Tradicionalmente, para la Iglesia, mayo es el mes de María y del Rosario. Esta connotación es aún más evidente este año, ya que el papa Francisco ha querido dedicar el mes a un maratón mundial de oración con el tema «De toda la Iglesia subía incesantemente la oración a Dios (Hch 12,5)», para invocar el fin de la pandemia.
Como explicó la nota del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, «con la oración del Rosario cada día del mes se caracteriza por una intención de oración por las diversas categorías de personas más afectadas por el drama de la pandemia». Estas son algunas de las intenciones que marcarán la oración: por quienes no han podido despedirse de sus seres queridos, por el personal sanitario, por los pobres, las personas sin hogar y quienes atraviesan dificultades económicas, y por todos los difuntos. La iniciativa «involucrará de manera especial a todos los santuarios del mundo, para que promuevan entre los fieles, las familias y las comunidades el rezo del Rosario para invocar el fin de la pandemia.
Treinta santuarios representativos, repartidos por todo el mundo, guiarán la oración mariana, que se transmitirá en directo por los canales oficiales de la Santa Sede a las 18:00 cada día.«Cada Santuario del mundo está invitado a rezar de la manera y en la lengua en que habitualmente se expresa la tradición local, para invocar la reanudación de la vida social, del trabajo y de las numerosas actividades humanas que quedaron suspendidas durante la pandemia», especificaba el comunicado, con el fin de «realizar una oración continua, distribuida por los meridianos del mundo, que sube incesantemente desde toda la Iglesia al Padre por intercesión de la Virgen María».
Entre los santuarios participantes estarán: la Virgen de Częstochowa en Polonia; la Basílica de la Anunciación en Nazaret; Nuestra Señora Aparecida en Brasil; Nuestra Señora de Luján en Argentina; la Santa Casa de Loreto en Italia; Nuestra Señora de Knock en Irlanda; la Virgen de los Pobres en Banneux, Bélgica; la Bienaventurada Virgen del Rosario de Fátima en Portugal; la Virgen Reina de la Paz en Medjugorje, Bosnia; Nuestra Señora de Lourdes en Francia; Nuestra Señora de Guadalupe en México; la Bienaventurada Virgen del Santo Rosario de Pompeya en Italia..
Será el propio Papa quien abra y cierre el mes, en lo que será una inmersión mundial en la oración del santo Rosario.

Mayo, mes de la Virgen: ¿por qué?
La tradición que asocia a la Virgen con el mes de mayo no tiene ningún fundamento en las Sagradas Escrituras. Se arraigó y se desarrolló a lo largo de los siglos, con la sucesión de iniciativas y celebraciones.
Las primeras huellas que la historia de la Iglesia nos ofrece sobre la tradición del mes de mayo se remontan a la Edad Media, concretamente al año 1100, cuando los filósofos de Chartres, en Francia, a la sombra de la gran abadía dedicada a la Virgen María, intentaron cristianizar las fiestas paganas en honor de la naturaleza en flor y de algunas divinidades femeninas, atribuyéndoles los rasgos de la Santísima Virgen María.
En el siglo XIII, Alfonso X, rey de Castilla y León, llamado “el Sabio”, en una de sus composiciones, “Las Cantigas de Santa Maria”, celebraba a María como: «Rosa de las rosas, flor de las flores, mujer entre las mujeres, única señora, luz de los santos y camino de los cielos».
Después debemos pasar por Alemania, donde el beato dominico Enrique Suso de Constanza, místico alemán que vivió entre 1295 y 1366, se dirigía así a la Virgen en el “Librito de la eterna sabiduría”: «¡Bendita seas tú, aurora naciente, sobre todas las criaturas, y bendito sea el prado florido de rosas rojas de tu hermoso rostro, adornado con la flor roja rubí de la Eterna Sabiduría!».
Mayo y el Rosario

En la Edad Media nació la tradición del Rosario como oración por excelencia dedicada a María. El origen del Rosario se encuentra, de hecho, en la costumbre de adornar las estatuas de la Virgen con guirnaldas de flores, especialmente rosas, la flor típica del mes de mayo. «Así como a la amada se le ofrecen guirnaldas de rosas, a la Virgen se le regalan guirnaldas de Avemarías», reza un motivo medieval.
Así nació la tradición del Rosario rezado en mayo. En el libro “Rezad el santo Rosario cada día, rezad juntos” se encuentra una interesante profundización sobre el nacimiento y la historia del Rosario.
En el siglo XVI, en Roma, san Felipe Neri, en su experiencia del oratorio, enseñaba a sus jóvenes a rodear de flores la imagen de la Madre de Dios, cantar sus alabanzas y ofrecer actos de mortificación en su honor.
Primeras publicaciones sobre el mes de mayo
El padre jesuita Aníbal Dionisi, nacido en Verona en 1679, publicó en 1725, bajo el seudónimo de Mariano Partenio, “El mes de María, o sea, el mes de mayo consagrado a María con el ejercicio de diversas flores de virtud propuestas a sus verdaderos devotos”. Entre las novedades del texto estaba la invitación a vivir y practicar la devoción mariana en los lugares cotidianos, en la vida ordinaria, no necesariamente en la iglesia, «para santificar ese lugar y regular nuestras acciones como realizadas bajo los purísimos ojos de la Santísima Virgen». El esquema indicado por el padre Dionisi es sencillo: oración (preferiblemente el Rosario) ante la imagen de la Virgen, meditaciones sobre los misterios eternos, pequeño sacrificio u homenaje, jaculatoria.
En 1785, otro jesuita, el padre Alfonso Muzzarelli, publicó “El mes de María, o sea, de mayo”.
La devoción mariana recibió un nuevo impulso gracias a la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción por parte del papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, y creció gracias al amor desmedido por la Virgen de santos como san Juan Bosco, quien en 1858 publicó su texto “El mes de mayo consagrado a María Santísima Inmaculada para uso del pueblo”. Don Bosco puso por escrito una meditación diaria para cada día del mes de mayo.
Recordemos también a san Luis María Grignion de Montfort con su “Tratado de la verdadera devoción a María”

