santa caterina laboure e il dono della medaglia miracolosa

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Autore: Editrice Shalom

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Santa Catalina Labouré y el don de la Medalla Milagrosa

Santa Catalina Labouree

El año solar concluye no solo con la festividad de san Silvestre, sino también con el ejemplo discreto y luminoso de santa Catalina Labouré, la religiosa francesa que jamás habría imaginado que sería el instrumento elegido por Dios para difundir en el mundo una de las devociones marianas más importantes y queridas: la de la Medalla Milagrosa.

 

La vida sencilla de una niña

Si algo se sabe de la Medalla Milagrosa, aunque solo sea por haberla visto al menos una vez, dada su amplia difusión en todo el mundo, quizá se conozca menos a la mujer que el Cielo eligió para entregársela al mundo.

Zoé, ese es su nombre de bautismo, nace en Fain-lès-Moutiers, en Francia, el 2 de mayo de 1806. Pertenece a una familia campesina con una buena situación económica y bendecida con once hijos.

En casa respira una fe sencilla y, al mismo tiempo, profunda. Como era costumbre en aquella época para las niñas, no asiste a la escuela; de hecho, aprenderá a leer y escribir solo más adelante.

Cuando solo tiene 9 años, muere su madre, y el dolor de esa pérdida hace madurar en ella una tierna devoción a la Virgen María.

 

La Medalla Milagrosa

Vida oculta y anonimato

Su vida transcurre con sencillez y su corazón se siente cada vez más atraído por Dios. Descubre que su amor por el Señor es tan profundo que desea entregarle toda su vida en la vida religiosa. Por eso, rechaza muchas propuestas de matrimonio.

Su padre no acepta su elección y espera disuadirla comprometiéndola con otra cosa; de hecho, primero la manda a trabajar con su hermano en una fonda de París y después a Châtillon-sur-Seine, con una cuñada.

Pero, a pesar de estos ingenuos intentos de su padre por mantenerla alejada de su sueño, Catalina sigue adelante con decisión; se traslada a un asilo de las Hijas de la Caridad, hoy conocidas como Vicencianas, y cuando su padre finalmente le da el consentimiento tan esperado, el 21 de abril de 1830 ingresa en el seminario de la Rue du Bac, en París.

Santa Catalina Labouree

El milagro silencioso de una gran misión

Catalina comienza su camino en la vida religiosa con grandes expectativas, profunda alegría e inmensa gratitud. Es una joven sencilla que vive su tiempo y su vocación sin ninguna notoriedad. “Luchó” para poder seguir su corazón, pero siempre lo hizo con respeto y con la tenacidad de quien sabe que no está sola.

En el interior de lo que podía parecer la vocación de cualquier muchacha, el Señor entra con un proyecto de predilección inimaginable.

Ya a los pocos meses de su entrada en el convento comienza a ser bendecida con numerosas visiones de Jesús y María.

La Medalla Milagrosa

Es precisamente durante una de estas maravillosas visiones cuando la santa Virgen le hace una petición concreta: dar a conocer y difundir lo que hoy conocemos como la Medalla Milagrosa; un auténtico tesoro de gracias. Es la misma Madre de Dios quien mostrará a Catalina el diseño de la Medalla con la frase que ya se ha hecho célebre: «Oh María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a ti». Una Medalla que desde aquel lejano 1830 nunca ha dejado de ser instrumento de conversión y sanación.

Al final de este año, dejémonos interpelar por santa Catalina Labouré, quien, con su vida y su corazón abierto, supo acoger un proyecto tan grande como misterioso. Ella, que no buscaba notoriedad ni visibilidad, fue elegida para ser portadora de un gran mensaje. Su ejemplo puede enseñarnos que no cuentan las grandes hazañas, sino la fidelidad en la vida cotidiana. Es allí, en lo que podría parecer una simple rutina, donde el Señor es capaz de hacer germinar milagros de gracia.

Y en tu vida, si miras atrás, ¿qué maravillas se han realizado en la cotidianidad de este año que acaba de pasar?

Santa Catalina Labouré y el don de la Medalla Milagrosa

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