Textos extraídos del Misalito «Sobre tu Palabra» julio-agosto de 2022
19.º domingo del Tiempo Ordinario (C)
3.ª sem. salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro de la Sabiduría (Sab 18,6-9)
La noche [de la liberación] fue anunciada de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, sabiendo bien a qué juramentos habían prestado fidelidad. Tu pueblo, en efecto, esperaba la salvación de los justos y la ruina de los enemigos. Pues así como castigaste a los adversarios, de la misma manera nos glorificaste, llamándonos a ti. Los hijos santos de los justos ofrecían sacrificios en secreto y, unánimes, se impusieron esta ley divina: compartir del mismo modo éxitos y peligros, entonando inmediatamente las santas alabanzas de los padres. - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
El libro de la Sabiduría nos presenta algunos pasajes sintéticos que releen «de modo sapiencial» (es decir, según la mente de Dios) lo sucedido en la historia de Israel, buscando y manifestando su sentido más profundo. En estos cuatro versículos hay una síntesis de cómo vivieron los hijos de Israel el acontecimiento de la liberación pascual. ¿Qué se pone de relieve? La liberación pascual fue un acontecimiento anunciado y deseado. En la Escritura, lo que Dios se propone hacer es anunciado para que se convierta en objeto de espera y deseo. En el anuncio, Dios prepara nuestro corazón para vivir lo que él está dispuesto a realizar por nosotros, para que también nosotros, sin quedar abrumados por la sorpresa, podamos participar en la acción salvadora de Dios. Vivir de manera responsable y consciente la acción salvadora que Dios realiza exige compromiso y un vínculo de fidelidad. Dios no nos trata solamente como destinatarios de una obra, sino que, desde la creación del mundo y aún más en la redención, quiere hacernos corresponsables mediante la alianza, por la cual nos pide que nos unamos a él.
SEGUNDA LECTURA
De la carta a los Hebreos (Heb 11,1-2.8-19)
Hermanos, la fe es fundamento de lo que se espera y prueba de lo que no se ve. Por ella nuestros antepasados fueron aprobados por Dios. Por la fe, Abrahán, llamado por Dios, obedeció y partió hacia un lugar que iba a recibir en herencia, y partió sin saber adónde iba. Por la fe, habitó en la tierra prometida como en una tierra extranjera, viviendo en tiendas, como también Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa. Pues esperaba la ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios mismo. También por la fe, aunque ya había pasado la edad, Sara recibió la posibilidad de ser madre, porque consideró digno de fe al que se lo había prometido. Por eso, de un solo hombre, y además ya marcado por la muerte, nació una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que se encuentra a la orilla del mar y no se puede contar. En la fe murieron todos ellos, sin haber obtenido los bienes prometidos, pero los vieron y los saludaron desde lejos, declarando que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Quienes hablan así muestran que están buscando una patria. Si hubieran pensado en aquella de la que habían salido, habrían tenido la posibilidad de regresar a ella; pero ahora aspiran a una patria mejor, es decir, la celestial. Por eso Dios no se avergüenza de ser llamado su Dios. Pues les ha preparado una ciudad. Por la fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac, y precisamente él, que había recibido las promesas, ofreció a su hijo unigénito, de quien se había dicho: «Por medio de Isaac tendrás descendencia». Pues pensaba que Dios es capaz de hacer resucitar incluso de entre los muertos: por eso lo recuperó también como símbolo. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Abrahán es elogiado por su fe. Esta presenta tres características: obediencia, confianza y fidelidad. Se fundamentan en el conocimiento de Dios como aquel que es todopoderoso, veraz y fiel a sus promesas. El término obediencia procede del latín «ob-audire», que significa «escuchar». Por tanto, en la base de la obediencia está la escucha de la palabra de Dios, que llama al ser humano a vivir en íntima amistad con él. En la fe siempre hay un elemento de oscuridad, porque no implica la plena comprensión de aquello que se cree. La fe exige confianza y abandono. Abrahán confía en la palabra de Dios porque sabe que Dios es la verdad en persona. La fidelidad de Abrahán consiste en la decisión, tomada de una vez para siempre, de obedecer a Dios, sin volver a cuestionar su voluntad ante la prueba. Preguntémonos si también nosotros tenemos una fe semejante a la de Abrahán: ¿confiamos en Dios incluso ante las pruebas y las dificultades o retrocedemos, sin reconocer la omnipotencia de Dios y anteponiendo nuestros razonamientos a los pensamientos de Dios?
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 12,32-48)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino. Vended lo que poseéis y dadlo como limosna; haceos bolsas que no envejecen, un tesoro seguro en los cielos, donde no llega el ladrón ni la polilla consume. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Estad preparados, con las vestiduras ceñidas a la cintura y las lámparas encendidas; sed semejantes a quienes esperan a su señor cuando vuelve de las bodas, para que, cuando llegue y llame, le abran enseguida. Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al volver, encuentre todavía despiertos; en verdad os digo que se ceñirá las vestiduras, los hará sentarse a la mesa y pasará a servirlos. Y si, llegando a medianoche o antes del amanecer, los encuentra así, ¡dichosos ellos! Tratad de comprender esto: si el dueño de la casa supiera a qué hora viene el ladrón, no dejaría que forzaran su casa. También vosotros estad preparados, porque a la hora que menos imaginéis viene el Hijo del hombre». Entonces Pedro dijo: «Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?». El Señor respondió: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles la ración de comida a su debido tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre actuando así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si aquel siervo dijera en su corazón: “Mi señor tarda en venir”, y comenzara a golpear a los siervos y a las siervas, a comer, beber y embriagarse, el señor de aquel siervo llegará un día en que no lo espera y a una hora que no sabe, lo castigará severamente y le impondrá la suerte que merecen los infieles. El siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no haya dispuesto o actuado según su voluntad, recibirá muchos azotes; en cambio, el que, sin conocerla, haya hecho cosas merecedoras de azotes, recibirá pocos. A quien se le dio mucho, mucho se le pedirá; a quien se le confió mucho, se le exigirá mucho más». - Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Los discípulos de Jesús están destinados a ser, a lo largo de la historia, un pequeño rebaño. Pequeño no solo en sentido cuantitativo, sino por estar compuesto por personas sencillas, sin poder alguno y sin apoyos en el mundo. Al mismo tiempo, es fuerte por el amor y la protección del Padre celestial, que es su única riqueza y nunca les falta. El Padre, en su amor, quiere dar a este pequeño rebaño el Reino, hacerlo partícipe de su vida, llevarlo en la palma de su mano, de la que nadie podrá arrancarlo jamás. Lo decisivo, pues, es la llamada a la «pequeñez». Es una advertencia contra la tentación de sobresalir y ser admirados por los hombres: en los discípulos no debe habitar ningún orgullo ni arrogancia, sino la humildad de quien pone su confianza únicamente en el Padre y en su Reino. No basta con decirnos cristianos para formar parte del «pequeño rebaño», sino que es necesario que seamos hombres y mujeres que confían en Jesús. No debemos temer nada de lo exterior: la única amenaza seria puede venir de nosotros mismos, de nuestra incapacidad para amar al Señor Jesús y mantenernos preparados para su venida en gloria. Esta espera vigilante es la que da sentido a nuestra vida e inspira nuestro comportamiento cotidiano.

