quaresima un tempo da gustare 27

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Cuaresma: un tiempo para saborear

Descendimiento de Jesús

Quinta reflexión de la quinta semana de Cuaresma

En la quinta semana de Cuaresma nos dejamos interpelar por las palabras de la beata Anna Katharina Emmerick, inspiradas en las visiones de la dolorosa pasión de nuestro Señor Jesucristo; visiones en las que se basa la película The Passion y que… no pueden dejarnos indiferentes. 

Jesús es bajado de la cruz

Vi a la santa Virgen y a María Magdalena sentadas al pie de la cruz, absortas en dolorosa contemplación; las demás mujeres se ocupaban de preparar los lienzos, los aromas, el agua, las esponjas y los recipientes.
Todos estaban afligidos; en silencio cumplían su piadosa tarea. De vez en cuando oía los gemidos ahogados de alguna mujer piadosa. María Magdalena se había abandonado por completo a su inmenso dolor; nadie podía distraerla.
Después de colocar las escaleras detrás de la cruz, Nicodemo y José subieron llevando el gran sudario al que estaban sujetas tres grandes correas. Con él ataron por encima de los brazos y las rodillas el santo cuerpo de Jesús al madero de la cruz; luego fijaron los brazos al travesaño y comenzaron a sacar los clavos de las manos, golpeándolos por detrás con unos punzones apoyados en las puntas. José quitó el clavo izquierdo, dejando que el brazo de Jesús cayera con la correa que lo rodeaba; al mismo tiempo, Nicodemo sujetó a la cruz la santa cabeza del Señor, que se había inclinado completamente sobre el hombro derecho, y quitó el clavo derecho, dejando caer el brazo de Jesús sobre el cuerpo. Los clavos de las manos cayeron enseguida de las heridas agrandadas por el peso del cuerpo; este ya no pesaba sobre los clavos, sino que estaba sostenido en la cruz únicamente por medio del lienzo que habían apretado alrededor de la cruz. Abenadar [el centurión], en cambio, arrancó con dificultad el largo clavo que atravesaba los pies.
Entonces, también la parte inferior del cuerpo, que a la muerte del Salvador se había desplomado sobre las rodillas, descansó en su posición natural.
Casio [un legionario] recogió los clavos con gran respeto y los depositó a los pies de la Virgen.

Una vez que hubieron extraído todos los clavos, José y Nicodemo colocaron las escaleras en la parte delantera de la cruz, cerca del santo cuerpo del Señor. Con mucho cuidado, lo liberaron suavemente de las cuerdas y de las tres correas y lo bajaron con gran amor.
El centurión, subido a un taburete, lo recogió entre sus brazos, por encima de las rodillas, mientras José y Nicodemo, sosteniéndolo en alto, lo bajaban despacio.
En cada peldaño de las escaleras se detenían, tomando todas las precauciones, como si llevaran fraternalmente el cuerpo de un amigo gravemente herido. Así descendió hasta el suelo el cuerpo martirizado de Jesús. Fue una escena que me conmovió el corazón. 
Los demás amigos del Señor, con estremecimientos de angustia, seguían devotamente los movimientos de su descenso de la cruz. Algunos incluso levantaban los brazos y gemían.

El dolor de las piadosas mujeres, de Juan, de los buenos miembros del sanedrín y de los soldados convertidos se manifestaba en la máxima compostura, que revelaba una sincera humildad ante la suprema voluntad del Padre celestial.
Los golpes de martillo les habían recordado los sufrimientos de Jesús.
Después del descendimiento, el sacratísimo cuerpo de Cristo fue cubierto con un paño de lino desde las rodillas hasta las caderas y depositado entre los brazos de la Madre dolorosa. Ella se inclinó hacia él, llena de gracia y de amor doloroso.

¿El dolor de la pérdida es fuente de desesperación o una oportunidad para crecer en la fe y dejar a Dios espacio para habitar en mi corazón?

¡Te espero mañana por la mañana para seguir reflexionando juntos!


Cuaresma: un tiempo para saborear

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