6.º domingo de Pascua (B)
2.ª sem. sal.
Textos extraídos del Misalito «Sobre tu Palabra» mayo-junio de 2021
Estamos en pleno tiempo pascual y se acercan las grandes solemnidades de la Ascensión y Pentecostés. En este domingo el Señor nos invita a permanecer en su amor. Es una imagen muy hermosa: la fe consiste en permanecer unidos a Dios, inmersos en él, protegidos y envueltos por su amor misericordioso: como un niño en el vientre de su madre. ¿Cómo podemos permanecer concretamente en su amor? Jesús lo dice: «si observáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor». El Señor nos ha elegido uno a uno; no nos llama a cosas pequeñas, sino a cosas grandes: amar como él nos ha amado, ¡para hacer de nuestra vida una obra maestra!
PRIMERA LECTURA
De los Hechos de los Apóstoles (Hch 10,25-26.34-35.44-48)
Sucedió que, cuando Pedro estaba a punto de entrar [en la casa de Cornelio], este salió a su encuentro y se arrojó a sus pies para rendirle homenaje. Pero Pedro lo levantó, diciendo: «¡Levántate: yo también soy un hombre!». Entonces tomó la palabra y dijo: «En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea cual sea la nación a la que pertenezca». Pedro aún estaba diciendo estas cosas, cuando el Espíritu Santo descendió sobre todos los que escuchaban la Palabra. Y los fieles circuncisos que habían venido con Pedro se quedaron asombrados de que también sobre los paganos se derramara el don del Espíritu Santo; pues los oían hablar en otras lenguas y glorificar a Dios. Entonces Pedro dijo: «¿Se puede negar el agua del bautismo a estos que han recibido, como nosotros, el Espíritu Santo?». Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo. Después le rogaron que se quedara algunos días. Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
La decisión de Pedro de entrar en la casa del pagano Cornelio está guiada por el Espíritu. Allí Pedro comienza su tercer discurso, ya no dirigido a los judíos de Jerusalén que conocen los hechos de Jesús, sino en un ambiente pagano, donde han oído hablar de él, pero no conocen todos los detalles de los acontecimientos. Pedro proclama que solo en Jesús y en la fe en él se encuentra la salvación. Todos los que están escuchando y acogiendo la Palabra, que es Jesús, son invadidos por la fuerza divina: el Espíritu Santo desciende sobre ellos antes incluso de que Pedro haya terminado su discurso. Pedro y los suyos reconocen su descenso por el don de expresarse en lenguas nuevas, y es un momento de gran alegría. Pedro se deja instruir por el Señor y, con valentía, pide que los paganos sean bautizados en el nombre de Jesús. Ante la iniciativa divina, Pedro no quiere adelantarse a Dios y nos da una gran enseñanza: hay que ser dóciles a Dios, porque sus caminos no son nuestros caminos y sus pensamientos no son los nuestros.
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Juan (1 Jn 4,7-10)
Queridos hermanos, amémonos unos a otros, porque el amor procede de Dios: todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor de Dios entre nosotros: Dios envió al mundo a su Hijo único, para que nosotros tuviéramos vida por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo como víctima de expiación por nuestros pecados. Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
«Dios es amor». Juan no está desarrollando una reflexión teológica, sino que quiere presentar como válida para todos su experiencia de vida. Él es precisamente el discípulo que se define a sí mismo como amado por el Señor. Juan lo experimentó con una fuerza muy especial; así lo transmitió a las comunidades que le fueron confiadas y, al mismo tiempo, nos pide que seamos testigos de ello: el amor prevalece sobre todo. Ya no la esclavitud, el castigo ni la venganza, sino el perdón y la reconciliación. El amor no significa buenismo, dejar pasar todo sin darse cuenta de la gravedad de las situaciones, sino abrir el corazón para dejarnos perdonar por Dios, infinitamente misericordioso. En Dios nada es egocéntrico, sino que todo es un flujo y reflujo de entrega de sí mismo, acogida del otro y servicio con una disponibilidad absolutamente total. Dios amor es la fuente de la que debemos beber para todas nuestras relaciones humanas y para dar luz y fuerza a nuestra oración. Los cristianos pueden ser la sal y la levadura de un mundo sin esperanza, porque hunden sus raíces en un cielo habitado por Dios amor.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Juan (Jn 15,9-17)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Como el Padre me amó, también yo os he amado. Permaneced en mi amor. Si observáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he observado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea plena. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todo lo que he oído de mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, sino que yo os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Esto os mando: que os améis unos a otros». Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
«Ya no os llamo siervos,… sino que os he llamado amigos, porque todo lo que he oído de mi Padre os lo he dado a conocer». Experimentamos su amistad al escuchar la Palabra que nos ofrece, en los sacramentos, signos de su amor, y en la caridad fraterna. El Señor nos hace sus amigos: nos confía todo, se nos confía a sí mismo. ¡Qué confianza! ¿Y nosotros cómo respondemos, de qué manera somos sus amigos? ¿Deseamos comprometernos cada día por esta amistad? La amistad significa comunión en el pensar y en el querer, y para esta comunión de pensamiento con Jesús hace falta ejercitarse. Esto significa que, para llegar a conocerlo de un modo cada vez más personal, debemos escucharlo, vivir junto a él, permanecer con él. ¡Los amigos se hablan, se escuchan, se confían sus cosas! Necesitamos escucharlo leyendo la Sagrada Escritura, reflexionar sobre sus palabras y sobre su actuar delante de él, y rezar a solas con él. Solo así se desarrolla la amistad; solo así podemos ser capaces de llevar a Jesús a los demás, porque aprendemos de él a vivir y a actuar.

