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Septiembre, el mes de los Ángeles
Tempo di lettura: 3 min
Autore: Editrice Shalom
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Septiembre es un mes que nos invita a levantar la mirada hacia el cielo. Después del período estival, en el que a menudo ralentizamos el ritmo y nos concedemos momentos de reflexión, la vuelta a la vida cotidiana puede estar acompañada por un profundo deseo de luz, protección y guía. Es en este contexto donde la Iglesia nos propone meditar sobre la presencia de los ángeles, criaturas espirituales que nos acompañan con discreción y amor.
Los ángeles: mensajeros de Dios
Los ángeles son criaturas espirituales creadas por Dios para adorarlo, servirlo y actuar en el mundo como sus mensajeros. La Sagrada Escritura los presenta como protagonistas de momentos decisivos en la historia de la salvación: anuncian, protegen a los justos, combaten el mal, guían a los viajeros y consuelan a los corazones afligidos.
Su presencia es discreta, pero poderosa. No se imponen ni se muestran con estruendo, sino que actúan en el silencio, en el misterio, en la luz. Son signo de la cercanía de Dios, de su cuidado por cada criatura y de su voluntad de acompañarnos en el camino de la vida.
El origen de la devoción a los ángeles
La devoción a los ángeles tiene raíces antiquísimas en la tradición cristiana. Desde los primeros siglos, la Iglesia ha reconocido en los ángeles a criaturas espirituales que actúan como instrumentos de la Providencia divina. Los Padres de la Iglesia, como san Agustín y san Basilio, escribieron ampliamente sobre su papel. Santo Tomás de Aquino los definió como «inteligencias puras» y «ministros de la Providencia», subrayando su misión de guía y protección.
A lo largo de los siglos, la espiritualidad angélica se ha enriquecido con oraciones, prácticas devocionales y representaciones artísticas. Los ángeles se han convertido en compañeros de viaje en la vida cristiana, símbolos de luz, discernimiento y presencia divina.


