El 16 de julio la Iglesia celebra a la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo. Se trata de una de las devociones más antiguas y queridas por el pueblo cristiano. En este artículo nos remontamos a las raíces de la devoción y descubrimos el origen y el profundo significado del escapulario, que no es un amuleto de la suerte, sino un signo de pertenencia a la Virgen.

Un poco de historia
Según la tradición, la Virgen se habría aparecido a un piadoso carmelita de la provincia inglesa, Simón Stock, quien, en sus oraciones, le suplicaba que favoreciera a su Orden con algún privilegio singular.
María se le aparece sosteniendo el escapulario en la mano y le dice: «Este es el privilegio para ti y para los tuyos; quienquiera que muera con este, se salvará».
No se conocen ni el lugar ni la fecha de la aparición, pero el profundo significado del relato de esta visión reside en que muestra el vínculo que existe entre los acontecimientos históricos de la Orden dedicada a María y las intervenciones personales de la Virgen en su favor.
Signo de pertenencia, signo de amor
El escapulario nos dice que María, nuestra Madre, se preocupó por dar una vestidura de protección a sus hijos: un signo tangible del vínculo único e indestructible que existe entre nosotros y ella. El escapulario, signo del amor de María, es por tanto, al mismo tiempo, un signo de pertenencia y de confiada entrega a ella, para que nos conduzca a su Hijo.

Llevar el escapulario significa entonces recibir a Jesús y a María dentro de nosotros y también significa entregarnos y volver a entregarnos. Por tanto, quien decide en su corazón emprender este «santo viaje» con María, sea joven o adulto, esté casado o no, acepta llevar con orgullo el hábito de la Virgen como su uniforme.
Las indulgencias y el Perdón del Carmen
Al uso del escapulario está vinculada además la indulgencia parcial, cuyo valor aumenta en proporción a las disposiciones de piedad y fervor de cada uno.

También se puede obtener la indulgencia plenaria en determinadas ocasiones: el día en que se recibe por primera vez el escapulario, en la fiesta de la Virgen del Carmen (16 de julio), de san Simón Stock (16 de mayo), de san Elías profeta (20 de julio), de santa Teresa de Lisieux (1 de octubre), de santa Teresa de Ávila (15 de octubre), de Todos los Santos Carmelitas (14 de noviembre) y de san Juan de la Cruz (14 de diciembre).
Para estas indulgencias plenarias se requieren las siguientes condiciones: Confesión, Comunión eucarística, oración por el Papa y la promesa de querer cumplir los compromisos de la asociación del escapulario.
Además, en el día de la fiesta de la Virgen del Carmen se puede obtener la indulgencia plenaria, para uno mismo o para las almas de los difuntos, desde el mediodía del 15 hasta todo el 16 de julio, con estas condiciones: visitar una iglesia o un oratorio carmelitano y, durante la visita, renovar la profesión de fe mediante el rezo del Credo; rezar el Padrenuestro; orar por las intenciones del Papa (Padrenuestro, Avemaría, Gloria al Padre u otra oración). Se trata del llamado «Perdón del Carmen».
Vivamos este día de fiesta con el deseo del papa Francisco: «Que la Virgen María, Madre y Reina del Carmen, acompañe vuestros pasos en el camino cotidiano hacia el Monte de Dios».

Lleva siempre contigo la «Súplica a la Virgen del Carmen»



