La última cita de preparación para el Domingo de la Palabra nos llama al compromiso y a la alegría de anunciar la Palabra.
Todos debemos y podemos ser anunciadores en la comunidad, en la familia y en la vida cotidiana de lo que hemos visto y oído.
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El folleto litúrgico-pastoral Domingo de la Palabra de Dios presenta entonces los «tres pilares» sobre los que debe basarse nuestro anuncio: «Ver, oír, anunciar. Anunciar lo que se ha experimentado significa compartir, extendiendo a toda la humanidad la felicidad de Dios, ofrecida de nuevo a sus criaturas en la nueva creación de manera aún más abundante que en la primera creación».

Ver a Dios es la nostalgia que el corazón humano ha sentido siempre: en Jesús, ciertamente, Dios reveló su rostro, pero -se pregunta el folleto- «¿es posible verlo en la historia llena de contradicciones y persecuciones que siguió después? Con los ojos del corazón puro, sí. Y no se trata solamente de “ver” que todo ser humano es un “sagrario” de Cristo, sino también de que la fuerza de la nueva creación se realiza en la debilidad de sus testigos».
Con esta mirada de esperanza continua debemos, por tanto, saber dar testimonio del amor de Dios y de su promesa de «vida nueva», porque «si se ha “visto” y “oído” algo de vital importancia, no se puede callar».
Se trata, en definitiva, de vivir, dar testimonio y, por tanto, anunciar el «sueño» que Dios ha cultivado siempre para la humanidad: una humanidad capaz de tejer vínculos de amor recíproco, en una entrega continua a los demás, siguiendo el ejemplo de Jesús, que nos amó primero y dio su vida por nosotros.
Anunciemos, pues, con fuerza lo que hemos oído: ¡convirtámonos en sembradores de esperanza!
Está disponible un PDF con el apéndice del folleto litúrgico-pastoral, titulado Anunciadores de la Palabra.
