Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” enero-febrero de 2024
Bautismo del Señor (f) (B)
propia
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías (Is 55,1-11)
Así dice el Señor: «Todos los sedientos, vengan por agua; los que no tienen dinero, vengan, compren y coman; vengan, compren sin dinero, sin pagar, vino y leche. ¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no sacia? Escúchenme atentamente y comerán cosas buenas, y saborearán manjares sustanciosos. Presten oído y vengan a mí; escúchenme y vivirán. Sellaré con ustedes una alianza eterna, los favores asegurados a David. Miren, lo he constituido testigo para los pueblos, príncipe y soberano de las naciones. Miren, llamarán a pueblos que no conocían; acudirán a ustedes naciones que no los conocían, a causa del Señor, su Dios, del Santo de Israel, que los honra. Busquen al Señor mientras se deja encontrar; invóquenlo mientras está cerca. Que el malvado abandone su camino y el hombre inicuo sus pensamientos; que vuelva al Señor, que tendrá piedad de él, y a nuestro Dios, que perdona generosamente. Porque mis pensamientos no son sus pensamientos, ni sus caminos son mis caminos -oráculo del Señor-. Como el cielo está por encima de la tierra, así están mis caminos por encima de sus caminos, y mis pensamientos por encima de sus pensamientos. Como bajan del cielo la lluvia y la nieve, y no vuelven allá sin empapar la tierra, sin fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin efecto, sin haber realizado lo que deseo y sin haber cumplido aquello para lo que la envié». -Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Parece que acercarse a Dios y convertirse a él necesariamente debiera significar quién sabe qué renuncia y penitencia, como si la vida en Cristo fuera para gente triste y con el ceño fruncido. Pero si Dios es amor, ¿cómo es posible esto? Dios no quiere nuestra felicidad solo en el Paraíso, sino también en el tiempo presente, hoy. Las imágenes de Isaías a menudo nos presentan banquetes bien preparados, colmados de toda delicia; a su visión hace eco la parábola del hijo pródigo del Evangelio, en la que se habla de comidas y fiestas en honor del joven que volvió a casa. No hagamos del Señor un quejumbroso: él es rey y vencedor, y quien participa de su vida ya vive su victoria. Ciertamente, mientras vivamos en esta tierra habrá sufrimiento, porque existe el pecado y todas sus consecuencias, pero en Cristo también todo sufrimiento se transforma en movimiento de danza, porque el Espíritu Santo, que nos incorpora a la nueva Alianza, habla el nuevo lenguaje del amor. El perdonado es un hombre humilde y feliz; es el pecado el que hace la vida pesada, solitaria e insoportable. El Señor quiere que sus hijos estén siempre alegres.
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Juan (1 Jn 5,1-9)
Queridísimos: todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama al que engendró ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: cuando amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son pesados. Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Él es el que vino con agua y sangre: Jesucristo; no solo con agua, sino con agua y sangre. Y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres están de acuerdo. Si aceptamos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; y este es el testimonio de Dios: que él ha dado testimonio acerca de su Hijo. -Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Jesús vino con la sangre y con el agua, dice la carta de Juan. Dos líquidos. El agua da vida, hasta tal punto que sin agua la tierra se vuelve árida, las plantas no crecen y, si no bebe, el hombre muere en pocos días. La sangre también es símbolo de vida: mientras la sangre circula regularmente por nuestras venas, todo va bien; si, a causa de una herida grave, se derrama abundantemente fuera del cuerpo, el hombre muere. El agua entra desde fuera y vivifica el cuerpo; la sangre está dentro del cuerpo, pero puede derramarse al exterior. Jesús derrama toda su sangre, es decir, su vida, sacrificándose en el acto supremo del amor, en la cruz por nosotros. El Espíritu Santo, por tanto, realiza este inefable proyecto del Padre: nos dona el agua del Bautismo, que nos sumerge en la vida eterna, y cada día nos dona la sangre de Cristo derramada para el perdón de los pecados. Cuando una persona está separada de Dios, muere. Dios es la fuente de nuestra vida; debemos ser uno con él porque solo en él subsiste la vida. Dios sin el hombre permanece, pero el hombre sin Dios no es nada. ¡Vengan, sumerjámonos! ¡Vengan, beban!
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Marcos (Mc 1,7-11)
En aquel tiempo, Juan proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo: yo no soy digno de inclinarme para desatar las correas de sus sandalias. Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con Espíritu Santo». Y sucedió que en aquellos días Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y, apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu descender hacia él como una paloma. Y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco». -Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
El bautismo de Jesús es un acto de humildad. Él, el Salvador, no necesitaba ser bautizado con un bautismo de penitencia, porque Jesús es el único sin pecado. Con razón el Bautista distingue entre el bautismo en agua y el bautismo en el Espíritu Santo, y es el primero en asombrarse de que Cristo también quiera entrar en el agua y ser bautizado. Dios baja a la tierra y se pone junto a los pecadores para manifestar su misión: salvar a los hombres asumiendo su pecado. El Jordán es la primera parte del Getsemaní, su anticipación. El bautismo de Jesús es un acto de obediencia. El Padre le había pedido que bajara al agua para comenzar su misión pública, para manifestarse como Salvador, y él lo hace. Inmediatamente el Padre le da las gracias y lo confirma diciendo: «Tú eres mi hijo amado». El bautismo de Jesús es un acto de penitencia para afirmar el carácter de combate espiritual propio de la vida cristiana: para santificarse es necesaria una vida penitente. Finalmente, es un acto de manifestación trinitaria: el Espíritu desciende, el Padre habla, el Hijo recibe el Espíritu y la palabra del Padre. Todo Dios se hizo presente aquel día, primera gran “visión” de Dios Uno y Trino.


