«Permiso, gracias y perdón» son tres palabras muy sencillas que «abren el camino para vivir bien en la familia, para vivir en paz. Son palabras sencillas, ¡pero no tan sencillas de poner en práctica! Encierran una gran fuerza: la fuerza de custodiar el hogar, incluso a través de mil dificultades y pruebas; en cambio, su ausencia, poco a poco, abre grietas que pueden incluso hacer que se derrumbe» (Papa Francisco, Audiencia general, 13 de mayo de 2015).
Estas tres palabras nos guían para dar pasos muy concretos en el camino de la santidad y en el crecimiento del amor familiar y relacional en general. Por otra parte, son palabras típicas del estilo de Jesucristo, que pide permiso para entrar (Ap 3,20), que da continuamente gracias al Padre (Mt 11,25-30) y que nos enseña a orar diciendo: «Perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mt 6,10).
Vivir juntos es un arte
«Permiso, perdón, gracias» son tres palabras que usamos a menudo sin pensar, pero nos llevan a adoptar comportamientos importantes para la “salud” de las relaciones familiares y para la “duración en el tiempo” de nuestras relaciones afectivas. Vivir juntos todos los días es hermoso, da alegría y apoyo. Pero también es un desafío al que hay que enfrentarse. Hay que aprender a amarse. Existe un “estilo” de vida en pareja, una espiritualidad de lo cotidiano que hay que aprender día tras día. Vivir juntos es un arte, un camino paciente, hermoso y fascinante que no termina cuando los dos se unen en Matrimonio. Al contrario, es un camino de cada día, que tiene tres reglas principales resumibles en estas palabras: «permiso - es decir, “¿puedo?”, gracias y perdón».

«¿Permiso? ¿Puedo?»
La primera palabra, «Permiso», es decir, «¿puedo?», evoca delicadeza y una actitud de respeto por la autonomía del otro. Es la petición de poder entrar en la vida del otro con respeto y atención. Pedir permiso significa saber entrar cortésmente en la vida de los demás y pedirles su opinión sobre cómo gestionar situaciones y relaciones que les conciernen. Hay que aprender a preguntar: ¿puedo hacer esto? ¿Te parece bien que lo hagamos así? ¿Que tomemos esta iniciativa, que eduquemos así a los hijos? ¿Quieres que salgamos esta noche? «A veces, en cambio, se usan maneras un poco bruscas, ¡como ciertas botas de montaña! El amor verdadero no se impone con dureza y agresividad» (Papa Francisco). En los Fioretti de san Francisco se encuentra esta bella expresión: «Debes saber que la cortesía es una de las cualidades de Dios... y la cortesía es hermana de la caridad, que apaga el odio y conserva el amor».
«Gracias»
La segunda palabra es «gracias», que se pronuncia a menudo, pero siempre demasiado poco. En la familia, esta palabra remite a la gratitud, al reconocimiento y a un espíritu noble. Parece fácil pronunciarla, pero no es así. Se la enseñamos a los niños, pero luego somos nosotros quienes la olvidamos. La gratitud es un sentimiento importante. Dice el papa Francisco: «Un cristiano que no sabe dar las gracias es alguien que ha olvidado el lenguaje de Dios». Entonces, la pregunta es: ¿sabemos dar las gracias? «En la vida matrimonial, es importante mantener viva la conciencia de que la otra persona es un don de Dios, ¡y a los dones de Dios se les dice gracias!» (Papa Francisco).

«Perdón»
Por último, la tercera palabra es «perdón». En la vida cometemos muchos errores, muchas equivocaciones. Todos los cometemos. También en la familia puede suceder que algunas palabras, gestos u omisiones, en lugar de expresar amor, lo dañen o incluso lo maten. Por eso es necesario usar esta sencilla palabra: «perdón». Una palabra que evoca humildad, lo contrario de la arrogancia y la presunción, un antídoto contra cualquier forma de vanidad y de ejercicio del propio ego. Y ser capaces de pedir perdón también es el umbral del perdón. Cuando falta la palabra perdón, hay menos oxígeno en una familia, las relaciones se estancan y pueden llevar a una insatisfacción latente.

Las tres palabras «permiso, gracias, perdón» no son un seguro de vida familiar, ni nos protegen del sufrimiento y del dolor. No nos garantizan la inmunidad frente a las dificultades. Más bien son una luz que ilumina la vida familiar y, si se viven unidos a Jesucristo, pueden convertirse en momentos para cultivar las relaciones entre nosotros, crecer en la fe en Dios y en la certeza de que cada acontecimiento de nuestra vida encierra valiosos tesoros de gracia.
Ideas para la reflexión en pareja o en familia
• Pongamos algunos ejemplos en los que podríamos aprender a decir en nuestras familias: «permiso, gracias, perdón».
• Hoy, ¿cuándo he pedido «permiso», he dicho «gracias» o «perdón»?

