«Somos el polvo amado por Dios»: esto nos dice la liturgia del Miércoles de Ceniza, el día que marca el inicio de la Cuaresma, mediante el rito de la imposición de las cenizas.
Antes de descubrir cómo nació esta celebración y qué significado tiene para nosotros hoy, veamos cómo se lleva a cabo el rito de la imposición de las cenizas en tiempos de covid.
La imposición de las cenizas en tiempos de pandemia
La celebración anual del Miércoles de Ceniza, que nos introduce en el Tiempo de Cuaresma, tiene lugar este año en condiciones particulares. En un documento, la Congregación para el Culto Divino explicó cómo cambia el rito durante el covid.
Después de bendecir las cenizas y rociarlas con agua bendita, el sacerdote -precisa la nota- se dirige a los presentes recitando «una sola vez para todos la fórmula prevista por el Misal Romano: “Conviértanse y crean en el Evangelio”, o bien: “Recuerda, hombre, que polvo eres y al polvo volverás”».
A continuación, prosigue la nota, «el sacerdote se limpia las manos y se coloca la mascarilla para protegerse la nariz y la boca; después impone las cenizas a quienes se acercan a él o, si es oportuno, se acerca él mismo a quienes permanecen de pie en su lugar». El sacerdote, concluye, «toma las cenizas y las deja caer sobre la cabeza de cada uno, sin decir nada».
Todos los sacerdotes de la Iglesia católica deberán celebrar el rito de las cenizas utilizando esta nueva fórmula.
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El origen del rito de las cenizas
El origen del Miércoles de Ceniza se remonta a la antigua práctica penitencial. Originalmente, el sacramento de la penitencia no se celebraba en privado según las modalidades actuales, sino en una celebración pública.
La celebración de las cenizas nace precisamente con motivo de la celebración pública de la penitencia: la imposición de las cenizas constituía, en efecto, el rito que daba inicio al camino de penitencia de los fieles que serían absueltos de sus pecados la mañana del Jueves Santo.
Más tarde, el gesto de la imposición de las cenizas se extendió a todos los fieles y se situó, dentro de la Misa, al final de la homilía.
La ceniza utilizada en el rito se obtiene de las ramas de olivo bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior, que luego se queman y se conservan precisamente con este fin. Esta ceniza es bendecida por el sacerdote y se utiliza para trazar una cruz sobre la cabeza o la frente de los fieles durante la liturgia.
El significado bíblico de las cenizas
La ceniza con la que se cubre la cabeza aparece con frecuencia en el texto bíblico y asume un doble significado.
Ante todo, indica la condición débil y frágil del ser humano. Abrahán, dirigiéndose a Dios, dice: «Mira que me atrevo a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza…» (Gén 18,27). Job, reconociendo el profundo límite de su existencia, con un sentido de extrema postración, afirma: «Me ha arrojado al fango: me he convertido en polvo y ceniza» (Job 30,19). En muchos otros pasajes bíblicos puede encontrarse esta dimensión precaria del ser humano, simbolizada por la ceniza.
Pero la ceniza también es el signo externo de quien se arrepiente de sus actos y decide emprender un camino renovado hacia el Señor. Muy conocido, en este sentido, es el texto bíblico de la conversión de los habitantes de Nínive a causa de la predicación de Jonás: «Los habitantes de Nínive creyeron en Dios y proclamaron un ayuno, y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, se levantó de su trono, se quitó el manto, se cubrió de saco y se sentó sobre la ceniza» (Jon 3,5-6).

Somos el polvo amado por Dios
En el símbolo de las cenizas se entrecruzan, por tanto, la debilidad del ser humano y la esperanza cierta de una vida renovada, si tan solo tenemos el valor de “con-vertirnos”, es decir, de “cambiar de dirección”, regresando al Señor, que nos ama y siempre nos espera para regalarnos su abrazo.
El papa Francisco fusiona de manera maravillosa los dos sentidos del símbolo de las cenizas, en una síntesis que nos habla hoy y nos dice que nunca debemos abandonar la esperanza, porque somos hijos amados: «El polvo sobre la cabeza nos devuelve a la tierra, nos recuerda que venimos de la tierra y que a la tierra volveremos. Es decir, somos débiles, frágiles, mortales. A lo largo de los siglos y los milenios estamos de paso; ante la inmensidad de las galaxias y del espacio somos diminutos. Somos polvo en el universo. Pero somos el polvo amado por Dios. El Señor ha amado recoger nuestro polvo entre sus manos y soplar en él su aliento de vida (cf. Gén 2,7). Así somos polvo precioso, destinado a vivir para siempre. Somos la tierra sobre la que Dios ha derramado su cielo, el polvo que contiene sus sueños. Somos la esperanza de Dios, su tesoro, su gloria.
La ceniza nos recuerda así el recorrido de nuestra existencia: del polvo a la vida. Somos polvo, tierra, arcilla, pero si nos dejamos moldear por las manos de Dios nos convertimos en una maravilla. Sin embargo, a menudo, sobre todo en las dificultades y en la soledad, ¡solo vemos nuestro polvo! Pero el Señor nos anima: lo poco que somos tiene un valor infinito a sus ojos. Ánimo, hemos nacido para ser amados, hemos nacido para ser hijos de Dios» (papa Francisco).
De “Polvo eres…” a “Conviértanse”
También la fórmula que acompaña la imposición de las cenizas ha cambiado con el tiempo: originalmente era «Recuerda, hombre, que polvo eres y al polvo volverás», tomada del libro del Génesis (3,19).
Después de la reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II, esta frase permaneció como opción y se añadió esta invitación de Jesús: «Conviértanse y crean en el Evangelio» (Mc 1,15), que expresa, además del aspecto penitencial, el aspecto positivo de la Cuaresma, que es tiempo de conversión, oración asidua y regreso a Dios.
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Ayuno y abstinencia de carne
El Miércoles de Ceniza es día de ayuno y abstinencia de carne (al igual que el Viernes Santo, mientras que los viernes de Cuaresma se invita a abstenerse de comer carne). Como recuerda uno de los prefacios de Cuaresma, «con el ayuno cuaresmal» es posible vencer «nuestras pasiones» y elevar «el espíritu». El ayuno significa abstenerse de alimentos, pero incluye otras formas de privación para llevar una vida más sobria. Este «constituye una importante ocasión de crecimiento», explicó el papa Francisco, porque «nos permite experimentar lo que sienten quienes carecen incluso de lo estrictamente necesario» y «nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo», despertando «la voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre».
Algunos consejos para vivir plenamente el Tiempo de Cuaresma
Si vivimos la Cuaresma desde la perspectiva que nos indica el papa Francisco, podremos descubrir ciertamente que se trata de un tiempo de gracia, de un tiempo de conversión, de un tiempo de desierto y de silencio, en el que estamos invitados a entrar en nosotros mismos, a ponernos ante el Señor, para descubrirnos al mismo tiempo pequeños y frágiles, pero también infinitamente amados.
Concluyamos, por tanto, con algunas sugerencias para vivir plenamente, en la oración, este tiempo y para conseguir que no pase como un tiempo cualquiera, sino que deje huella en tu interior y te conduzca a una vida como hijo de Dios, a una vida profundamente renovada:
- Adoremos al Santísimo Sacramento vol. 2 - Oraciones para la Cuaresma
- Sanación y liberación mediante el ayuno
- Via Caritatis - Vía crucis con el beato Carlo Acutis
- Vía crucis - Propuestas de oración y meditación para todos
- “Nadie tiene un amor más grande que este” La Pasión en la Palabra
¡Buen camino!
