El encuentro del papa Francisco con jóvenes de distintas religiones, al concluir su visita a Asia, llenó el corazón de luz, esperanza y gran alegría. Su capacidad para hablar al corazón, para llegar a tocar las cuerdas del alma, convirtió el evento en una ocasión importante para volver a lo esencial: caminar juntos hacia Dios sin detenernos en aquello que… podría dividirnos.
La edad adecuada para “arriesgarse”
El viernes 13 de septiembre, antes de subir al avión con destino a Singapur, Francisco se reunió con jóvenes de distintas religiones. Con la imprevisibilidad que lo caracteriza, el Papa dejó de lado el discurso escrito para hablar con espontaneidad. Las palabras, surgidas del corazón, devolvieron a los jóvenes su importancia y singularidad. El punto de partida fue la escuela, llamada a transformar al estudiante en “un pensador con una misión, un líder con corazón”, pero inmediatamente después se dirigió directamente a los jóvenes: “No tengan miedo. Un joven que no se arriesga es un viejo y engorda. Pero no la barriga, sino la cabeza”.

Dialogar para caminar
Ante jóvenes cristianos, judíos, budistas, musulmanes, hinduistas… Francisco exhorta al diálogo, al diálogo constructivo, al que permite caminar, cada uno con su originalidad, hacia Dios. Solo el diálogo abre caminos de comprensión, paz y comunión. Las distintas lenguas, utilizadas por las diferentes religiones, deben servir para construir puentes capaces de hacernos redescubrir que todos somos hermanos, todos hijos de Dios. Pero para hacerlo, “hace falta valor y la juventud es la edad del valor”. El valor de mirar al otro a los ojos, encontrarse realmente con él sin refugiarse en el mundo de las redes sociales hasta convertirse en esclavos de ellas.
La diversidad como lugar de encuentro
Ante los jóvenes, el Papa abordó también una realidad que, por desgracia, con demasiada frecuencia genera dolor y desesperación: el acoso escolar. Francisco lo condena en nombre del respeto que se debe a todos. El Pontífice, con la simpatía que lo caracteriza, arranca una sonrisa al decir: «Pero todos tenemos capacidades y discapacidades. También el Papa», y sobre la base de esta conciencia cae toda forma de acoso escolar: «Y así como nosotros tenemos nuestras discapacidades, debemos respetar las discapacidades de los demás».

Respeto y valor
El respeto de todas las personas, sea cual sea su situación, también ayuda al diálogo interreligioso, que debe basarse siempre en el respeto de los demás. Francisco cree en los jóvenes y por eso les encomienda una importante misión: «Si dialogan de jóvenes, también dialogarán de adultos, como ciudadanos y como políticos. Lo primero que hace un dictador es eliminar el diálogo. Por eso les deseo que se arriesguen y tengan valor. Es mejor arriesgarse y equivocarse que quedarse en casa sin equivocarse».
El papa Francisco abordó cuestiones cruciales -el diálogo, el respeto y el valor- para el crecimiento de los jóvenes de hoy y de los hombres del mañana, cuestiones cruciales para el camino de cada hijo de Dios que elige cada día vivir y hacer de su vida una auténtica obra maestra.


