Quienes tratan con jóvenes saben bien que llega un momento en que interrumpen la comunicación, se refugian en sí mismos, son celosos de su espacio y cierran la puerta ante nuestras preguntas o preocupaciones.
La juventud es una etapa bellísima, pero también difícil: el mundo se abre ante los jóvenes con todas sus perspectivas y, a menudo, se sienten desorientados, no saben qué camino tomar y están llenos de dudas y miedos.

Como padres o educadores, quisiéramos conseguir atravesar los muros de silencio que se crean en esta situación, pero tampoco para los adultos es fácil entender cómo acompañar a los jóvenes en la plena realización de su vida. A menudo se siente la necesidad de dialogar, de contar con una guía… aunque solo sea una palabra capaz de indicarnos el mejor camino
Vienen entonces a la mente las figuras de grandes santos que pusieron a los jóvenes en el centro de su corazón y de su misión, y que supieron hablarles y guiarlos hacia la realización de una vida plena, de una alegría plena: san Juan Bosco, san Felipe Neri, san Francisco de Sales, por citar solo algunos…
Precisamente para poder hablar con los jóvenes, obra maestra de Dios, Juan Pablo II ideó las Jornadas Mundiales de la Juventud, iniciativa a la que se sumaron Benedicto XVI y Francisco. Sus discursos son un tesoro por redescubrir, y el padre Lorenzo Galbiati nos permite saborear toda su riqueza en su último libro: un cofre único e inestimable que contiene numerosos motivos de meditación para quienes viven esta etapa extraordinaria y difícil que es la juventud, y para quienes acompañan a los jóvenes en la realización de su «obra maestra».


