liturgia della domenica 7 settembre 2025

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Textos extraídos del Misal “Sobre Tu Palabra” septiembre-octubre de 2025

23.º domingo del Tiempo Ordinario (C)  – 3.ª sem. salt.

Primera lectura

Del libro de la Sabiduría (Sab 9,13-18)

¿Qué hombre puede conocer la voluntad de Dios? ¿Quién puede imaginar lo que quiere el Señor? Los razonamientos de los mortales son tímidos e inseguras nuestras reflexiones, porque un cuerpo corruptible pesa sobre el alma y la tienda de arcilla oprime una mente llena de preocupaciones. Apenas imaginamos las cosas de la tierra, descubrimos con dificultad las que están a nuestro alcance; pero ¿quién ha investigado las cosas del cielo? ¿Quién habría conocido tu voluntad, si tú no le hubieras dado la sabiduría y desde lo alto no le hubieras enviado tu santo espíritu? Así se enderezaron los caminos de quienes están en la tierra; los hombres fueron instruidos en lo que te agrada y se salvaron por medio de la sabiduría».

Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

El domingo pasado fuimos invitados a aprender a ser humildes, a estar del lado de los últimos, como hizo Jesús. Esto porque -se nos revela hoy- solo desde este ángulo es posible vislumbrar la presencia de Dios dentro de los acontecimientos de la historia, el único que puede ayudarnos a encontrar las respuestas adecuadas a las grandes preguntas de la vida, pues -como recuerda el texto de la Sabiduría- «¿quién puede imaginar lo que quiere el Señor?... apenas imaginamos las cosas de la tierra». Solo en Jesús -Sabiduría del Padre- aprenderemos no tanto y no solo a encontrar respuestas, sino a saber hacernos las preguntas adecuadas, entre las cuales la más importante es: «¿Qué quiere el Señor de mí/de nosotros aquí y ahora? ¿Qué quiere decirnos a través de esta experiencia?». Hasta tal punto que el salmista, aun en las dificultades y contradicciones de la vida, declara: «Señor, tú has sido para nosotros un refugio de generación en generación», y «enséñanos a contar nuestros días y adquiriremos un corazón sabio».

Segunda lectura

De la carta del apóstol san Pablo a Filemón (Flm 9b-10.12-17)

Queridísimo, te exhorto yo, Pablo, tal como soy, anciano, y ahora también prisionero de Cristo Jesús. Te ruego por Onésimo, hijo mío, a quien he engendrado en las cadenas. Te lo envío de nuevo, a él, que tanto quiero. Hubiera querido retenerlo conmigo para que me ayudara en tu lugar, ahora que estoy encadenado por el Evangelio. Pero no he querido hacer nada sin tu parecer, para que el bien que haces no sea forzado, sino voluntario. Por eso quizá se separó de ti por un tiempo: para que lo recuperaras para siempre; ya no como esclavo, sino mucho más que esclavo, como hermano queridísimo, en primer lugar para mí, pero aún más para ti, tanto como hombre como hermano en el Señor. Así pues, si me consideras amigo, acógelo como a mí mismo.

Palabra de Dios.


Comentario a la segunda lectura

La segunda lectura está tomada de la carta del apóstol san Pablo a Filemón. El Apóstol le pide que vuelva a acoger consigo al esclavo Onésimo, que ahora se ha convertido en cristiano: «Te ruego por Onésimo, hijo mío, a quien he engendrado en las cadenas. Te lo envío de nuevo, a él, que tanto quiero». Pablo está encadenado y en la carta deja ver toda su atención y preocupación por el amigo, más que su difícil situación. Y continúa así: acógelo «ya no como esclavo, sino mucho más que esclavo, como hermano queridísimo... como hombre... como hermano en el Señor. Así pues, si me consideras amigo, acógelo como a mí mismo». Palabras que dejan intuir el fuerte vínculo de amistad que existe entre Pablo y Onésimo y, al mismo tiempo, cómo la condición del pasado ha quedado relegada ante su conversión. Un texto que nos lleva a reflexionar sobre el valor de la amistad y sobre aprender a considerar a los demás no tanto por lo que fueron en el pasado, sino por lo que desean construir para el futuro: no importa de dónde vengas o qué hayas hecho, sino adónde quieres ir.

 

Evangelio

Del Evangelio según san Lucas (Lc 14,25-33)

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús. Él se volvió y les dijo: «Si alguno viene a mí y no me ama más que a su padre, a su madre, a su esposa, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas e incluso a su propia vida, no puede ser mi discípulo. Quien no lleva su propia cruz y viene detrás de mí, no puede ser mi discípulo. ¿Quién de vosotros, queriendo construir una torre, no se sienta primero a calcular el gasto y a ver si tiene medios para terminarla? Para evitar que, si echa los cimientos y no es capaz de acabar la obra, todos los que la vean comiencen a burlarse de él, diciendo: “Este hombre empezó a construir, pero no fue capaz de terminar la obra”. O ¿qué rey, partiendo a la guerra contra otro rey, no se sienta primero a examinar si puede enfrentarse con diez mil hombres al que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando el otro aún está lejos, le envía mensajeros para pedir la paz. Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo».

Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio

El domingo pasado, el Evangelio nos invitaba, más que a mirar la recompensa inmediata, a mirar la de la resurrección de los justos. Y hoy, dirigiéndose a la multitud, Jesús dice: «Si alguno viene a mí y no me ama más que a su padre, a su madre, a su esposa, a sus hijos... e incluso a su propia vida, no puede ser mi discípulo». Lo que Jesús quiere hacer entender puede captarse en dos dimensiones. Aunque hay una «multitud» que sigue a Jesús, hay que recordar que cada uno lleva en su corazón un proyecto de vida concreto al que debe responder, aprendiendo a dejarse guiar por la sabiduría de Dios (primera lectura). En segundo lugar, seguir al Señor pide abrazar el mismo proyecto de Jesús: «Quien no lleva su propia cruz y viene detrás de mí, no puede ser mi discípulo». Seguir al Señor pide abrazar la cruz, es decir, aceptar su lógica de amor, que no tiene medida, seguros de que el Señor nunca nos abandonará, porque él venció la cruz muriendo en ella. Esta es la sabiduría de la que nos habló la primera lectura.

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