Quinta reflexión de la segunda semana de Cuaresma
En la segunda semana de Cuaresma nos dejamos interpelar por las meditaciones del padre Lorenzo Baldella. Sugerencias que… no pueden dejarnos indiferentes:
«“Entonces se lo entregó para que fuera crucificado” (Jn 19,16).
La cruz es signo de Dios que se rebaja para abrazar a todas las criaturas. Dios se abre a la humanidad y la salva. El hombre, por su parte, para no levantar muros contra el otro hombre, necesita recorrer el mismo camino que recorrió Dios: rebajarse, servir, prestar atención al otro. Del mismo modo deben comportarse las religiones y las culturas. Esta humilde condescendencia es la cruz y, a través de ella, pasa la unidad de las religiones, la unidad de la humanidad. No existe otro camino hacia la unidad sino el camino de la cruz que recorrió Cristo.
Y así como la cruz de Cristo es gloriosa y fecunda, también lo es la cruz del cristiano. Ella derriba las opresiones y las maldades, crea al hombre nuevo, una sociedad nueva, un mundo nuevo. En una época en la que la humanidad se ha convertido en la «aldea global» y en la que es cada vez más fácil que personas de distintas religiones, razas y culturas lleguen a vivir juntas, la cruz de Cristo logrará enseñar a todos la unidad. El hombre reencuentra la fraternidad bajo la cruz. Si la unidad deja de ser crucificada, ya no es unidad».
Me pregunto: ¿sé rebajarme y servir; sé rebajarme y abrazar a mis hermanos?
¡Te espero mañana por la mañana para seguir reflexionando juntos!

