Santi e Beati
San Camilo de Lelis y el increíble papel de los ángeles en su vida
Tempo di lettura: 4 min
Autore: Editrice Shalom
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Al entrar en un hospital, seguramente habréis visto su imagen: la gran cruz roja sobre el pecho de un hombre imponente. Hablamos de san Camilo de Lelis, patrón de los enfermos, de los enfermeros y de los profesionales sanitarios. Su vida es bien conocida. Pero ¿qué ocurriría si os dijéramos que detrás de aquella cruz y de aquella sonrisa se ocultaba una realidad aún más sorprendente, un vínculo profundo y tangible con los ángeles?
Preparaos, porque san Camilo no solo creía en los ángeles: ¡los invocaba, los escuchaba y, en más de una ocasión, los seguía!
De soldado descontrolado a gigante de la caridad
Primero hagamos un rápido repaso de su historia. Camilo no nació santo. Imaginad a un hombre de más de dos metros de altura, nacido en 1550 en una noble familia de los Abruzos, pero con un pasado turbulento: soldado de fortuna, jugador empedernido, alguien que lo despilfarró todo y terminó vagando sin rumbo, casi como un «vagabundo».
Pero el Cielo no lo abandona. Es una herida en el pie, una úlcera que lo atormenta durante toda su vida, la que lo lleva al hospital de San Giacomo degli Incurabili, en Roma. Allí, entre los «desechos» de la sociedad, Camilo descubre su verdadera vocación: servir a los enfermos «con amor y amabilidad», como haría una madre con sus propios hijos.
En 1582, con unos pocos compañeros, funda la Compañía de los Ministros de los Enfermos, que luego se convertiría en la Orden de los Clérigos Regulares Ministros de los Enfermos (los Camilos) en 1591. ¿Su «revolución»? Un cuarto voto: asistir a los enfermos incluso a riesgo de su propia vida. Un acto de amor puro en una época en la que los enfermos incurables solían quedar en manos de criminales.
Cuando los ángeles llaman a la puerta (¡y no solo eso!)
Y es aquí donde su historia se vuelve realmente fascinante, salpicada de intervenciones sobrenaturales que parecen sacadas de un relato fantástico, pero que para Camilo eran la realidad cotidiana.


