Quinta reflexión de la cuarta semana de Cuaresma
Al contemplar este lino precioso, nos sentimos impulsados a detenernos en silencio para comprender mejor el abismo misterioso del amor de Dios por nosotros. Aquí podemos reconocer las huellas de los grandes sufrimientos que Jesús afrontó en su pasión y en la muerte en la cruz, de los que los Evangelios sobre todo, pero también otras páginas de la Escritura, nos ofrecen información detallada. Ahora estamos aquí contemplando a un hombre crucificado cuya imagen está impresa en la Sábana Santa, y nos sentimos profundamente conmovidos al constatar una impresionante y perfecta correspondencia entre esta imagen y lo que los Evangelios nos narran sobre la pasión y muerte de Jesús.

Solo así, sabiendo ya con fe cierta lo que Jesús sufrió por nosotros, se puede abrir el corazón, no solo para vivir un sentimiento de asombro ante la impresionante semejanza entre lo que aquí se ve y lo que nos cuenta el Evangelio, sino también para sentirnos inundados por el amor infinito de Jesucristo. De este modo, la Sábana Santa, signo silencioso y fascinante del sufrimiento del Señor, se convierte en una ayuda para la fe, en la que arraiga y se alimenta un diálogo íntimo de oración como respuesta de amor a Aquel que por nosotros no dudó en entregarse a la muerte.
Ante los sufrimientos de Jesús, ¿consigo abrir mi corazón?
¡Te espero mañana por la mañana para seguir reflexionando juntos!

