Cuarta reflexión de la cuarta semana de Cuaresma
«La Sábana Santa es también imagen del amor de Dios, además de serlo del pecado del hombre. Invita a redescubrir la causa última de la muerte redentora de Jesús. En el sufrimiento inconmensurable que documenta, el amor de Aquel que “tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único” (Jn 3,16) se hace casi palpable y manifiesta sus sorprendentes dimensiones. Ante ella, los creyentes no pueden dejar de exclamar con toda verdad: “¡Señor, no podías amarme más!”, y comprender de inmediato que el responsable de ese sufrimiento es el pecado: los pecados de todo ser humano. Al hablarnos de amor y de pecado, la Sábana Santa nos invita a imprimir en nuestro espíritu el rostro del amor de Dios, para excluir de él la tremenda realidad del pecado. La contemplación de ese Cuerpo martirizado ayuda al hombre contemporáneo a liberarse de la superficialidad y del egoísmo con que tantas veces trata el amor y el pecado. Haciéndose eco de la palabra de Dios y de los siglos de conciencia cristiana, la Sábana Santa susurra: cree en el amor de Dios, el tesoro más grande regalado a la humanidad, y huye del pecado, la mayor desgracia de la historia» (Juan Pablo II).

¿Qué siento al pensar en cuánto sufrió Jesús en su Pasión para salvarme?
¡Te espero mañana por la mañana para seguir reflexionando juntos!

