«¿Por qué sufren los niños?», esta pregunta se planteó insistentemente el papa Francisco entrevistado por Fabio Fazio el 6 de febrero de 2022. En el día en que la Iglesia recuerda a los Santos Inocentes mártires, queremos plantearnos, por tanto, la misma pregunta, no tanto para buscar respuestas a lo que sigue siendo un misterio, sino para recordar la importancia de proteger a los pequeños, defendiendo ante todo su derecho a la vida desde la concepción y protegiéndolos de toda forma de violencia. Por desgracia, el sufrimiento de los inocentes sigue siendo un tema tristemente actual.
Los Santos Inocentes: flores de los mártires
El Evangelio relata un hecho terrible de inocencia violada: Mateo narra que Herodes «mandó matar a todos los niños que había en Belén y en todo su territorio, de dos años para abajo» (Mt 2,16).
La Iglesia venera a estos Inocentes como mártires desde los primeros siglos y los recuerda cerca de Navidad porque fueron arrebatados a la vida poco después de la venida de Cristo al mundo. La muerte de los Santos Inocentes nos sitúa ante la paradoja de que murieron en lugar de Cristo, ¡que vino a morir por ellos! Los Santos Inocentes, que perdieron su joven vida por Cristo y por su Evangelio, fueron de los primeros en entrar en la alegría de la vida eterna.
Prudencio, poeta del siglo IV, los define por ello como “flores de los mártires”. Los Santos Inocentes son la pequeña vanguardia del ejército de mártires que han dado testimonio y siguen dando testimonio con su sangre de su pertenencia a Cristo.
«Dejad que los niños se acerquen a mí»
Por desgracia, como se mencionaba al principio, el grito de los inocentes sigue desgarrando nuestro tiempo: de hecho, el papa Francisco exhorta aún hoy a «escuchar el lamento y el llanto de tantas madres, de tantas familias, por la muerte de sus hijos, de sus hijos inocentes. Un gemido que también hoy podemos seguir escuchando, que nos toca el alma y que no podemos ni queremos ignorar ni acallar».
Los Santos Inocentes nos recuerdan entonces la inconmensurable dignidad de los niños para Cristo y su Iglesia: «dejad que los niños se acerquen a mí», dice Jesús, porque a quienes son como ellos pertenece el reino de los cielos, es decir, a quienes saben redescubrir el valor de la pureza, la inocencia y el asombro.
Sufrir con ellos
En la entrevista concedida a Fabio Fazio a la que se hizo referencia al principio, el papa Francisco dijo: «Una pregunta a la que nunca he logrado responder y que a veces me escandaliza un poco es: “¿Por qué sufren los niños? ¿Por qué sufren los niños?”. No encuentro explicaciones para esto. Tengo fe, intento amar a Dios, que es mi padre, pero me pregunto: “¿Pero por qué sufren los niños?”. Y no hay respuesta. Él es fuerte, sí, omnipotente en el amor. En cambio, el odio y la destrucción están en manos de otro que sembró el Mal en el mundo por envidia. Pero el Señor respeta hasta el final, acompaña siempre, respeta. Y luego permitió que su hijo muriera así y lo dejó ir. Es un ejemplo de cómo es Dios: no es cruel, es un misterio que quizá no comprendemos bien, pero en la relación de Dios padre con su Hijo podemos ver claramente qué hay en el corazón de Dios cuando suceden estas cosas. Y cuando te asalta esta tentación, “¿por qué sufren los niños?”, encuentro un solo camino: sufrir con ellos. Y para mí, en esto, Dostoyevski fue un gran maestro».
En la novela Los hermanos Karamázov, el autor plantea esta trágica pregunta sobre el sufrimiento inocente en el diálogo entre Iván y Aliosha, y encuentra la única respuesta posible -que no resuelve el misterio- solo en la cruz de Cristo: Aliosha responde, en efecto, a la pregunta de Iván sobre el sufrimiento inocente de los niños diciendo: «Acabas de decir: ¿hay en todo el mundo un ser que pueda y tenga derecho a perdonarlo todo? Pero ese ser existe, y puede perdonarlo todo, todo, cualquier pecado que se haya cometido, porque él mismo ha dado su sangre inocente por todos y por todo».
Y es nuevamente el papa Francisco quien, al responder a una niña durante una de sus visitas al hospital pediátrico Bambino Gesù de Roma, dice: «Valentina, tu pregunta sobre los niños que sufren es grande y difícil; no tengo una respuesta, creo que es bueno que esta pregunta permanezca abierta. Ni siquiera Jesús dio una respuesta con palabras. Ante algunos casos que ocurrieron entonces, de inocentes que habían sufrido en circunstancias trágicas, Jesús no pronunció un sermón ni un discurso teórico. Ciertamente se puede hacer, pero Él no lo hizo. Al vivir en medio de nosotros, no nos explicó por qué se sufre. Jesús, en cambio, nos mostró el camino para dar sentido también a esta experiencia humana: no explicó por qué se sufre, sino que, soportando el sufrimiento con amor, nos mostró por quién se sufre. No por qué, sino por quién».
Que la memoria de los Santos Inocentes nos haga reflexionar, entonces, sobre la centralidad de los niños, sobre su frescura e inocencia, que siempre deben ser defendidas.
Nunca debemos dejar de aprender de los niños, verdaderos maestros de vida: «Los niños tienen una capacidad innata para sorprenderse. Debemos aprender de ellos a ver el mundo con ojos nuevos cada día» (Gianni Rodari).
Está disponible una oración para descargar y pedir la protección y la intercesión de los Santos Inocentes mártires.
Oh Santos Inocentes, pequeños mártires cercanos al Corazón del Padre y al de María Santísima, sequen las lágrimas de los niños, acaricien con ternura a los enfermos y a los ancianos, ayuden a los hombres y a las mujeres a amar la vida desde el momento de la concepción hasta el último aliento. Por aquellas madres y aquellos padres que la rechazaron con el aborto, obtengan la gracia del perdón de Dios y de la paz en el corazón. Por quienes pisotean y humillan a los pobres y a los inocentes, intercedan por un arrepentimiento sincero y una verdadera conversión.
Den sabiduría a los gobernantes para que promuevan leyes a favor de la vida. Ayúdennos a proteger la vida desde el vientre materno; a cuidar a los niños para que no pierdan su inocencia; a ayudar a las familias para que acojan a los hijos como un don de Dios. Oren con nosotros y por nosotros para que la humanidad recupere el amor y el respeto hacia los niños y los inocentes. ¡Enséñennos a amar, acoger, proteger y servir siempre ese tesoro precioso que es la vida!
Santos Inocentes, ¡oren por nosotros!
