¿Qué hace una gitana dentro del belén? Ciertamente es una presencia incómoda: no tanto por su origen étnico, sino por esta aparente distancia que existe entre el cristianismo y lo que podría ser, en cambio, una religiosidad casi supersticiosa o, en cualquier caso, de adivinación.
En realidad, todos los personajes presentes en el belén los llevamos dentro; hay un poco de cada uno de nosotros en cada uno de estos personajes, y también hay algo de nosotros en la gitana.
El pueblo, poco a poco, ha bordado una historia muy interesante en torno a este personaje. Se cuenta que se llama Estefanía, que es una joven que vive de recursos y lee la mano. Cuando se entera del nacimiento de Jesús, ella también quiere ir allí. En esta historia inventada hay algo muy verdadero: el misterio de Cristo es un misterio fascinante; nadie consigue permanecer indiferente ante su nacimiento.
Sin embargo, ella tiene un problema: no puede entrar en aquella cueva porque, por norma general, solo pueden entrar mujeres casadas y madres. Toma una piedra, le pone una mantita encima, la lleva contra el pecho y, con este engaño, consigue entrar en la cueva y contemplar a Jesús. Pero entonces ocurre un milagro: en realidad ya no lleva simplemente en brazos una piedra envuelta entre las mantas, sino que esa piedra se ha convertido en un niño, al que dará el nombre de Esteban y que será, como enseña la tradición, el primer mártir.
La presencia de esta mujer, por tanto, representa precisamente el deseo de gestionar la vida, de preverla, de controlarla: es una enfermedad que todos llevamos dentro.
En realidad, ella también está en camino, ella también debe encontrarse con Jesús y debe comprender que, en el fondo, no importa si estamos heridos por este síndrome del control: lo hacemos porque tenemos miedo, no porque seamos malos; lo hacemos porque hemos sufrido, porque somos débiles.
Quizá, ante todo esto, deberíamos pensar que para nosotros la Navidad sucede cuando podemos permitirnos perder el control, quedar a merced de los acontecimientos, incluso cuando esos acontecimientos están llenos de imprevistos y cuando no sabemos realmente qué deparan a nuestra vida. Y podemos permitirnos hacer todo esto porque, aunque no sabemos qué sucederá mañana, ya conocemos el nombre de nuestro destino: el nombre de nuestro destino es Jesucristo.
Puedes leer la meditación completa, junto con las de los otros personajes del belén, y prepararte con ellos para la Santa Navidad en el libro: Novena de Navidad.


