El padre Tullio Locatelli, superior general de la Congregación de los Josefinos, fundada en Turín en 1873 por san Leonardo Murialdo, nos presenta la obediencia de san José en un artículo extraído de su libro San José. Custodio de Jesús. A través de sus palabras podremos redescubrir una vez más que el humilde y silencioso artesano de Nazaret es siempre un compañero de viaje valioso y una guía segura en nuestro tiempo, para quienes quieren vivir plenamente su aventura humana y cristiana.
El joven José se ha quedado sin palabras; su mirada se dirige al vientre de María, su prometida, que le ha revelado un secreto. Un ángel se le ha aparecido, cuenta la joven esposa, y en nombre de Dios le ha pedido que sea la madre del Verbo encarnado, del Mesías; ella ha dicho que sí y ahora está embarazada. José queda desconcertado ante esta noticia; no ha perdido la confianza en María, desde el primer momento cree en sus palabras, porque la conoce demasiado bien para pensar que sea mentirosa y, además, ciertamente no habría sido capaz de inventar un hecho tan extraordinario. Así pues, ella, María, su esposa, ha sido elegida por Dios para ser la madre del Mesías esperado por todos.
Pero ahora le surge una duda. No, la duda no se refiere a María; la duda se refiere precisamente a él, José. Se hace muchas preguntas al volver a casa después de aquel encuentro; una vez en casa, continúa interrogándose mientras, con gesto habitual, guarda las herramientas de trabajo en su lugar; ya prevé que aquella noche será bastante difícil dormir, porque estará dominada por una pregunta. Se pregunta qué debe hacer ahora él, José. Antes todo estaba claro en el sueño compartido con María: llevar a su esposa a casa, formar una familia, continuar con su trabajo para ofrecer lo necesario para el sustento familiar, ser un buen padre para sus hijos. Nada diferente de tantas otras situaciones, pero el amor que sentía por María y el amor con que se sabía correspondido hacía que todo fuera excepcional.
¿Ya no existiría aquel futuro pensado, tantas veces soñado y siempre compartido con María? ¿Cómo podrá ser esposo de la Madre de Dios? ¿Qué podrá hacer él, José, por el Mesías? Decide repudiar a María en secreto, no llevarla a su casa y no celebrar definitivamente el matrimonio; las mujeres junto a la fuente de la pequeña aldea ciertamente murmurarán durante un tiempo, pero luego la vida retomará su curso ordinario y tranquilo, como siempre en Nazaret.
¿Y María? El Señor que la ha elegido, sin duda la protegerá.
Con este pensamiento José se queda dormido.
Y por la mañana se levanta con la decisión en el corazón de llevar a María a su casa como esposa.
Un ángel de Dios le ha hablado mientras dormía y José ha elegido obedecer aquel mandato. Junto con María obedecerá a Dios, que pide a los dos esposos que pongan sus sueños, su amor y su deseo de ser padres al servicio del proyecto de Dios. José está seguro de que, al obedecer a Dios, no renunciará a María y será padre del Mesías, según un proyecto que poco a poco, con el paso de los años, conocerá cada vez más y hará suyo, junto con María, su esposa y madre del Mesías.
Aquel día hay fiesta en Nazaret por los dos recién casados que comienzan su vida juntos. Pero si la gente puede pensar que el amor de aquella pareja nace de sus corazones enamorados, ciertamente nadie puede imaginar que ahora los une el “sí” ofrecido a Dios para que pueda realizar su proyecto de salvación. Los dos esposos son felices: al obedecer a Dios han hecho realidad su sueño.

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