Continúa la colaboración entre el padre Alessio Fucile, experto en arte, y el blog Shalom. El padre Alessio nos guiará para profundizar en los momentos más importantes del año litúrgico a través de hermosas obras de arte que, además de despertar en nosotros admiración por su esplendor, pueden ayudarnos a comprender mejor las Sagradas Escrituras y el mensaje de Jesús.
El padre Alessio presenta hoy el cuadro “San José carpintero”, que se puede admirar en el Museo del Louvre de París, para celebrar la memoria litúrgica de hoy.
Georges de La Tour, maestro indiscutible del caravaggismo francés, nos legó hacia 1642 la obra “San José carpintero”, que hoy se conserva como un preciado tesoro en el Museo del Louvre de París. Famoso por sus escenas nocturnas y los contrastes cromáticos entre luz y sombra, De La Tour pinta un ambiente de absoluta cotidianidad inmerso en la oscuridad, con las sombras que se alargan sobre las superficies: se trata del taller de un carpintero, como atestiguan diversas herramientas esparcidas por el suelo.

En el centro de la escena, el joven Jesús sostiene una vela, símbolo de la luz divina que lleva a los hombres. La técnica de de La Tour resplandece en la habilidad para hacer transparentes los dedos de la mano izquierda de Jesús, mientras que la derecha protege la llama, creando un juego de sombras que acentúa la translucidez. El rostro de Jesús, el punto más luminoso del cuadro, parece irradiar luz desde las mejillas, evocando las palabras de Cristo: «Yo soy la luz del mundo; quien me sigue no caminará en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12).
José aparece trabajando la madera, inclinado hacia delante y concentrado en perforar una viga con una barrena. Esta acción alude a los clavos que fijarán a Cristo en la cruz. Las arrugas y la actitud de José, con las mangas remangadas, expresan su dedicación y preocupación por el futuro de su hijo.
La obra, a primera vista, podría parecer la representación de un hijo que aprende el oficio de su padre. Sin embargo, De La Tour nos muestra a un José que se inclina ante el niño, iluminado por su presencia. La frente arrugada de José simboliza la sabiduría de quien se encomienda a Dios.

La mano izquierda de Jesús, translúcida y bendicente, anuncia el sacrificio de la cruz y la iluminación que de él se derivará, como subraya Juan: «Venía al mundo la luz verdadera, la que ilumina a todo hombre» (Jn 1,9).
Jesús, con la mirada fija en el rostro de José, parece contemplar la belleza interior del hombre que lo crió con amor. Su comunicación silenciosa, hecha de miradas y gestos, es el corazón palpitante del cuadro. Concluyo con una oración para la memoria de hoy: «José, hombre de fe, enséñame a confiar incluso cuando el camino es oscuro.
Ayúdame a encontrar paz en mi historia, llena de significado aunque distinta de como la había imaginado. Abre los corazones de quienes han perdido la confianza y dales sueños que cambien su perspectiva. Quien observa con esperanza, incluso frente a un muro, ya vislumbra la libertad».


