Estamos acostumbrados a terminar el año recordando a san Silvestre; sin embargo, les proponemos otra figura luminosísima - depositaria de la visión de la medalla milagrosa -, celebrada también el 31 de diciembre: santa Catalina Labouré.
Su historia, fascinante y ligada a las apariciones de la Medalla Milagrosa, cuenta con numerosos recursos que pueden ayudar a profundizar en su conocimiento:
• La Medalla Milagrosa y Catalina Labouré
• La Medalla Milagrosa
• Un mes con la Medalla Milagrosa
Además, está disponible la historia de Alfonso Ratisbonne y la Virgen del milagro, pensada para los niños, con un estilo divertido que recuerda a los cómics:
La Virgen del milagro y Alfonso
«Ahora Tú eres mi Mamá»
Nacida el 2 de mayo de 1806 en Fain-les-Moutiers, en Borgoña (Francia), en el seno de una familia de campesinos acomodados y novena de 11 hermanos, recibió una profunda educación cristiana, pero nunca asistió a la escuela; solo más tarde aprendió a escribir. Su madre murió cuando ella tenía 9 años. Unos días después, una sirvienta la vio subirse a una silla para abrazar una estatuilla de la Virgen colocada sobre un pequeño altar, como si le dijera: «Ahora Tú eres mi Mamá». De joven rechazó varias propuestas de matrimonio, decidida a abrazar la vida religiosa a pesar de la oposición de su padre, quien la envió a París, a casa de su hermano, que regentaba una posada, y luego con una cuñada a Châtillon-sur-Seine.
Tras trasladarse a un hospicio dirigido por las Hijas de la Caridad (fundadas por san Vicente de Paúl), después de algunos meses obtuvo el permiso de su padre y el 21 de abril de 1830 ingresó en el seminario de la Rue du Bac, en París. Durante el noviciado tuvo frecuentes visiones del Señor y de la Virgen.
En la noche del 18 al 19 de julio de 1830, Catalina, guiada por un ángel hasta la gran capilla de la Casa Madre, mantuvo una conversación de más de dos horas con la Virgen, quien le anunció nuevos encuentros. Estos, en efecto, tuvieron lugar a breves intervalos: en septiembre, el 27 de noviembre y en diciembre de ese mismo año.
La aparición de la Medalla Milagrosa

La más conocida y singular de las apariciones fue la que tuvo lugar el 27 de noviembre, en la que pueden distinguirse dos fases. En la primera, la Virgen se aparece a Catalina de pie sobre un globo envuelto por los anillos de la serpiente, mientras ofrece a Dios otro pequeño globo dorado, símbolo del mundo y de cada alma, que sostiene a la altura del corazón: de las manos de la Virgen caen sobre el globo inferior dos haces de luz. En la segunda fase, mientras desaparece el pequeño globo de oro, las manos de la Virgen bajan, todavía irradiando haces luminosos, símbolo de las gracias obtenidas de Dios por su intercesión y, como formando una aureola alrededor de la cabeza de la Virgen, aparecen con letras de oro las palabras de la jaculatoria: “Oh María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a Ti”. Después, la imagen parece verse por su reverso: la figura de la Virgen desaparece y en el centro se destaca, resplandeciente, la letra M, sobre la cual aparece la cruz y debajo los sagrados corazones de Jesús y María, mientras doce estrellas resplandecientes forman una corona.
Haz acuñar una medalla

La Virgen le dijo a Catalina que hiciera acuñar una medalla que reprodujera la visión, diciéndole: «¡Las personas que la lleven recibirán grandes gracias!». La religiosa aceptó la misión de hacer acuñar una Medalla, pero no fue hasta el 30 de junio de 1832 cuando se acuñaron los primeros mil quinientos ejemplares. La medalla pronto fue llamada “milagrosa” y, entre los milagros obrados por ella, estuvo la conversión del judío Alfonso Ratisbonne (20 de enero de 1842).
Nadie, excepto los superiores, supo jamás de las gracias celestiales concedidas a Catalina. Ella vivió en la mayor humildad y en el más absoluto silencio, y durante cuarenta y seis años sirvió a los pobres del hospicio de Enghien, en París. Murió el 31 de diciembre de 1876.
Cuando su cuerpo fue exhumado, las manos que habían tocado a la Virgen y los ojos que la habían visto aparecieron extraordinariamente conservados. Fue beatificada por Pío XI el 28 de mayo de 1933 y canonizada por Pío XII el 27 de julio de 1947: sus reliquias descansan en la capilla donde tuvo las apariciones.
La Virgen de la Medalla Milagrosa continúa aún hoy velando por toda la humanidad y sigue cumpliendo así la promesa de amor contenida en su Mensaje: «Yo misma estaré siempre con ustedes… tengan confianza… no se desanimen». Inspirándonos en las palabras de santa Catalina Labouré «Oh María, inspíranos lo que debemos pedirte para nuestra felicidad y la de todo el mundo», confiamos el año 2021, que está a punto de comenzar, a la protección maternal de María, que no deja de prometernos “grandes gracias” si tan solo confiamos en ella.
María Inmaculada, Virgen de la Medalla Milagrosa,
que has prometido tu ayuda y tu protección especial a quienes te rezan con confianza,
mira nuestras necesidades espirituales y materiales y ten piedad de nosotros.
A través de tu Medalla, derrama todavía sobre nosotros los tesoros de tus gracias.
Que en nosotros y en todos triunfen siempre el amor y el perdón, y reine la paz.
Te lo pedimos, dulce Mamá nuestra, por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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