En la historia de la espiritualidad católica, muchos místicos y santos tuvieron apariciones de almas del Paraíso, del Purgatorio y, a veces, también del Infierno.
San Gregorio Magno, santa Gertrudis, santa Teresa de Ávila, santa Brígida, santa Verónica Giuliani, santa Faustina Kowalska, santa Gema Galgani, san Pío de Pietrelcina… y muchos otros santos y beatos tuvieron, en particular, visiones de las almas del Purgatorio.
También a Natuzza Evolo, la mística de Paravati, una mujer sencilla, casi analfabeta y humilde, se le aparecieron las almas del Purgatorio en numerosas ocasiones a lo largo de su vida. Las almas de los difuntos no se le aparecían porque ella las invocara, sino únicamente por voluntad de las propias almas y con permiso divino.
Natuzza nunca se hizo intermediaria de peticiones o preguntas a los difuntos, sino que siempre invitó a todos a rezar al Señor y a hacer celebrar sufragios y santas Misas. El ángel custodio siempre la informaba sobre qué almas del más allá tenían mayor o menor necesidad de oraciones.
En nuestro tiempo, incluso muchos cristianos devotos no creen en la existencia del Paraíso, el Purgatorio y el Infierno. Las almas de los difuntos reafirmaron ante Natuzza su existencia; la mística, con sus visiones, confirmó, por si hiciera falta, la enseñanza de la Iglesia sobre lo que sucede inmediatamente después de la muerte: el alma del difunto es conducida por su ángel custodio ante Dios, que juzga toda su existencia.
Las almas del Purgatorio pedían, por medio de la mística, oraciones, sufragios, limosnas y santas Misas para abreviar su propia pena.
Los numerosos testimonios sobre las visiones de Natuzza, que se encuentran en el texto “Natuzza Evolo. Una madre para todos”, concuerdan con el Magisterio y nos muestran qué significan la infinita misericordia y justicia de Dios.
La enseñanza de Natuzza sobre el Purgatorio puede ser muy útil para la salvación del alma de los católicos del siglo XXI que quieran escucharla.

