Coroncina breve all'Addolorata

Editrice Shalom

Tempo di lettura: 5 min
Autore: Editrice Shalom

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Extraída del libro “Rezad, rezad, rezad”, Shalom, código 8001
Se reza utilizando la corona especial de la Dolorosa, código 10997

Señal de la cruz

Por la señal de la santa cruz, Señor, líbranos del mal.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oh Dios, ven a salvarme.
Señor, ven pronto en mi ayuda.

Gloria al Padre.

Secuencia al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo, envíanos desde el cielo un rayo de tu luz.
Ven, padre de los pobres, ven, dador de dones, ven, luz de los corazones.
Consolador perfecto, dulce huésped del alma, dulcísimo alivio.
En el esfuerzo, descanso; en el calor, refugio; en el llanto, consuelo.
Oh luz beatísima, penetra en lo más íntimo del corazón de tus fieles.
Sin tu fuerza, nada hay en el hombre, nada que esté libre de culpa.
Lava lo que está sucio, riega lo que está árido, sana lo que está herido.
Doblega lo que es rígido, calienta lo que está frío, endereza lo que está torcido.
Concede a tus fieles, que solo en ti confían, tus santos dones.
Concede virtud y recompensa, concede una muerte santa, concede alegría eterna. Amén.

Credo

Símbolo de los apóstoles

Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, (a estas palabras se hace una inclinación) que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Primera meditación

Virgen Dolorosa, al meditar las palabras que te dijo el santo anciano Simeón durante la presentación en el templo de tu Hijo Jesús: «Y a ti misma una espada te atravesará el alma» (Lc 2,35a), haz que comprenda tu dolor y concédeme saber compadecer siempre a cuantos sufren en el alma y en el cuerpo.

Padre nuestro • 7 Avemarías • Gloria al Padre

Segunda meditación

Virgen Dolorosa, cuando Herodes ordenó la matanza de los niños para matar también a tu Hijo Jesús, ¡cuánto dolor experimentaste en tu corazón de madre por tantas muertes inocentes! Obtén para esta humanidad saber respetar, favorecer y promover la vida desde la concepción hasta la muerte natural.

Padre nuestro • 7 Avemarías • Gloria al Padre

Tercera meditación

Virgen Dolorosa, cuando te diste cuenta de la desaparición de tu Hijo Jesús, ¡qué grandes fueron el dolor y la angustia al buscarlo durante tres días, hasta encontrarlo en el templo de Jerusalén, mientras discutía con los doctores de la Ley! Obtén para cuantos viven lejos de tu Hijo que encuentren de nuevo el camino de la Iglesia mediante la escucha de la palabra de Dios.

Padre nuestro • 7 Avemarías • Gloria al Padre

Cuarta meditación

Virgen dolorosa, cuando en el Calvario viste a tu Hijo Jesús tendido en la cruz, despojado de sus vestiduras, ¡cuánto dolor experimentaste! Al oír cómo lo insultaban y se burlaban de él, ¡cuánta amargura en tu corazón de madre!

Concede a quienes se dedican a cuidar de los que sufren sensibilidad, disponibilidad y amor, y a todos respeto por quienes se encuentran en situación de marginación.

Padre nuestro • 7 Avemarías • Gloria al Padre

Quinta meditación

Virgen dolorosa, tú que a los pies de la cruz recibiste las últimas palabras de tu Hijo Jesús: «¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!» (Jn 19,26b), no apartes nunca tus ojos misericordiosos de nosotros, pecadores, y concédenos cerrar la historia de nuestra vida terrena en paz con Dios y con los hermanos, confortados por los sacramentos y asistidos por tu presencia.

Padre nuestro • 7 Avemarías • Gloria al Padre

Sexta meditación

Virgen dolorosa, cuando la espada del soldado atravesó el costado de tu Hijo Jesús, también el tuyo quedó desgarrado por el dolor, como te había predicho el anciano Simeón. Concede a quienes se obstinan en el pecado que abran su corazón a la gracia, y a todos sensibilidad ante las necesidades del prójimo, sin encerrarse en su egoísmo.

Padre nuestro • 7 Avemarías • Gloria al Padre

Séptima meditación

Virgen dolorosa, cuando depositaste el cuerpo de tu Hijo Jesús en el sepulcro, ciertamente no perdiste la fe ni la esperanza en la resurrección. Concédenos también a nosotros mantener siempre viva la fe en la vida eterna y en la resurrección de los muertos, para que todos consideren el sepulcro solo como una pausa en espera de la resurrección y de la gloria eterna.

Padre nuestro • 7 Avemarías • Gloria al Padre

Oremos

¡Santa María, Virgen dolorosa! Junto a la cruz de tu Hijo eres la humanidad obediente y fiel, dócil a la palabra, abierta al Espíritu. Vuelve a dirigir tus ojos misericordiosos hacia cuantos hayan extraviado el camino del bien y perdido la conciencia del pecado, para que no se haga vana la cruz de Cristo.

¡Santa María, Virgen dolorosa! A los pies de la cruz de tu Hijo eres imagen de la piedad pura, inmensa y solícita. Vuelve a dirigir tu mirada de amor hacia las necesidades de tu pueblo, clavado por las enfermedades o el hambre, desnudo en la soledad o la duda, sangrante por las heridas de la violencia o del odio.

¡Santa María, Virgen dolorosa! Junto a la cruz de tu Hijo eres presencia silenciosa, rostro de la fe, imagen de fidelidad. Vela por todos nosotros y ayúdanos a convertirnos en humildes instrumentos de reparación, para combatir el daño que el pecado causa a la edificación del reino, para vencer el odio con el amor y la indiferencia con la entrega de uno mismo.

A ti, Virgen dolorosa, gloriosa madre de Dios y madre nuestra, la alabanza agradecida y perenne. Transforma esta alabanza en un himno festivo de gloria a la inefable santa Trinidad. Amén.


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