La sangre de san Jenaro se licúa milagrosamente tres veces al año. ¡Esto es lo que hace tan especial este acontecimiento milagroso que aún hoy atrae a muchísimos fieles y que los napolitanos y todos los devotos esperan con alegría y emoción en cada aniversario!
La sangre del santo patrón de Nápoles, custodiada en dos pequeñas ampollas en la catedral de la ciudad, es desde hace siglos el centro de una relación única e indisoluble, arraigada en el corazón de los napolitanos.
La ceremonia tradicional se celebra cada año el sábado anterior al primer domingo de mayo, el 19 de septiembre y el 16 de diciembre, y consiste en que la ampolla con la sangre del santo se expone al público. Si la sangre de su interior se presenta en forma líquida, el milagro puede darse por cumplido y se anuncia ondeando un pañuelo blanco desde el altar. Por el contrario, si a lo largo del día no se licúa, el acontecimiento se repite otras dos veces y, si tampoco en el último intento llegara a licuarse la sangre, el prodigio fallido se consideraría un presagio negativo. La última vez que no ocurrió el milagro fue durante las celebraciones del 16 de diciembre de 2020, en plena pandemia.

Quién era san Jenaro
Jenaro nació en la segunda mitad del siglo III, no en Nápoles, como todos piensan, sino en Benevento, de cuyo lugar fue obispo y donde desempeñó su apostolado, amado por la comunidad cristiana y respetado también por los paganos. Conocía al diácono Sosso (o Sossio), que dirigía la comunidad cristiana de Miseno y que fue encarcelado por Dragonio, procónsul de Campania. Al enterarse Jenaro del arresto de Sosso, decidió ir a consolarlo en prisión junto con dos compañeros, Festo y Desiderio. Al ser informado de su presencia, Dragonio hizo arrestarlos también a ellos tres y los condenó a morir en el anfiteatro, que aún existe, devorados por osos. Sin embargo, el procónsul se dio cuenta de que el pueblo sentía mucha simpatía por los prisioneros y, para evitar posibles disturbios durante los juegos, cambió de decisión y el 19 de septiembre de 305 hizo decapitar a los prisioneros cerca del área de la actual Solfatara de Pozzuoli.
Después de la decapitación, el cuerpo de Jenaro fue sepultado en el Agro Marciano: ¿cómo llegaron entonces a Nápoles las ampollas que contenían su sangre y dónde se encuentra actualmente la tumba de san Jenaro?
La licuefacción de la sangre de san Jenaro
En la antigüedad, los cristianos acostumbraban recoger la sangre de quienes habían sido asesinados en nombre de Cristo y conservarla en ampollas. Y eso es lo que ocurrió también en la historia de san Jenaro: Eusebia, considerada su nodriza, después del martirio recogió parte de la sangre del amado obispo en dos ampollas, custodiándolas con gran veneración. Con motivo del traslado de los huesos y del cráneo del santo desde Pozzuoli a las catacumbas de Nápoles, realizado por Juan I, obispo de esa ciudad, Eusebia entregó las dos ampollas al prelado. Fue entonces cuando, en presencia de la cabeza del santo, la sangre se licuó por primera vez.
De las dos ampollas, la más grande tiene forma elíptica aplanada y está llena de sangre aproximadamente en un 60 %, que se presenta coagulada. La más pequeña, cilíndrica, solo presenta algunas manchas de color rojo parduzco en las paredes. La licuefacción de la sangre ocurre únicamente en la más grande.
También la piedra sobre la que cayó la sangre de Jenaro, conservada en Pozzuoli, se vuelve roja el día en que se recuerda el martirio.

El milagroso viaje de las reliquias
El culto a las reliquias de san Jenaro comenzó mucho antes de su canonización, que tuvo lugar en 1586. De hecho, ya antes de esa fecha habían comenzado las peregrinaciones al sepulcro de las Catacumbas de Capodimonte, adonde sus restos habían sido trasladados desde la tumba del Agro Marciano en el siglo V. Los napolitanos acudían al santo sobre todo con motivo de los terremotos y las erupciones del Vesubio y sus visitas, cada vez más frecuentes, hicieron necesario ampliar las catacumbas. El obispo Esteban I hizo construir una iglesia en 512 -sobre cuyos restos se edificaría la catedral de Nápoles- con motivo de una erupción especialmente violenta del Vesubio, cuando el prelado invocó a san Jenaro para que protegiera a los ciudadanos. En el interior de esta iglesia, el obispo colocó el cráneo y las dos ampollas de sangre de san Jenaro, salvándolas así del saqueo que los lombardos llevaron a cabo en 831. En cambio, los huesos del santo fueron robados y llevados por Sicone I a Benevento. Más de tres siglos después, Guillermo I de Sicilia decidió trasladar los restos de san Jenaro a la abadía de Montevergine, cerca de Avellino. En 1497, gracias al empeño del cardenal Oliviero Carafa, los huesos fueron devueltos a Nápoles y colocados en la catedral, concretamente en la Capilla del Succorpo, también conocida como Capilla Carafa o de San Jenaro, bajo el altar. Mientras tanto, las dos ampollas habían sido colocadas en un suntuoso busto de plata que Carlos II de Anjou mandó realizar en 1305.

Cuándo se licúa la sangre de san Jenaro
Según un antiguo documento, la licuefacción de la sangre ocurrió por primera vez el lejano 17 de agosto de 1389: los fieles presentes testimoniaron por primera vez que la sangre del santo era fluida, como si acabara de brotar del cuerpo de Jenaro. No se descarta, porque no está documentado, que también hubiera ocurrido anteriormente.
Hoy el prodigio se produce (casi siempre) tres veces al año:
– El sábado anterior al primer domingo de mayo, cuando se celebra el recuerdo del traslado de las reliquias de Pozzuoli a Nápoles con una solemne procesión, durante la cual el busto y el relicario que contiene las ampollas son llevados por la ciudad. Al término de la procesión ocurre la licuefacción de la sangre.
– El 19 de septiembre se conmemora el aniversario del martirio del santo. En el altar mayor de la catedral de Nápoles se exponen el busto y las reliquias, y el arzobispo da la vuelta a la urna que contiene las ampollas de sangre coagulada, renovando el milagro. La sangre licuada se deja a la veneración de los fieles durante ocho días y después se vuelve a colocar en su sitio.
– El 16 de diciembre se celebra con una nueva exposición de las ampollas prodigiosas, en recuerdo de la terrible erupción del Vesubio de 1631, cuando, tras la procesión de las insignias del santo, la sangre se licuó y la colada de magma, que había llegado casi hasta la ciudad, se detuvo de repente.

«La sangre de san Jenaro no es un oráculo»
Concluimos con un fragmento de la homilía del arzobispo de Nápoles, monseñor Domenico Battaglia, que nos ayuda a comprender el verdadero significado de la sangre de san Jenaro: «Esta sangre no es un oráculo que consultar y mucho menos un horóscopo cuya función sea predecir desgracias o fortunas para la ciudad. No, la reliquia que veneramos es simplemente una señal de tráfico, un índice que apunta a la necesidad, la urgencia y la exigencia de seguir de manera radical el Evangelio de Cristo, dejándose atraer sin reservas por su belleza liberadora, escuchando con el corazón y la mente abiertos su Palabra de vida y esperanza» (19 de septiembre de 2023). Que para todos nosotros la sangre de los mártires sea un signo vivo para el presente que se nos ha dado, una indicación clara para este tiempo que estamos llamados a habitar, una profecía del modo en que debemos vivir para anunciar la belleza del Evangelio.

