El día después de Pascua es un día de fiesta, pero esto no nos sorprende, porque la liturgia nos enseña que, a partir del día de Pascua, en realidad es Pascua -y, por tanto, fiesta- durante ocho días (llamados octava de Pascua), que concluyen con el domingo de la Divina Misericordia, que este año celebramos el 16 de abril.
La Pascua indica, por tanto, el inicio de la fiesta y de la vida como resucitados, es decir, como renacidos en Cristo, y el lunes después de Pascua inaugura la fiesta que continúa.

Pero ¿por qué este día, dedicado habitualmente a las excursiones fuera de la ciudad, se llama lunes del Ángel? El nombre, de tradición popular, hace referencia al hecho de que el día después de Pascua se recuerda el encuentro de las mujeres que llegaron al sepulcro con el ángel que les anuncia la resurrección de Jesús: «¡No tengan miedo! Ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí» (Mt 16,6).
El papa Francisco comenta así este encuentro: «La imagen del ángel sentado sobre la piedra del sepulcro es la manifestación concreta y visible de la victoria de Dios sobre el mal. De las palabras del ángel podemos recoger una valiosa enseñanza: no nos cansemos nunca de buscar a Cristo resucitado, que da vida en abundancia a cuantos lo encuentran».
Hagamos resonar en el corazón, entonces, en este lunes del Ángel, las palabras del ángel: «No está aquí. Ha resucitado» y sigamos viviendo como resucitados, ¡como portadores de luz!






