San Luis María Grignion de Montfort es un maestro espiritual atemporal que, con una voz fuerte y un corazón misericordioso, nos enseña a amar a María.
Un carácter vivaz y fuerte
Luis María de Montfort es un misionero que predica al pueblo en la Francia del siglo XVIII.
No es fácil para nadie, ni para un historiador ni para un psicólogo, explicar los aspectos de su personalidad. Él mismo reconoce tener un carácter vivaz y fuerte, hasta el punto de decir que, sin la gracia de Dios, habría sido un hombre terrible. Sin embargo, muere con tan solo 43 años durante una misión en un pequeño pueblo de la Vendée, después de haber predicado conmovedoramente sobre la dulzura de Jesucristo. Y la gente lo recordará como “el buen Padre de Montfort”.

Una voz que no calla el pecado y un corazón lleno de misericordia
Es cierto que Luis María se opone públicamente y con firmeza al pecado: reprende a los autores de escándalos, censura los libros poco edificantes y arremete contra quienes beben demasiado. En estos excesos ve pisoteada la dignidad de la morada de Dios, en la que la Sabiduría quiere habitar. Pero también se muestra comprensivo y acogedor con los pecadores, dando testimonio del amor misericordioso de Dios.
Montfort es un evangelizador, un catequista del pueblo de Dios, que quiere renovar la vida cristiana entre los fieles. Alcanza este objetivo mediante las misiones parroquiales, que predica abandonándose «a la providencia», es decir, viviendo de lo que la gente ofrece en el momento, y con un estilo «apostólico», pasando de pueblo en pueblo y anunciando el Evangelio.

Un pobre para los pobres
Montfort no descuida a nadie, nunca; pero su predilección es sobre todo por quienes no tienen lo necesario para subsistir. Él mismo viste pobremente, se alimenta de lo esencial, viaja a pie, se aloja donde puede, hace penitencia y, sin duda, en esto se distingue de los eclesiásticos de su tiempo. Es un pobre según las bienaventuranzas del Evangelio.
Los fracasos, las contradicciones y las oposiciones son numerosos en su breve existencia. Es perseguido, rechazado y atacado. En todo ve la presencia de la cruz de Jesucristo, signo del amor de Dios hacia él y hacia sus hermanos. Lo afronta todo junto a su Señor porque sabe que está presente en cada adversidad: «La Cruz es la Sabiduría y la Sabiduría es la Cruz».

Un amor especial a la Virgen María
Montfort profesa y propone una especial devoción a la santa Virgen, que sea «interior, tierna, santa, constante y desinteresada».
Una verdadera espiritualidad mariana, vivida de manera exigente, en la conversión del corazón y en el camino hacia la santidad: María es Madre de Dios y Madre nuestra, que nos conduce a Jesucristo, en el Espíritu Santo, para vivir el misterio trinitario de la comunión con Dios.
El Tratado de la verdadera devoción a María, junto con el Secreto de María, que es un resumen del mismo, constituye el corazón de su enseñanza espiritual.
Pero no hay que olvidar que la dimensión mariana de su doctrina está siempre y únicamente orientada a todo el misterio cristiano: María conduce al Padre, por medio de Cristo, en el Espíritu.
El mes de mayo, ya a las puertas, podría ser una buena ocasión para entrar en la escuela de amor de María, a través de la enseñanza de un maestro espiritual atemporal: san Luis María Grignion de Montfort.
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