maggio alla scuola di fede della vergine maria

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Mayo: en la escuela de fe de la Virgen María

Devociones de mayo

Este año el mes de mayo está lleno de celebraciones. Recordemos ante todo las solemnidades de la Ascensión del Señor, el 16 de mayo; de Pentecostés, el 23 de mayo; de la Santísima Trinidad, el 30 de mayo; también se recuerda a algunas figuras que supieron perfumar su vida con el aroma del cielo, como santa Rita, san Felipe Neri y el beato Rolando Rivi.
El 23 de mayo, con Pentecostés, concluye el período pascual y estamos invitados a meditar y a dejar actuar en nuestro corazón al Espíritu Santo: siguiendo su voz, su suave brisa, podremos comprender que «el Espíritu viene a nosotros, con todas nuestras diversidades y miserias, para decirnos que tenemos un solo Señor, Jesús, un solo Padre, ¡y que por eso somos hermanos y hermanas! Partamos de aquí» (Papa Francisco).
El mes de mayo está tradicionalmente dedicado por la Iglesia a la Virgen María: una sana devoción a la Virgen es un instrumento eficaz para llegar al pleno conocimiento del Hijo de Dios.
Para celebrar dignamente a la Virgen, acudamos a ella con confianza, dediquémosle un momento de oración cada día, quizá descubriendo o redescubriendo la bellísima oración del santo Rosario.
Sobre todo, pongamos en el centro de nuestra meditación/reflexión la actitud interior fundamental de la Santísima Virgen ante Dios: la fe.
En la escuela de la fe, la Virgen es la mejor maestra, porque siempre mantuvo una actitud de confianza, apertura y visión sobrenatural, sucediera lo que sucediera a su alrededor.
María es la creyente que acoge la Palabra de Dios con fe. Así nos la presenta el Evangelio: «María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2,19). Intentemos también nosotros imitarla, hablando con el Señor, en un diálogo amoroso, de todo lo que nos sucede, incluso de los acontecimientos más ordinarios.
Su camino de fe, aunque de manera diferente, es similar al de cada uno de nosotros: hay momentos de luz, pero también momentos bastante oscuros con respecto a la voluntad divina. Pidámosle saber vivir las circunstancias de la vida ordinaria a la luz de la fe, también en los momentos de oscuridad. Que nos enseñe a estar completamente disponibles a la voluntad divina, aunque sea misteriosa, aunque a menudo no corresponda a nuestra voluntad, aunque las palabras del Señor sean difíciles de entender y aparentemente imposibles de acoger.
Si, como la Virgen, acogemos el don de la fe y ponemos toda nuestra confianza en el Señor, viviremos cada situación con la alegría y la paz de los hijos de Dios.

Al contemplar a María, pidámosle que nos ayude a vivir de fe y a reconocer a Jesús presente en nuestra vida.

¡Buen camino!

Mayo: en la escuela de fe de la Virgen María

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