san nunzio sulprizio il protettore dei giovani

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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San Nunzio Sulprizio: el protector de los jóvenes

San Nunzio Sulprizio

San Nunzio muere con apenas 19 años, después de una vida de sufrimientos y, en este breve arco de existencia, realiza lo que, a primera vista, parece una paradoja: sufrir por amor a Dios y con alegría. Él lo vive en primera persona y ¡a eso invita!

Sufrir con alegría. ¿Pero es posible?
Para él sí, porque encontraba toda su fuerza en Jesús y le ofrecía cada sufrimiento.
Un hilo indisoluble une a Nunzio con los jóvenes y, de hecho, el papa Francisco -que lo canonizó el 14 de octubre de 2018, precisamente durante el Sínodo de los Obispos sobre «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional»- lo presentó como protector de los jóvenes. ¡Y con razón! Porque san Nunzio se ha esforzado y sigue esforzándose mucho por ellos.

Un poco de historia

Nacido en Abruzos, a los 6 años ya es huérfano de madre y padre. Por eso su abuela materna lo envía a Pescosansonesco. Para Nunzio, la abuela es una verdadera maestra de vida y de fe, pero, al morir ella, queda al cuidado de un tío que lo obliga a trabajar en su herrería: cargas pesadas, largas distancias que recorrer a pie con cualquier tiempo, pero Nunzio no se queja; piensa en Jesús y comienza a ofrecerle su esfuerzo. Sin embargo, un día una herida en el pie se infecta gravemente. Otro tío, al enterarse de su situación, lo confía al coronel Felice Wochinger, quien se encariña con él: así pues, se decide que Nunzio se traslade a Nápoles.

No lleva equipaje consigo; lo único que posee es lo que lleva puesto: la corona del rosario en la muñeca y un librito de oraciones a la bienaventurada Virgen María. El coronel es para él un buen papá tierno y atento. El muchacho permanece largo tiempo en el hospital de los Incurables, donde recibe a Jesús Eucaristía por primera vez. Aquí ayuda a los demás enfermos; ayuna, reza y dona su comida a quien está más solo y es más pobre que él, realizando incluso verdaderos milagros, como sucede con un hombre llamado Nicola La Rosa. Este hombre, ingresado en el hospital por un cáncer de garganta, sufría terriblemente. La víspera de la partida del pobre hombre -a quien daban el alta para que pudiera morir en su casa-, Nunzio se acerca a él y le dice: «No tenga miedo. Ahora le haré una cura y verá que enseguida se sentirá mejor». Así, Nunzio quita las vendas a Nicola y reza con él; después lo cura. Al día siguiente, los médicos, al visitarlo, se dan cuenta de que el cáncer de garganta había desaparecido. Al salir del hospital, Nunzio se muda con el coronel y entre ambos se establece una relación hermosísima. La tarde del 5 de mayo de 1836, Nunzio pide al coronel poder recibir los sacramentos y acoge la Eucaristía diciendo: «Venid, Padre mío, Señor mío, Esposo mío, Amor mío». Dos horas después exclama: «¡Ved qué hermosa es la Virgen!» y se duerme dulcemente en Cristo.

San Nunzio recibe de regalo la misión de rezar el Santo Rosario de manos de la Virgen María

Las maravillas de san Nunzio en favor de los jóvenes

El episodio de Nicola nos dice que san Nunzio ya era capaz de realizar curaciones milagrosas en vida, pero son numerosísimos los testimonios de sus milagros una vez que alcanzó el Paraíso, y es significativo ver cómo él, joven para siempre, tiene un cuidado y una atención especiales por los jóvenes. Don Antonio Paone, postulador de la causa de canonización de san Nunzio y autor del libro San Nunzio Sulprizio.

Todo el bien viene de Dios, cuenta, por ejemplo, que «en el año 1842, un joven napolitano de unos 40 años que tenía un negocio en la zona de Largo di Castello, en Nápoles, fue víctima repentinamente de un dolor de cabeza muy intenso que se prolongó durante muchos días, y los médicos diagnosticaron un tumor cerebral, para cuya extirpación habría sido necesaria una intervención quirúrgica muy difícil y arriesgada para las técnicas médicas de la época. Cuando este joven supo que cerca de allí […] estaba enterrado Nunzio Sulprizio, de quien todos decían que había sido un santo en vida, acudió a la tumba del Siervo de Dios con su madre y una hermana oblata teresiana. Los tres pidieron la intercesión de Nunzio por su curación. La visita a la tumba tuvo lugar el día en que debía ser ingresado: al llegar a la tumba, en la iglesia regia de San Sebastián, rezaron con fe y colocaron una estampa del Siervo de Dios sobre la cabeza del hombre; después fueron al hospital. Los médicos repitieron el examen y la enfermedad diagnosticada unos días antes había desaparecido».

El cuerpo de san Nunzio Sulrpizio en la iglesia de San Domenico Soriano, en Nápoles.

Otro milagro ocurrió en 1848: «Un joven de San Pietro a Patierno, que vendía ropa nueva y usada en Nápoles, cerca del Maschio Angioino, sufría a causa de un tumor de garganta ya avanzado. Los médicos ya no daban ninguna esperanza. Un hombre llamado Antonio Carbone, que había conocido a Nunzio cuando estaba en el castillo y estaba a su servicio, llevó al enfermo una estampa y le recomendó que se la aplicara en la garganta. El enfermo ya no podía hablar y respiraba con dificultad; había caído en una especie de coma. Entonces sus familiares le aplicaron la estampa en el cuello con gran fe y comenzaron a pedir la intercesión de Nunzio. Todo parecía empeorar cuando, de repente, el enfermo despertó del coma, recuperó la voz y llamó a sus familiares para decirles que un joven había ido a visitarlo y lo había curado. La descripción del joven coincidía exactamente con Nunzio Sulprizio, y el enfermo nunca había visto la estampa, porque cuando se la aplicaron ya estaba en coma».

Exvoto en el santuario de San Nunzio Sulprizio, en Pescosansonesco.

El último milagro de san Nunzio

El último milagro de san Nunzio también está dedicado a un joven: Pasquale Bucci. Entrevistado en TV2000, cuenta cómo en 2004 fue víctima de un gravísimo accidente de tráfico, tras el cual permaneció en coma durante cuarenta días y pasó nueve meses en el hospital.
San Nunzio estuvo a su lado en este doloroso proceso y fue decisivo para su salvación.

Para conocer los detalles de este milagro y la extraordinaria figura de san Nunzio


San Nunzio Sulprizio: el protector de los jóvenes

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