Segunda reflexión de la segunda semana de Cuaresma
En la segunda semana de Cuaresma nos dejamos interpelar por las meditaciones del padre Lorenzo Baldella. Sugerencias que… no pueden dejarnos indiferentes:
«“¡Abbá! ¡Padre! Todo es posible para ti: ¡aparta de mí este cáliz! Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú” (Mc 14,36).
La prueba existe. Existe el dolor. El dolor es un misterio. ¿Por qué Dios lo permite? ¿Por qué lo permitió para su Hijo? Las disquisiciones más profundas no bastan para resolver el enigma del dolor. Solo pueden ofrecernos alguna explicación pálida para ayudarnos a acostumbrarnos a él; pero no más. ¡El dolor es un misterio! El ser humano que se encuentra en el dolor no puede hacer otra cosa que pedirle a Dios salir de él, como hizo Jesús, confiando totalmente en el Padre. Rezar a Dios para que aleje de nosotros el dolor puede encontrar justamente su lugar en nuestra vida.
El ser humano ha sido creado para la felicidad. Pero, mientras el dolor lo atormenta, debe repetir como Jesús: «Hágase tu voluntad». Poco a poco quizá comprenderá que, en el misterioso designio de Dios, el dolor no puede ser inútil. Jesús no sufrió en vano. Su sufrimiento lavó a la humanidad de sus pecados. Nuestro dolor, si está unido al suyo, tendrá un sentido y un valor infinitos. Será fecundo. Misterio de una realidad negativa, orientada hacia lo positivo por obra de la Pasión de Jesús. En el momento de la prueba, la llama de la fe debe permanecer encendida y en alto, por encima de nuestras luchas. Y a la fe se une la esperanza de que surja un día nuevo y mejor».
En el dolor, ¿sé abandonarme en los brazos del Padre, sin pretender comprender, sino confiando en Él?
¡Te espero mañana por la mañana para seguir reflexionando juntos!