Mayo, mes de María
Avanzando a grandes pasos, llegamos al 29 de abril de 1965, cuando el papa Pablo VI consagró oficialmente este mes a la figura de María con la encíclica Mense Maio, en la que se lee: «El mes en que, en los templos y entre las paredes del hogar, desde el corazón de los cristianos asciende hacia María, con mayor fervor y afecto, el homenaje de su oración y veneración. Y es también el mes en el que desde su trono fluyen hacia nosotros, más abundantes y generosos, los dones de la misericordia divina».
En el mismo documento, el Papa precisa el papel desempeñado por la Virgen en la economía de la salvación: «Nos resulta, por tanto, muy grata y consoladora esta piadosa práctica del mes de mayo, tan honrosa para la Virgen y tan rica en frutos espirituales para el pueblo cristiano. Porque María sigue siendo siempre el camino que conduce a Cristo. Todo encuentro con ella necesariamente se convierte en un encuentro con Cristo mismo. Y ¿qué significa el recurso continuo a María, sino buscar entre sus brazos, en ella, por ella y con ella, a Cristo nuestro Salvador, a quien los hombres, en las confusiones y peligros de aquí abajo, tienen el deber y sienten sin cesar la necesidad de acudir, como a puerto de salvación y fuente trascendente de vida?».
Cómo vivir el mes de mayo bajo el signo del amor a María

Las oraciones del mes mariano son muchísimas, precisamente porque la devoción dirigida a la Madre de Jesús durante este mes tan especial se ha desarrollado a lo largo de los siglos.
Ante todo, recordemos que el papa Francisco nos invita a realizar un maratón de oración con el Rosario. En un escrito autógrafo afirmó: «El Rosario es la oración de mi corazón».
Este es un mensaje importante del Santo Padre, de quien sabemos que tiene una devoción mariana muy fuerte. El Rosario, entre todas las oraciones de la Iglesia, es probablemente la más familiar y querida por todos, además de ser «la oración de los sencillos y de los santos», como recordó también el Papa. El Rosario es una oración que nos permite reflexionar, repasar un poco la vida del Señor y la presencia de María en los distintos misterios. Al mismo tiempo, es una oración que también podemos hacer cuando estamos cansados, ofreciendo al Señor nuestras súplicas por intenciones particulares.
Una buena manera de contemplar y rezar a María en el mes de mayo es dejarse acompañar por un santo enamorado de María, san Alfonso María de Ligorio: en el libro “El mes de mayo con las glorias de María” se tiene la oportunidad de meditar y rezar cada día del mes guiados por él.
Una práctica devocional muy difundida en el mes de mayo son los pequeños sacrificios, que se ofrecen a la Virgen. Se trata de pequeños sacrificios, compromisos y propósitos ofrecidos a la Virgen María como si le ofreciéramos una flor. Un signo de nuestro amor por ella y por Jesús, su hijo.
Naturalmente, el Rosario es la mejor expresión de devoción que se puede practicar en el mes de mayo.
¿Cómo podemos hablar a los más pequeños de mayo como mes dedicado a la Virgen?

Ante todo, hay que explicarles que el mes de mayo está dedicado a María, la madre de Jesús, porque es el mes de las flores, aquel en el que la naturaleza despierta a una nueva vida después de los rigores del invierno. Y María es la más hermosa de las flores, la primera que floreció después de la resurrección de Cristo, gracias a su promesa de salvación para todos los hombres.
Después podemos explicar a los niños cómo nació la oración del Rosario y contarles que antiguamente niños como ellos colocaban coronas de rosas en las estatuas de la Virgen. Cada rosa simbolizaba una oración, y de aquellas rosas nacieron las cuentas del Rosario. Además, sobre todo a los más pequeños, debemos recordarles que la Virgen no solo es la madre de Jesús, sino la madre de todos nosotros, la más bella, dulce y amorosa, constantemente dedicada a todos sus hijos para protegerlos, consolarlos y cuidar de ellos incluso en los momentos más difíciles.
