En este artículo pretendemos iluminar un “rincón” de la vida de Luigi y Zelia Martin - santos esposos y santos padres de nueve hijos, de los cuales solo sobrevivieron cinco hijas, todas consagradas al Señor en la vida claustral, entre ellas santa Teresita de Lisieux -, quizá poco conocido, pero que creemos significativo.
Luigi y Zelia son los «padres dignos del cielo», según la definición que de ellos da la propia santa Teresita. Podríamos sentirnos tentados a pensar entonces que, por eso, su vida fue siempre lineal, sin incertidumbres, y que no tuvieron los miedos y las dificultades que quizá nosotros experimentamos cada día con nuestros hijos. No fue así: estos santos esposos conocieron las dudas y los desconciertos que todo padre debe afrontar, como se puede comprender al centrarse en la relación que Zelia tuvo especialmente con una de sus hijas, Leonia, a quien hoy definiríamos como una niña “problemática”. Hemos extraído esta historia del libro Luigi y Zelia Martin. Padres dignos del cielo, Editorial Shalom.
Una hija difícil
Víctima de un complejo de inferioridad, debido a una serie de enfermedades durante su infancia y a una lentitud mental, además del dolor por la pérdida de su hermanita Elena, apenas un poco menor que ella, Leonia se encerró en sí misma y se volvió huraña y obstinada, también a causa de una criada que la sometía a su voluntad y la impulsaba a no obedecer a su madre.
Cariñosa pero indisciplinada, se convirtió en la preocupación constante de Zelia y, al mismo tiempo, en objeto de sus atenciones y ternuras. La propia madre la ayudó a estudiar el catecismo, la preparó para la Primera Comunión, la animó a hacer pequeños sacrificios y, para disponerla mejor a la celebración del sacramento, la llevó en peregrinación al santuario de la Inmaculada de Séez. Zelia percibe un cambio en el carácter de su hija Leonia cuando esta tiene casi 7 años y escribe: «Esta pobre niña me causa inquietud, porque tiene un carácter indisciplinado y una inteligencia poco desarrollada».

Educar con dulzura y amor, siempre abiertos a la esperanza
Aunque esta hija es tan diferente de las demás, la madre evita cuidadosamente las comparaciones inútiles que podrían hacer nacer un prejuicio negativo; al contrario, se alegra con cada destello de luz y siente que la esperanza se reaviva en su corazón: «Estoy más contenta con Leonia: hace lo que puede para mejorar; responde bien a las explicaciones cuando se le pregunta y sabe su catecismo a la perfección […]. Parece decidida a corregir sus defectos».
Por desgracia, la difícil situación se prolonga durante varios años, pero la madre, en lugar de mostrar signos de impaciencia, aprovecha cada oportunidad para entablar un diálogo con su hija y valorar cada uno de sus aspectos positivos: «Esta tarde la hice venir a mi lado para que leyera algunas oraciones, pero pronto se cansó y me dijo: “Mamá, cuéntame la vida de Nuestro Señor Jesucristo”. No estaba dispuesta a narrarla: es algo que me cansa mucho porque siempre me duele la garganta. Finalmente, hice acopio de fuerzas y le conté la vida de Nuestro Señor. Cuando llegué a la pasión, no podía contener las lágrimas. Me alegró ver en ella estos sentimientos».
Solo algunos años más tarde, Maria Martin, hermana de Leonia, descubrirá que la niña estaba sometida a la criada Luisa. Esta mujer había adoptado un método educativo basado en el miedo y las amenazas si Leonia no la obedecía en todo; por este motivo, su madre no podía llegar a su corazón.
Cuando se entera de la situación, Zelia intenta remediarla dando a su hija Leonia todo el amor del que había sido privada: «Ahora trato a esta niña con tanta dulzura que espero conseguir, poco a poco, corregir sus defectos. Ayer salió a pasear conmigo y fuimos a ver a las clarisas. Me dijo en voz baja: “Mamá, pide a las que están en el claustro que recen por mí para que me haga monja”. En fin, todo va bien; esperemos que siga así».
Ante las dificultades, aprendamos de Zelia Martin la esperanza y, junto a ella, en este Jubileo, hagámonos peregrinos de esperanza.
«Toda familia es siempre una luz, por tenue que sea, en la oscuridad del mundo», dijo el papa Francisco. La familia formada por Luigi y Zelia Martin continúa haciendo brillar su luz, que ilumina nuestro camino.
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