¿Sigue teniendo sentido la Cuaresma? ¿Es actual? ¿Le interesa a alguien? ¿Es importante y útil? Muchos se hacen hoy estas preguntas porque tienen dificultades para comprender la Cuaresma, ya que parece algo antiguo y superado.
La Cuaresma tiene sentido si marca un nuevo comienzo que nos prepara y nos acompaña hacia el encuentro con Jesús Resucitado, para experimentar su esplendor divino y, así, fortalecidos en la fe, continuar juntos con él el camino.
La Cuaresma es, por sí misma, un camino de esperanza, personal y comunitario, pero también es un tiempo de renovación espiritual y de conversión, de regreso a Dios «con todo el corazón» (Jl 2,12).
Ayuno y abstinencia de carne el Miércoles de Ceniza
Si el martes de carnaval representa la última ocasión para disfrutar de comidas deliciosas, sobre todo dulces, abundantes y grasientas, el Miércoles de Ceniza comienza con el ayuno y la abstinencia de carne. Por lo demás, esto queda subrayado por el propio nombre del carnaval, que deriva del latín “carnem levare” y significa “quitar la carne”.
En particular, los fieles, desde los 18 hasta los 60 años, deben observar el ayuno eclesiástico y la abstinencia de carne dos veces al año: el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. El Sábado Santo se recomiendan estas dos obligaciones.
El ayuno no significa que no se pueda comer nada. Se permite una sola comida durante el día (sin carne), limitándose a tomar un poco de alimento en las otras dos comidas.
El agua y los medicamentos pueden tomarse libremente. Se contemplan excepciones para situaciones personales y de salud particulares.
También la abstinencia de carne, como se comprende fácilmente, consiste en no comer carne los viernes. Esta regla se aplica a todos los viernes, excepto aquellos en los que cae una fiesta de precepto, es decir, una de las solemnidades indicadas en el calendario litúrgico.

¿Cómo podemos ayunar hoy?
El ayuno tiene como objetivo ayudarnos a romper las cadenas del pecado y favorecer la comunión con el Señor, mediante la escucha de la Palabra, una oración más intensa y la caridad. Por tanto, puede haber muchísimas maneras de practicarlo, además de las que nos ofrece la tradición. Así, por dar una sugerencia, podemos ayunar de algunos medios de comunicación social, empezando por el uso excesivo del teléfono móvil y de las redes sociales. Podemos ayunar del tabaco, de la televisión y de las bebidas alcohólicas. En definitiva, podemos ayunar de todo aquello que para nosotros implique un sacrificio y que, por tanto, manifieste nuestro sincero deseo de conversión.
Esto nos permite abrirnos a Dios y a los demás, dedicando también más espacio a la oración, y llegar verdaderamente renovados para acoger al Resucitado.


