Hace poco nos despedimos de 2022 y estrenamos el año 2023.
A muchos les habrá ocurrido leer los habituales artículos sobre los primeros bebés nacidos en 2023, o quizá algunas parejas de recién casados estén viviendo la alegría de esperar un nuevo nacimiento en este año nuevo.
Un niño que llega siempre es un regalo, es la confirmación, como dice el célebre aforismo, «de que Dios aún no se ha cansado de los hombres». Y la espera es un momento de expectación, de profunda alegría entrelazada con el temor ante una gran novedad que traerá consigo cambios inevitables.
Muchas son las preguntas, y una de ellas está relacionada precisamente con el nombre que se le pondrá al niño o a la niña que está a punto de llegar.
A menudo, al elegir, uno se deja guiar por nombres a los que tiene cariño porque están vinculados a personas queridas cuya memoria se desea perpetuar de este modo o a quienes se quiere demostrar un profundo afecto; a veces, la preferencia por un nombre se debe simplemente al gusto, al hecho de que, evidentemente, ese nombre debe gustar a quien decide ponérselo a su hijo o hija.

Además, una antigua tradición relaciona el nombre con el día del nacimiento, tendiendo así un hilo entre el cielo y la tierra, porque -sobre todo en la época de nuestros abuelos- era habitual poner al niño el nombre del santo o la santa recordados ese día.
Hoy esta tradición está prácticamente en desuso, pero un estudio científico reciente ha demostrado que, en lo que respecta a los nombres, el hilo tendido entre la tierra y el cielo permanece: en la clasificación de los nombres más agradables al oído, de hecho, los primeros puestos los ocupan los de santos y santas o de figuras bíblicas.
Veamos algunos ejemplos que también puedan servir de inspiración a quienes están indecisos a la hora de elegir un nombre, comenzando por los nombres femeninos: Lucía, el nombre de la joven santa de Siracusa cuya festividad se celebra el 13 de diciembre y que significa «luz»; Noemí, figura bíblica cuyo nombre significa «buena, agradable, amorosa»; Sofía, nombre de origen griego que significa «sabiduría» y que perteneció a una santa mártir del siglo IV, Sofía de Roma. Zoé, también de origen griego, significa «vida» en sentido sobrenatural, y precisamente «zoé» es la vida que Jesús dice en el Evangelio que quiere donar a quienes lo siguen y creen en él.
Para los niños, el estudio revela que en los primeros puestos están los nombres de los apóstoles, como Mateo, que significa «don de Dios»; después José, padre terrenal de Jesús, que significa «el Señor añadirá». Y también Samuel, profeta de Israel, que significa «Dios ha escuchado» o «nombre de Dios».
La lista podría continuar…
Cada nombre lleva consigo un significado, una historia propia y, al mismo tiempo, un deseo para quien recibe ese nombre… Hay mucho donde elegir, con la certeza de que cada niño que nace es bendecido por el cielo, sea cual sea su nombre.



