Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” septiembre-octubre de 2023
27.º domingo del tiempo ordinario (A)
3.ª semana del salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías (Is 5,1-7)
Voy a cantar en nombre de mi amado mi canto de amor por su viña. Mi amado tenía una viña en una fértil colina. La cavó, la limpió de piedras y plantó en ella cepas escogidas; construyó en medio una torre y excavó también un lagar. Esperó que diera uvas, pero dio agrazones. Ahora, habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, sean ustedes jueces entre mi viña y yo. ¿Qué más podía hacer por mi viña que no haya hecho? ¿Por qué, cuando esperaba que diera uvas, dio agrazones? Ahora les haré saber lo que voy a hacer con mi viña: quitaré su cerca y se convertirá en pasto; derribaré su muro y será pisoteada. La convertiré en un desierto; no será podada ni cultivada, y crecerán en ella espinos y zarzas; mandaré a las nubes que no derramen lluvia sobre ella. Pues bien, la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; los hombres de Judá son su plantación predilecta. Esperaba de ellos justicia, y encontró derramamiento de sangre; esperaba rectitud, y encontró gritos de los oprimidos. – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Este bellísimo canto poético expresa claramente toda la historia de la relación entre Dios y el pueblo de Israel. El pueblo se compara con una viña de la que se ocupa directamente el dueño, Dios, quien construye todo lo necesario para su protección y productividad. Dios, por medio del profeta Isaías, expresa el dolor de quien ha prodigado cuidado y amor al pueblo elegido, recibiendo a cambio ingratitud e infidelidad. El pueblo elegido se pierde detrás de una serie de situaciones que, en lugar de hacerlo crecer en el amor y la fidelidad a Dios, lo alejan cada vez más. La historia simbólica de la viña es, en el fondo, la historia de cada uno de nosotros: ¿cuánto amor y cuánta solicitud tiene Dios por nosotros? A menudo nuestra respuesta también es la misma que la del pueblo de Israel. Sin embargo, leer este pasaje nos consuela porque, a pesar de las amenazas, Dios se muestra bondadoso y dispuesto a perdonarnos si volvemos a él con el corazón contrito y humillado. Por eso nunca debemos olvidar que el amor de Dios supera toda nuestra infidelidad y que siempre podemos comenzar con él una nueva historia de amor y fidelidad.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (Flp 4,6-9)
Hermanos, no se angustien por nada, sino que, en toda ocasión, presenten sus peticiones a Dios mediante oraciones, súplicas y acciones de gracias. Y la paz de Dios, que supera todo entendimiento, custodiará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, honorable, todo cuanto sea virtud y digno de alabanza, que sea objeto de sus pensamientos. Practiquen lo que han aprendido, recibido, escuchado y visto en mí. Y el Dios de la paz estará con ustedes. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
El apóstol Pablo nunca deja de exhortar a los creyentes a confiar, en sus cartas. La vida siempre presenta dificultades, pruebas y dolores, pero en todas estas cosas no hay lugar para la angustia en quien ha experimentado la resurrección del Señor. Tenemos un Dios que no permanece indiferente ante nuestras necesidades; solo debemos tener el valor y la humildad de presentárselas. Cuando nos falta algo, ¿por qué no se lo pedimos a Dios? Si nos faltan alegría, paz, paciencia y fuerza, ¿por qué no se las pedimos a él? La observación puede parecer obvia y evidente, pero ciertamente muchos de nosotros, al final, no lo hacemos. Por eso san Pablo exhorta a cada uno de nosotros a presentar a Dios todo lo que necesitamos para vivir en la alegría y la paz. A veces necesitaremos medios materiales, otras veces dones espirituales, pero lo esencial no cambia: ¿a quién podemos pedirle todo esto, si no a Aquel que es el dador de todo bien? Por tanto, primero pidamos y luego recordemos dar las gracias. Por lo general estamos dispuestos a pedir, pero no tanto a agradecer en cuanto hemos obtenido lo que pedíamos.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Mateo (Mt 21,33-43)
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchen otra parábola: había un hombre que poseía un terreno y plantó en él una viña. La rodeó con una cerca, excavó un lagar y construyó una torre. Luego la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Cuando llegó el tiempo de recoger los frutos, envió a sus siervos a los labradores para recoger la cosecha. Pero los labradores se apoderaron de los siervos: a uno lo golpearon, a otro lo mataron y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo a otros siervos, más numerosos que los primeros, pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su propio hijo, pensando: “¡Respetarán a mi hijo!”. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: “Este es el heredero. Vamos, matémoslo y nos quedaremos con su herencia”. Lo agarraron, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Por tanto, cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le respondieron: «Hará morir miserablemente a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su debido tiempo». Y Jesús les dijo: «¿Nunca han leído en las Escrituras: “La piedra que desecharon los constructores se ha convertido en la piedra angular; esto ha sido obra del Señor y es admirable a nuestros ojos”? Por eso les digo: a ustedes se les quitará el reino de Dios y se entregará a un pueblo que produzca sus frutos». – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
La parábola de los labradores y del dueño de la viña es un resumen de la historia de la salvación que Jesús hace a quienes tenían en sus manos el gobierno del pueblo y la promesa de Dios: los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. Como están cerrados a la palabra de salvación, Jesús intenta resquebrajar su presunta seguridad con un relato parabólico. Esta historia, que comienza con un sueño de amor, evoluciona después en una historia de fracasos, para terminar, sin embargo, en la victoria del amor: la cruz de Jesús. Dios saca la salvación de lo que fue desechado: nos salva por medio de su Hijo rechazado. El camino de nuestra redención es un camino en el que no faltan los fracasos. Tanto es así que incluso el último, el de la cruz, es un escándalo; pero precisamente allí vence el amor. No olvidemos este camino, aunque sea difícil. Si cada uno de nosotros hace un examen de conciencia, verá cuántas veces ha expulsado a los profetas, cuántas veces ha expulsado a Jesús queriendo salvarse por sí mismo, cuántas veces ha pensado tener la razón. El amor de Dios hacia su pueblo y hacia cada uno de nosotros se manifiesta en el sacrificio de su Hijo. Por tanto, es importante hacer memoria, en la historia de nuestra vida, de esa semilla de amor que Dios ha sembrado en nosotros.


