciones de poder (adórame y todo será tuyo). En estas tres tentaciones están comprendidas todas las demás. ¿Cómo vencer al maligno? No argumentando con los pensamientos ni respondiendo directamente, como hizo Eva, sino oponiendo la fuerza de la Palabra de Dios: «No solo de pan… No pondrás a prueba… Solo a Dios adorarás…». La Palabra de Dios tiene el poder de silenciar inmediatamente y expulsar al demonio, porque es una palabra de origen divino, y Dios nos la ha dado no solo como instrucción, sino también como defensa. Es la verdad, depositada en las Escrituras, la que derriba la mentira, de la que Satanás es el verdadero padre.

