pasqua la festa della gioia

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Pascua: la fiesta de la alegría

La Pascua es la fiesta de la alegría, es la fiesta de las fiestas, es la fiesta que da origen a todas las demás. ¿Por qué? ¿Qué ha sucedido de nuevo? ¿Cuál es ese acontecimiento que provoca el gran grito de alegría, una alegría que nadie es ya capaz de apagar y nadie puede sofocar? El acontecimiento supremo que nos llena de alegría es Cristo Resucitado; él ha vencido a la muerte y está vivo en medio de nosotros: «¡Cristo ha resucitado, ha resucitado verdaderamente! Aleluya». 

Otro tipo de alegría

Y, por tanto, la verdadera alegría no tiene nada que ver con la euforia, «no es algo que se compra en el mercado», ni tampoco se obtiene con gran esfuerzo; más bien, «es un don de Dios» (papa Francisco).
Es la alegría de las mujeres y de los discípulos ante su Maestro porque está nuevamente vivo. 
Es una alegría verdadera, profunda, basada en la certeza de que Cristo está vivo y actúa en la Iglesia y en el mundo.
Es una alegría duradera y estable, porque Cristo resucitado de entre los muertos ya no muere más (cf. Rm 6) y ahora vivimos en su presencia. 
Es una alegría que no se agota, porque está destinada a crecer hasta el fin del mundo. 
Es una alegría sin fin porque Cristo resucitado nos injerta en su vida, nos hace partícipes de su vida nueva.
Es una alegría que llena cada vez más el corazón, porque nace del encuentro con una Persona: Jesús. Solo él puede dar la verdadera alegría.

Acoger la alegría

Todos estamos llamados a acoger esta alegría en nuestra vida. Se nos da cada día en la Eucaristía, en la que se renueva, de manera sacramental, el misterio pascual. La vida de la gracia, que llevamos dentro de nosotros desde el momento del Bautismo, es vida de Cristo resucitado. En consecuencia, con la gracia habita en nosotros una alegría que nada ni nadie nos puede quitar, según la promesa de Jesús: «Vuestro corazón se alegrará y nadie podrá quitaros vuestra alegría» (Jn 16,22).
En esta Pascua Jesús quiere que seamos personas llenas de alegría. Acudamos a él para obtener la alegría que necesitamos para vivir como hijos y comprometernos a dar testimonio de ella con valentía y fuerza, sabiendo que con el Señor resucitado, que está con nosotros, camina con nosotros, permanece con nosotros, la vida es siempre maravillosa. 

En tu presencia, Señor

(oración del Congo) 

Hoy nada me impedirá danzar
Hoy nada me impedirá tocar
Hoy nada me impedirá cantar
y toda la humanidad quedará conmovida:
¡yo soy el hombre, la mujer, de la alegría de vivir!
Hoy… ni hambre, ni pobreza, ni enfermedad, 
ni sequía, ni guerra, ni miseria:
¡hoy es Pascua!
Nada me impedirá alabarte, danzarte y cantarte. 
Tú has resucitado y me salvas,
tú has resucitado y me haces vivir.
¿Quién, mejor que yo, podría danzar?
¿Quién, mejor que yo, puede tocar el tambor?
Hoy, Señor, sobre las cenizas de mi vida, 
sobre los esqueletos de la guerra y del hambre, sobre la aridez de nuestras sequías…
te canto, danzo por mis hermanos y hermanas que han perdido el canto y la alegría,
que han perdido la sonrisa y la danza… ¡porque tú has resucitado! Amén.

¡Feliz Pascua en la alegría del Resucitado!


Pascua: la fiesta de la alegría

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