Textos extraídos del Misalito «Sobre tu Palabra» mayo-junio de 2023
5.º domingo de Pascua (A)
1.ª semana del salterio
PRIMERA LECTURA
De los Hechos de los Apóstoles (Hch 6,1-7)
Por aquellos días, al aumentar el número de los discípulos, los de lengua griega comenzaron a murmurar contra los de lengua hebrea, porque en la asistencia diaria se desatendía a sus viudas. Entonces los Doce convocaron al grupo de los discípulos y dijeron: «No está bien que nosotros dejemos de lado la palabra de Dios para servir a las mesas. Por tanto, hermanos, busquen entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos de Espíritu y de sabiduría, a quienes confiaremos este servicio. Nosotros, en cambio, nos dedicaremos a la oración y al servicio de la Palabra». La propuesta agradó a todo el grupo y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Los presentaron a los apóstoles y, después de orar, les impusieron las manos. Y la palabra de Dios se difundía, y el número de los discípulos se multiplicaba considerablemente en Jerusalén; también una gran multitud de sacerdotes abrazaba la fe. - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
«Nosotros, en cambio, nos dedicaremos…». Esta frase de los Doce es muy importante, porque delimita la tarea a la que los apóstoles se sienten llamados. Es el inicio de la organización de la Iglesia y de la distribución de las tareas y los deberes. Los apóstoles comprenden que deben reservar todas sus energías para la oración y la predicación. Puesto que los obispos actuales son sus sucesores, hay que creer que también ellos deben dedicarse sobre todo a la oración (diálogo con Dios) y a la predicación (diálogo con el pueblo de Dios). También nosotros tenemos una tarea en la Iglesia. El Espíritu nos dice que no es verdad que todos tengan que hacerlo todo. Y los servicios son muy variados: desde el apoyo práctico y material a los ministros de Dios hasta los servicios internos de las parroquias o de las órdenes religiosas, desde la oración hasta ofrecer los propios sufrimientos por el bien de la misma parroquia o de la familia religiosa a la que se pertenece. Sí, también las personas enfermas pueden y deben «dedicarse», poniendo sobre el altar de su corazón su sufrimiento físico o moral… No existe una vida inútil en la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pedro (1 Pe 2,4-9)
Queridos hermanos, al acercarse al Señor, piedra viva, rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa ante Dios, también ustedes, como piedras vivas, son edificados como edificio espiritual, para un sacerdocio santo y para ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios, por medio de Jesucristo. Pues se lee en la Escritura: «He aquí que pongo en Sion una piedra angular, elegida y preciosa, y quien crea en ella no quedará defraudado». Honor, pues, para ustedes que creen; pero para los que no creen, la piedra que los constructores desecharon se ha convertido en piedra angular y en piedra de tropiezo, piedra de escándalo. Ellos tropiezan porque no obedecen a la Palabra. A esto estaban destinados. Ustedes, en cambio, son linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido por Dios para proclamar las obras admirables de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz maravillosa. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Pedro reserva al simple pueblo de los bautizados, es decir, a nosotros, palabras sublimes. Primero afirma que nosotros constituimos, en nuestro conjunto, un edificio, como piedras individuales colocadas una sobre otra, edificadas sobre la piedra angular, que es Cristo. Luego «se extiende» y dice que nosotros somos (porque es precisamente a nosotros a quienes habla) «linaje elegido», es decir, llamados a vivir la vida divina; somos «sacerdocio real», porque el Bautismo nos ha constituido a todos sacerdotes para ofrecer a Dios el fruto de nuestro esfuerzo y toda la creación; somos «pueblo adquirido por Dios», no mediante una operación de mercado, sino pagando con la Sangre preciosa de Cristo y su sacrificio divino. Uno se sentiría tentado a decir: ¡pero esto es demasiado! Nosotros nos conformaríamos con ser buenas personas y decir alguna oración. No, Dios quiere mucho más, porque nos lo ha dado todo y porque el cristianismo es una historia de amor apasionado. Tomemos conciencia de quiénes somos, lancémonos con fe a esa «luz maravillosa» que envuelve nuestra alma, que Dios derrama gratuitamente en nosotros en la Misa. Parafraseando a san Juan Pablo II, digamos: «¡Cristiano, conviértete en lo que eres!».
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Juan (Jn 14,1-12)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No se turbe su corazón. Crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Si no fuera así, ¿les habría dicho acaso: “Voy a prepararles un lugar”? Cuando me haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté estén también ustedes. Y adonde yo voy, ya conocen el camino». Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas; ¿cómo podemos conocer el camino?». Jesús le dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me han conocido a mí, conocerán también a mi Padre: desde ahora lo conocen y lo han visto». Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta». Jesús le respondió: «¿Hace tanto tiempo que estoy con ustedes y todavía no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo puedes decir: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo no las digo por mi propia cuenta; sino que el Padre, que permanece en mí, realiza sus obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no, créanlo por las mismas obras. En verdad, en verdad les digo: quien cree en mí también hará las obras que yo hago y hará otras aún mayores, porque yo voy al Padre». - Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Los caminos del Paraíso están allanados ante nosotros y las puertas están abiertas. No se trata de escalar una montaña, sino simplemente de seguir a Jesús, que declaró ser el camino. Acoger las enseñanzas de Jesús y vivir el Evangelio es, pues, estar ya con él en el Paraíso, aunque todavía no tengamos la experiencia definitiva de ello. Él es también la verdad de las cosas, por lo que si buscamos en otra parte, más allá de Cristo, no encontraremos nada. Jesús es la vida, y esto significa que sin su amor estamos muertos, pero realmente muertos. ¡Que los hombres puedan ver a Dios en nosotros! Tú debes ser en el mundo revelación de Dios, «escándalo y locura», por usar las palabras de san Pablo. Dios nos ha confiado el mundo y todo el mundo debe estar impregnado de luz, transformado por la acción del fuego. No eres tú, no debes ser tú quien actúe, sino él, el Señor, Jesús, que es la omnipotencia, es el amor. Podemos realizar obras «mayores» que las de Cristo, dice hoy el Evangelio, pero es Cristo quien las realiza en nosotros. Divo Barsotti escribe, hablando de la acción del cristiano: «No la tierra ni el cielo, no el sufrimiento ni la alegría, sino una llamarada de fuego que quema todo a su paso, hasta que no queda más que el fuego».


