Camminiamo insieme
Medalla Milagrosa. La gracia obtenida por dos esposos
Tempo di lettura: 4 min
Autore: Marco Shalom
Cosa troverai in questo articolo?
La Medalla Milagrosa no es un amuleto ni un simple objeto decorativo: es un signo tangible de confianza en los cuidados maternales de la Virgen. Este testimonio nos demuestra que no se trata de una superstición, sino de una manera de invocar a María y pedir su intervención en nuestra vida.
La historia de dos esposos
Cristina y Giovanni se conocen en Turín, alrededor del año 2000. Él, de origen siciliano, está realizando un proceso de discernimiento vocacional; por eso, al principio, entre ellos nace únicamente una hermosísima amistad. Cuando el proceso llega a su fin (Giovanni comprende que el Señor no lo llama al sacerdocio), los dos comienzan una relación que culmina en el matrimonio. Sin embargo, poco después, esta pareja, muy devota de la Virgen, debe enfrentarse a una gran prueba: la imposibilidad de tener hijos. «El jefe del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Gemelli de Roma nos aconsejó que nos resignáramos - recuerda Cristina -, algo que nuestro ginecólogo de Turín ya nos había dicho varias veces». Unos cuatro años y medio después, Giovanni se encuentra dando clase a una clase de quinto de contabilidad muy difícil: cuando llega la época de las excursiones, ningún profesor quiere asumir la responsabilidad de acompañar a aquellos terribles chicos a París. Entonces, los estudiantes intentan una última opción: le piden, suplicantes, al profesor Giovanni. Él acepta, pero con una sola condición: deberán ir con él a un lugar. Durante la estancia en París, los chicos cumplen su palabra y acompañan al profesor al Santuario de Rue du Bac, precisamente donde nació la Medalla Milagrosa. Giovanni invita a sus alumnos, uno por uno, a arrodillarse y a pedir, junto con él, una gracia importante para su familia, sin especificar de qué se trata. Todos respetan la petición sin hacer preguntas. Al mes siguiente, Giovanni y Cristina se encuentran esperando a su primer bebé: ¡qué asombro! Y, con el paso de los años, la alegría de la familia se multiplicará: ¡llegarán, de hecho, otros cuatro hijos! El día del bautismo del primogénito, un amigo de la pareja, sin saber nada de esta historia, se presenta con una cesta: «Pensé que les gustaría tener un regalo para todos los invitados… He preparado estas Medallas Milagrosas para regalarlas». Giovanni y Cristina se quedan atónitos. Precisamente ese día, antes de entregarlas, cuentan a familiares y amigos lo que han vivido. Entre los presentes también hay algunos de los alumnos de aquella clase de quinto de contabilidad, testigos directos de aquella gracia... (La historia de Giovanni y Cristina fue contada por primera vez en un artículo de Francesca di Giovanni: Estudiantes descarriados de excursión a París rezan a María: obtienen un milagro para su profesor, publicado en la revista Puntofamiglia.net).
El origen de la devoción
La devoción a la Medalla Milagrosa está vinculada a la historia de santa Catalina Labouré (1806-1876). Nacida en una familia de campesinos franceses, tras la muerte de su madre -ocurrida cuando tenía 9 años-, Catalina siente un vínculo cada vez más fuerte con la Virgen María y, desde muy joven, comienza a percibir la llamada a consagrarse totalmente a Dios. Rechaza algunas propuestas de matrimonio, pero su padre, contrario a la posibilidad de que se haga monja, intenta mantenerla ocupada de todas las maneras posibles. Sus diversos intentos resultan inútiles: el 21 de abril de 1830 cede y permite que su hija, de veinticuatro años, ingrese en el seminario de la Rue du Bac, en París, en la congregación de las Hijas de la Caridad. En el convento, sor Catalina comienza a tener visiones de Jesús y de María. La más conocida tendrá lugar el 27 de noviembre de 1830. La Virgen le muestra las dos caras de la que será llamada Medalla Milagrosa, explicando: «Las personas que la lleven recibirán grandes gracias, y las gracias serán abundantes para quienes tengan confianza». Al principio, ni sor Catalina ni su director espiritual, el padre Aladel, se preocupan por atribuir un nombre especial a la Medalla. Se la llama de muchas maneras: «la Medalla», «la nueva Medalla», «la Medalla de María», «la Medalla que cura», «la Medalla de la Inmaculada». La denominación «milagrosa» se abre camino poco a poco, precisamente por la constatación de tantas y maravillosas gracias concedidas. A través del padre Aladel se documentaron, durante los primeros treinta y dos años, nada menos que 714 curaciones y conversiones relacionadas con ella.
El significado de las imágenes de la Medallita
El lado que representa a María la muestra en el acto de ofrecer el mundo a Dios. De sus manos salen unos rayos: signo de las gracias que María nos obtiene de su Hijo si la invocamos con confianza. Se leen las palabras: «Oh María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a ti», con las que le pedimos que interceda por nuestra causa. Por el otro lado, una «M» se entrelaza con una cruz: signo de la unión inseparable entre Cristo y su Madre. Debajo, dos corazones: el de Jesús, coronado de espinas, símbolo de la pasión vivida por nosotros, y el de María, atravesado por una espada, porque también ella sufrió con el Hijo por amor a nosotros. Doce estrellas rodean la imagen: son el símbolo de las doce tribus de Israel y de los doce apóstoles, que representan al pueblo de Dios y a la Iglesia; además, son el símbolo de la realeza de María.


