María santísima, Madre de Dios (s)
Liturgia de las horas propia
En este primer día del nuevo año, iluminados por la palabra de Dios, como María y con ella acogemos la bendición de Dios: «Que el Señor nos bendiga y nos proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre nosotros y nos conceda su gracia. Que el Señor vuelva su rostro hacia nosotros y nos conceda la paz». ¡Feliz año!
Textos extraídos del Misalito «Sobre tu Palabra», bimestre enero-febrero de 2021.
PRIMERA LECTURA
Del libro de los Números (Nm 6,22-27)
El Señor habló a Moisés y le dijo: «Habla a Aarón y a sus hijos y diles: “Así bendecirán a los israelitas: les dirán: Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su gracia. Que el Señor vuelva su rostro hacia ti y te conceda la paz”. Así pondrán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré». - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
La primera lectura que la liturgia nos propone al comienzo del año nos habla de «bendición», literalmente, «decir bien» de alguien: «Que el Señor te bendiga y te proteja». El Señor habla con nosotros y de nosotros de una manera hermosa, positiva y fecunda. O mejor dicho, acoge cada una de nuestras dificultades, sufrimientos y enfermedades, convirtiendo así cada cosa en un fragmento de vida divina. El año 2020 fue sin duda un año difícil y pesado; probablemente trastornó la vida de muchos de nosotros. Sin embargo, hoy más que nunca estamos llamados a una auténtica esperanza cristiana: no está hecha de ilusión ni de la ingenuidad de niños poco conscientes; la esperanza -acompañada de la fe y la caridad- traza, más bien, un camino de luz hacia el bien y hacia el «reencontrar a Dios». La bendición que recibimos todos juntos al comienzo del año es muy diferente de un banal y falso: «Todo irá bien»; el año que acaba de pasar ha demostrado que no es en absoluto seguro que sea así. Habrá fatigas, enfermedades y dificultades, pero podremos vivir cada cosa con el Señor a nuestro lado; en él descubriremos la profunda alegría que se oculta y habita en cualquier acontecimiento.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (Gál 4,4-7)
Hermanos, cuando llegó la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiéramos la adopción filial. Y la prueba de que ustedes son hijos es que Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abbá! ¡Padre!». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, también eres heredero por gracia de Dios. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
María santísima, en la «plenitud del tiempo», ofrece su plena disponibilidad a Dios, para que el Padre pueda realizar su designio de amor en cada ser humano. Hoy también es para nosotros la «plenitud del tiempo»: el tiempo en que pasamos de ser esclavos a ser hijos. El primer paso para ser hijos nos fue dado en el Bautismo, el don de la vida nueva en Cristo. Posteriormente, la vida sacramental -la Eucaristía al menos semanal y la Confesión frecuente- nos da la fuerza para perseverar en las innumerables dificultades que se presentan cada día. San Pablo afirma en esta carta que precisamente hoy es la «plenitud del tiempo», de manera semejante a como lo fue hace 2000 años. Desde esta perspectiva, tampoco el 1º de enero de 2021 es un tiempo vacío, que pueda desperdiciarse o emplearse únicamente en festejar. Participar en la santa Misa nos abre entonces al diálogo con Dios, para agradecerle el año pasado y comenzar a alabarlo por el año que se presenta. Cada momento del día y del año es adecuado para entonar: «Te alabamos, Dios, te damos gracias, Señor».
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 2,16-21)
En aquel tiempo, [los pastores] fueron rápidamente y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho acerca del niño. Todos los que los oían se admiraban de lo que les decían los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón. Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días prescritos para la circuncisión, le pusieron el nombre de Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción en el seno materno. - Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Comenzando por los pastores, todos los que escuchan el anuncio de las circunstancias del nacimiento de Jesús están colmados y desbordan de asombro: glorifican y alaban a Dios «por todo lo que habían oído y visto». Distinta es la actitud de María santísima: aunque está mucho más cerca y participa más plenamente de lo sucedido, simplemente «conserva» y «medita en su corazón». ¿Qué significó para María conservar y meditar? ¿Y para nosotros hoy? María no hace ruido, nunca se la oye gritar, no es una presencia molesta, sino absolutamente humilde y constructiva al mismo tiempo. Si en el nacimiento del Hijo «conservaba», bajo la cruz «estaba»; ni una palabra. Para María, conservar también significa acoger bajo su manto a cada hombre y cada mujer de la tierra, vivir en comunión con cada uno. Para cada uno de nosotros, conservar y meditar podría significar reservar un momento del día para dedicarlo a la gratitud y al servicio gratuito a Dios y a los hermanos; llegar a mirar nuestra existencia no solo con ojos humanos, sino en el reflejo de Dios, según su perspectiva, a menudo muy distinta de la nuestra.

