El Tiempo Ordinario
El Tiempo Ordinario es el período en el que la vida en el Espíritu está destinada a profundizarse y concretarse, con el fin de conducirnos a una mayor madurez en la fe. El Tiempo Ordinario se define así no en el sentido de que sea un tiempo de poca importancia, sino como el tiempo en el que se recuerda la misión cotidiana del Señor, excluidos los grandes misterios, como la Encarnación del Hijo de Dios, precedida por el Adviento, y el Misterio pascual, precedido por el tiempo fuerte de la Cuaresma.
Vivir el Tiempo Ordinario en el año del Jubileo
En este año jubilar, en el que celebramos los 2025 años del nacimiento de Cristo, es bueno reafirmar que los cristianos somos «peregrinos de esperanza», capaces de mirar el futuro con confianza y de considerarnos siempre en camino «hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, hasta alcanzar la medida de la plenitud de Cristo» (Ef 4,13). Asumir el misterio de Cristo en nuestra vida ordinaria significa tomarnos en serio el hecho de ser discípulos que escuchan y siguen al Maestro en la vida cotidiana, convirtiéndola en un momento salvífico. Significa asumir la tarea de llevar la Buena Nueva, de hacernos peregrinos de esperanza y de paz por los caminos del mundo, con la fuerza del Espíritu Santo, que nos convierte en testigos valientes del Evangelio y constructores de una nueva humanidad. El Jubileo se convierte así en una primera etapa decisiva que orienta «el camino hacia otra celebración fundamental para todos los cristianos: en 2033, en efecto, se celebrarán los dos mil años de la Redención cumplida mediante la pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús. Nos encontramos así ante un itinerario marcado por grandes etapas, en las que la gracia de Dios precede y acompaña al pueblo que camina con celo en la fe, activo en la caridad y perseverante en la esperanza (cf. 1 Tes 1,3)» (SNC 6).
Algunas ayudas para vivir el Tiempo Ordinario
En la peregrinación de la vida ordinaria caminamos hacia la patria celestial y, para avanzar más rápidamente, se nos ofrecen algunas ayudas:
• La Palabra de Dios es luz para nuestro camino a través de la desbordante belleza del Evangelio, y estamos invitados a verificar en él nuestra existencia.
• La “fracción del pan” es un don y una ofrenda permanente del Señor a su Iglesia. La Eucaristía es el pan de los ángeles, el alimento de los hijos de Dios.
• El domingo, centro del Tiempo Ordinario, es el día del encuentro semanal con el Señor resucitado. Un día que nos recuerda con fuerza la necesidad de una relación equilibrada entre trabajo y descanso; un día en el que debemos salvaguardar, en medio de todo nuestro “hacer”, un espacio de gratuidad para celebrar el amor de Dios que nos salva. El Prefacio X para los domingos del Tiempo Ordinario canta: «Hoy tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra y en la comunión del único pan partido, hace memoria del Señor resucitado, a la espera del domingo sin ocaso, cuando toda la humanidad entrará en tu descanso».
• El sacramento de la Reconciliación es un consuelo lleno de amor que permite comenzar de nuevo cada día sin el peso de los pecados.
• La oración cotidiana y perseverante ofrece la oportunidad de adherirnos a Cristo, mediante un camino constante y progresivo para llegar a revestirnos de él.
De este modo, el Tiempo Ordinario se convierte en una prolongación natural del Jubileo, un tiempo de crecimiento y maduración, en el que el misterio de Dios, a quien encontramos en el rostro y en la palabra de Jesús, nos impulsa a mostrar con hechos el descubrimiento de la novedad introducida en la historia por la Pascua de Jesús.
¿Tienes alguna idea para vivir plenamente el Jubileo durante este Tiempo Ordinario? ¡Compártela en los comentarios!
