El Rosario alcanzó su máxima difusión en el siglo XV gracias al dominico Alano de la Roche. Él llama a esta oración el “Salterio de la Virgen” y lo compone de 150 Avemarías (tantas como salmos hay en la Biblia), divididas en decenas e intercaladas con el Padrenuestro. También define los temas de las reflexiones evangélicas que hoy corresponden a los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos. Tuvimos que esperar la intervención de san Juan Pablo II para contar con los misterios luminosos. Esta manera de rezar ya se practicaba desde hacía tiempo, pero él tuvo el mérito de definirla con precisión para difundir precisamente la devoción a la Virgen María.

Las promesas al beato Alano
El beato Alano escribe, en sus memorias, que recibió directamente de la Virgen 15 promesas relacionadas con la oración del Rosario:
1. Quien me sirva constantemente, rezando mi Rosario, recibirá gracias especiales.
2. A todos aquellos que recen devotamente mi Rosario les prometo mi especialísima protección y grandes gracias.
3. El Rosario será un arma poderosísima contra el Infierno, destruirá los vicios, disipará el pecado y derribará las herejías.
4. Hará florecer de nuevo las virtudes y las obras santas, obtendrá abundantes misericordias de Dios para los fieles y apartará los corazones de los hombres del amor del mundo y de sus vanidades para llevarlos al amor de Dios, y los elevará al deseo de las cosas eternas. ¡Cuántas almas se salvarán por este medio!
5. El alma que se encomiende a mí con mi Rosario no perecerá.
6. Quien rece devotamente el santo Rosario, considerando sus misterios, no será abandonado por el Señor: no morirá de muerte repentina cuando se encuentre en desgracia de Dios; sino que se convertirá si es pecador, se conservará en gracia si es justo y será hecho digno de la vida eterna.
7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los sacramentos.
8. Quiero que quienes recen mi Rosario tengan en vida la luz y la plenitud de las gracias, y que en la hora de la muerte sean admitidos a participar de los méritos de los bienaventurados en el Paraíso.
9. Cada día libero del Purgatorio a las almas devotas del Rosario.
10. Los verdaderos hijos de mi Rosario gozarán de una gran gloria en el cielo.
11. Obtendrás todo lo que pidas por medio de él.
12. Yo socorreré a quienes propaguen el Rosario en todas sus necesidades.
13. He obtenido de mi Hijo que todos los defensores del Rosario puedan tener como intercesora a toda la corte celestial, en vida y en muerte.
14. Quienes rezan mi Rosario son mis hijos y hermanos de Jesucristo.
15. La devoción a mi Rosario es una gran señal de predestinación.
Estas promesas, aunque expresadas con un lenguaje un poco alejado de nosotros, nos dicen cuánto aprecia la Virgen María el Rosario y cuánto bien puede hacer a nuestra vida y a la de todos aquellos por quienes rezamos.
¡Un motivo más para amarlo, rezarlo, difundirlo y dejarse transformar por él!

