Las palabras y la retórica eran lo más alejado de la vida y la fe del padre Matteo Pettinari, que regresó a la casa del Padre el 18 de abril, mientras se encontraba en Costa de Marfil en misión con los Misioneros de la Consolata. Y es precisamente pensando en él que este artículo no quiere recordar su muerte, sino celebrar su vida llena de luz y de fe.
Es cierto, la noticia de su fallecimiento, ocurrido en un accidente de tráfico, conmocionó a Monte San Vito (AN), su ciudad, a la diócesis de Senigallia, en la que había crecido, y a tantas personas que, como yo, habían tenido el regalo de conocerlo y compartir con él parte del camino.
El padre Matteo era sacerdote desde hacía 17 años y ya llevaba 13 años haciendo de África su nuevo hogar. Pasó la mayor parte de su vida misionera en Costa de Marfil, concretamente en Sogo, San Pedro y Dianra Village, donde contribuyó decisivamente a la construcción de una iglesia, utilizando materiales locales y con la participación de la población local. Era párroco, pero también dirigía un centro sanitario en el que se atendía asimismo a personas con problemas de salud mental. Un servicio constante el suyo en favor de los marfileños más necesitados.

Y, sin embargo, incluso en el dolor, deberíamos recordar que su vida junto a los últimos estuvo llena de felicidad y de dones de Dios: «Lo que África me ha enseñado -había dicho el padre Matteo hace algunos años en una entrevista a La voce misena”, publicación periódica de la diócesis de Senigallia- es a vivir la vida no a partir de los problemas que existen o no existen, que podrían existir o no, sino de las relaciones, que, en cualquier caso, siempre son la sal, la alegría y la riqueza de la vida cotidiana. Cuando estoy en Dianra, me gusta decir que tenemos mil problemas, pero mil y una soluciones, en el sentido de que las dificultades, las crisis y la precariedad de cualquier tipo no pueden determinar el estilo con el que afrontamos los días».
También el papa Francisco quiso recordar al padre Matteo durante el Ángelus del 21 de abril: «Con dolor recibí la noticia de la muerte en un accidente del padre Matteo Pettinari, joven misionero de la Consolata en Costa de Marfil, conocido como el misionero incansable, que dejó un gran testimonio de servicio generoso. Recemos por su alma».

Intentemos, por tanto, recordar con alegría al padre Matteo, su vida de fe y solidaridad, su valentía para acoger la invitación de Jesús: «Ven y sígueme» y llegar hasta él precisamente allí donde es más difícil dar testimonio de él. Dejemos que su testimonio y su ejemplo den frutos en nuestra vida y nos ayuden a buscar la mirada de Jesús en los últimos, los pobres y los abandonados.

