Textos tomados del Misalito “Sobre tu Palabra” julio-agosto de 2023
14.º domingo del Tiempo Ordinario (A)
2.ª semana del salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Zacarías (Zac 9,9-10)
Así dice el Señor: «Alégrate sobremanera, hija de Sion; grita de júbilo, hija de Jerusalén. Mira que tu rey viene a ti: justo y victorioso, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de asna. Hará desaparecer los carros de guerra de Efraín y los caballos de Jerusalén; romperá el arco de guerra, anunciará la paz a las naciones, y su dominio irá de mar a mar y desde el Río hasta los confines de la tierra». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Todo rey y caudillo de pueblos se presenta ante sus súbditos con demostraciones de poder y signos de grandeza. Así era en la antigüedad el faraón con su magnífica corte; o pensemos en el palacio del rey de Francia Luis XVI, cuyo jardín en Versalles tenía ocho mil hectáreas. En el judaísmo tardío se comienza a presentar la figura del futuro Mesías, del liberador tan esperado, no como una persona grandiosa desde el punto de vista de la visibilidad humana, sino como un rey humilde que llega montado en un asno. La imagen evoca inmediatamente la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos: la profecía de Zacarías se cumple literalmente. El rey universal no debe dominar a los pueblos en el plano del poder político, social o humano, sino en los corazones y las conciencias. Por eso será terrible, pero contra el demonio y el mal; para reinar en los corazones de los hombres, se presenta a sí mismo como amor divino, humilde y casto. Para ser acogido, el Señor se hace pequeño, renunciando a todas las manifestaciones exteriores: su realeza es el amor.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (Rom 8,9.11-13)
Hermanos, ustedes no están bajo el dominio de la carne, sino del Espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en ustedes. Si alguien no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece. Y si el Espíritu de Dios, que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en ustedes, el que resucitó a Cristo de entre los muertos dará vida también a sus cuerpos mortales, por medio de su Espíritu que habita en ustedes. Así pues, hermanos, no somos deudores de la carne para vivir según los deseos carnales, porque, si viven según la carne, morirán. Pero si por medio del Espíritu hacen morir las obras del cuerpo, vivirán. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
El apóstol Pablo es categórico, como siempre lo es la Palabra de Dios: no se puede vivir simultáneamente bajo el régimen de la carne y bajo el del Espíritu. Si el Espíritu Santo habita en nosotros, podemos sentir las tentaciones y las tensiones de la carne (los deseos carnales), pero estas serán solo la ocasión para situarnos aún más decididamente del lado de Dios y, por tanto, hacernos victoriosos en la resistencia y en la victoria sobre las pasiones. Una vez más, el corazón del hombre se manifiesta como un campo de batalla en el que se enfrentan “en singular combate” Dios y el demonio, la luz y las tinieblas, la santidad y el egoísmo, y nosotros somos atraídos de un lado y de otro. Cómo vencerlo lo sugiere el mismo apóstol: «hacer morir las obras del cuerpo». En otro pasaje encontramos: «den muerte a todo lo que hay de mundano en ustedes» (cf. Col 3,5). Dar muerte, hacer morir… son expresiones bastante fuertes. No hay nada que hacer: nuestro hombre viejo debe morir precisamente si queremos vivir en Cristo, en el Espíritu Santo. La vida de penitencia es esencial para el cristianismo.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Mateo (Mt 11,25-30)
En aquel tiempo, Jesús dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido en tu benevolencia. Todo me ha sido entregado por mi Padre; nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus vidas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera». – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Jesús nos revela cómo agradar al Padre: hacerse pequeños. El verdadero conocimiento de Dios no se alcanza mediante el esfuerzo del intelecto por sí solo, sino en la fe y en la caridad, porque Dios es amor. Además, el camino del conocimiento no puede ser otro que el elegido por el Padre desde la eternidad: el Hijo. Conocemos a Dios acogiendo a Jesús, alimentándonos de la verdad que sale de su boca y amándolo con todo el corazón. El yugo es el instrumento que se usaba antiguamente cuando se araba con bueyes: se colocaba sobre el cuello de los animales para que avanzaran en pareja al mismo paso, para que uno no fuera más rápido que el otro; así Jesús nos invita a llevar el yugo con él para avanzar a la misma velocidad. Imaginen estar “uncidos” con Jesús mientras trabajan, mientras caminan por la calle, mientras hablan con el dependiente del supermercado… No sentirán el peso, porque su yugo es ligero y, al mismo tiempo, nunca se sentirán solos, porque quien los acompaña es el Amor que perdona. «Vengan a mí»: ¡qué grito tan ferviente! Dios nos ama, y avanzar a su mismo paso no es difícil, sino agradable. Mi yugo -nos dice- pesa muy poco, casi nada. Pónganlo a prueba y se darán cuenta.


